El dolor de Benito Floro
Carta del corresponsal
José Antonio López
Madrid.- Hace casi una semana estuve en la casa de Benito Floro, en Valencia. Le fui a ver para que me hablara de Antonio De Nigris, al que adoptó como un hijo cuando dirigía al Monterrey.
Cuando nos encontramos me dio un abrazo y me dijo con voz entrecortada que no lo podía creer. Enseguida me preguntó si tenía noticias recientes de la muerte de Antonio. Le conté todo lo que sabía mientras entrábamos en el salón.
Después de acordar la entrevista y estar prácticamente listos, me pidió un momento y volvió a los cinco minutos. “Si no tienes problema, me gustaría que se viera esto en la televisión”, me dijo. Eran dos camisetas de Antonio, las de su debut con el Monterrey y con la selecciona mexicana.
En la parte final de la entrevista Floro casi se echa a llorar, la voz se le cortó y le salieron un par de lágrimas que enseguida se secó. “Me has hecho llorar”.
Durante el resto de la semana Floro fue informado a detalle de todo lo relacionado al traslado del cuerpo de Antonio a México por la esposa de éste (Sonia).
Me dicen que Floro está muy triste, que ha pasado muchas horas de la semana dentro de su despacho que tiene en casa. La muerte de Antonio le tiene muy mal.
Benito es un tipo fuerte, serio, introvertido. Es un hombre extraordinariamente estudioso y no solamente de fútbol. Es muy sensible pese a esa imagen de recio que demuestra. Por eso me dolió mucho verle como le vi.
Me ha dicho que con la muerte de Antonio se le ha ido un hijo. Que alguna vez pensaron –“y no era ninguna locura”- en que se encontrarían en cualquier país dentro de un campo de fútbol. Al fin y al cabo ambos trotamundos. Eso ya no podrá ser.


