Un futuro para México

Opinión

Luis Lozada León

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  • 2009-11-22•Política

Hay cuestiones que se me antojan delicadas y que entrañan mayores retos, como la de mejorar la gobernabilidad y ayudar a este país en la gestión del desarrollo en este nuevo mundo que no reconoce fronteras, porque estoy convencido que sólo mediante el buen gobierno podemos encontrar soluciones a la pobreza, a la inequidad y sobre todo a la inseguridad.

Por eso es importante mencionar a Jorge G. Castañeda y Héctor Aguilar Camín en el significativo ensayo sobre “Un futuro para México”, en el cual nos entregan un diagnóstico serio de lo que está sucediendo en nuestro país.

Este es un ensayo en el cuál uno no puede estar en desacuerdo, al contrario, hay que aportar más y mejores elementos para que de una vez por todas se tome la decisión estratégica e histórica de romper con el peso del pasado e insertarnos en un mundo en donde las sociedades están ganando en cohesión, en bienestar económico y sobre todo en seguridad.

Necesitamos ese cambio arrollador que sirva para avanzar, en donde los hombres y mujeres disfruten de mayor cantidad de opciones para alcanzar en plenitud su potencial y de esta forma se susciten esperanzas y oportunidades para las generaciones presentes y para las futuras.

Como dicen Castañeda y Aguilar Camín, México ha pasado del autoritarismo irresponsable a la democracia improductiva, de la hegemonía de un partido a la fragmentación partidaria, del estatismo deficitario al mercantilismo oligárquico, de las reglas y los poderes no escritos del gobierno al imperio de los poderes fácticos.

Es necesaria una nueva épica nacional, México es un país que le sobra pasado y que le falta futuro, falta de rumbo nacional, falta un horizonte de modernidad que ampare el surgimiento de sólidas y mayoritarias clases medias, urge una épica de prosperidad, democracia y equidad, que no esta trazada con claridad en ninguna parte.

México necesita salir de su pasado, puede hacerlo por la vía democrática convirtiendo las elecciones del 2012 desde hoy en un referendo sobre su futuro. Así pues, Camín y Castañeda nos dicen que deben de tomarse cuatro decisiones estratégicas a saber:

1. Asumir los cambios que requiere la economía para crecer.

2. Decidir el lugar que se quiere ocupar en el mundo.

3. Universalizar los derechos y garantías sociales necesarias para construir una sociedad equitativa, donde más de las dos terceras partes de la misma vivan más o menos igual.

4. Hacer productiva la democracia mediante reformas institucionales que garanticen la seguridad de los ciudadanos y la fluidez de los cambios que requiere el país.

En relación con la pregunta de con quién nos debemos estar, si con América Latina o América del Norte, con singular ironía los autores nos cuestionan a que hemisferio hay que pertenecer como nación “….al universo de Celaya y su sombrero, de Chávez y su boina, de Raúl y su senectud, de Brasil que no nos quiere en el vecindario, o al de América del Norte”, no queda otra que optar Norteamérica más que Latinoamérica. Lo cual tiene todo el sentido del mundo: nuestra economía y mercados ven hacia el Norte, no hacia el Sur tropical, que además ni siquiera nos quiere. Con otra: ¿cuántos mexicanos viven en Argentina o Cuba? En Estados Unidos habita el 11% de la nación mexicana. Debemos integrarnos más con la región uno si queremos dejar de ser región cuatro.

Es claro que Castañeda y Aguilar abogan por la desaparición de todos los monopolios, estatales y privados, los que vienen frenando el desarrollo del país desde hace ya algunos años. Con respecto a los oligopolios, proponen la partición de empresas, poniendo como ejemplo lo ocurrido en Estados Unidos en 1911 con la Standard Oil.

También hay que ponerle sal a la herida, algunos comentan: “En cuanto a las propuestas de Castañeda y Aguilar Camín, disiento de la reelección de diputados y senadores pero coincido en el diagnóstico sobre el hecho de que “México no padece crisis constitucionales o fracturas del régimen político”, visión contrapuesta a la apocalíptica visión de Muñoz Ledo y su diagnóstico de fractura del patrón de acumulación y del patrón de hegemonía política, basado en la teoría de Antonio Gramsci.”

El ensayo en general va rompiendo arquetipos, siendo políticamente irreverente, recelando de los arcaicos prejuicios del nacionalismo revolucionario que nos condenó al atraso y la pobreza, en ochenta años de mal gobierno.

El proyecto de Castañeda y de Aguilar Camín, no es ninguna panacea. Pero sin lugar a dudas hay que empezar su disección. No podemos perder más el tiempo, no debemos volver a perdernos en la aglomeración confusa de sucesos, fechas, cosas, gentes e ideas, de una discusión sin fin, al contrario, hay que aportar un futuro para México.