¿Inversión verde?
Francisco Valdés Perezgasga
A ojos del ignorante, la propuesta de usar alimentos para quemarlos en la propulsión de carricoches tiene un mérito indiscutible. Los agrocombustibles dícense ecológicos y sustentables. Por ello no sorprende que la prensa local haya publicitado con beneplácito y nula crítica el anuncio de una inversión extranjera en este controvertido ramo por 200 millones de dólares en nuestra región. La falta de ojo crítico, producto de asumir que de verdad este es un proyecto “verde” lleva también, creo, a la redacción poco clara de la nota. Se menciona que esta inversión desarrollará muchas y dispares actividades como el tratamiento del agua, la producción de alimentos para ganado y la generación de electricidad. Sin embargo resulta claro que su producción principal consistirá de cien millones de galones de etanol al año.
En teoría, el etanol es un combustible renovable pues se hace de plantas que, mientras el combustible se quema, renace en forma de las plantas que crecen en los campos de cultivo. Se emite bióxido de carbono al usar el agrocombustible mientras se captura el mismo bióxido de carbono al crecer las plantas. El problema es que actualmente la agricultura no funciona con la energía del sol. En 1940 se producían 2.3 calorías de comida por cada caloría de combustibles fósiles empleados en su producción. Hoy se requieren 10 calorías de combustibles fósiles para producir una caloría de comida. De esta agricultura, también saldrán los agrocombustibles. De modo que sucede que producir una cantidad de energía en forma de etanol requiera de una inversión de casi la misma cantidad de energía proveniente de los combustibles fósiles.
En una región cuya poca agua se está empleando de manera poco inteligente, traer inversiones de agrocombustibles introduce una nueva amenaza. Se estima que producir un galón de gasolina requiere hasta de 5 galones de agua, mientras que un galón de etanol requiere, por lo bajito, de 132 galones de agua. Algunos estudios citan una relación 885 a 1. Buena parte de esta agua es para irrigar el grano del que se destilará el combustible. Para el caso que nos ocupa, cien millones de galones al año significa conservadoramente, más de 13,200 millones de galones de agua, es decir, cerca de 50 millones de metros cúbicos de agua al año.
Las implicaciones éticas de la producción de combustibles a partir de alimentos son ineludibles. Con el grano necesario para producir el etanol para un tanque de 25 galones de una camioneta podría comer un adulto durante todo un año. La producción de agrocombustibles genera una demanda suplementaria de granos. Esta demanda hace que el mercado pierda elasticidad y que los precios de los alimentos básicos ganen volatilidad lo que conlleva al aumento de precios de los básicos y al sufrimiento de los más pobres. No en balde se dice que la producción de agrocombustibles es un impuesto regresivo que castiga a los más pobres.
Deberíamos pensar mejor que futuro anhelamos para nuestra comarca. Tener un debate más vivo y participativo sobre decisiones como la de estas inversiones falsamente verdes. Con mejores ciudadanos y mejores consumidores es como podemos lograr una mejor Comarca Lagunera. Un mejor mundo.


