Entrevista: Juan Carlos Rulfo

“México no es los ejecutivos que se anuncian en Life & Style”

El tema de la migración, visto con dramatismo pero también con humor, es abordado por el director mexicano en su más reciente película.
  • 2009-11-21•Cine

Escena de <i>Los que se quedan</i>.
Escena de Los que se quedan. Cortesía: La Sombra del Guayabo / Corazón Films

En la distancia la imagen del esposo toma forma de teléfono. Tras la ausencia, un padre no consigue adaptarse a su vida en familia. Son historias y consecuencias de la migración. Casos como estos aparecen en Los que se quedan, cinta dirigida por Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman. Traslado, ausencia y añoranza son conceptos por los que discurre el documental ganador del Humanitas Prize 2009, y que ahora se exhibe en las salas mexicanas. A propósito de su nuevo largometraje, habla Rulfo, quien también alcanzara notoriedad con su anterior trabajo En el hoyo.

¿Cómo llegan a la decisión de hacer una película sobre la migración pero desde la perspectiva de los que se quedan?

La idea nació de un concepto que estaba manejando la Fundación Cultural BBVA Bancomer. Ellos tienen un proyecto llamado “Por los que se quedan”, que consiste en dar becas a los hijos de los migrantes. Ahí trabaja Nicolás Vale y a él se le ocurrió que hiciéramos una película. Le platicó a Carlos Hagerman y él me invitó. Desde el principio asumimos que hay muchas producciones sobre migración y todas tratan el tema desde el punto de vista de la estadística y los datos duros. Así que, pensando en el modo en que me gusta trabajar, nos pusimos a buscar personajes que hablaran a partir de la vida cotidiana. Se lo planteamos al banco y aceptaron producirla. A partir de ahí hicimos la selección de estados, pusimos los de mayor migración: Michoacán, Puebla o Zacatecas, pero también otros que no figuran tanto como Yucatán. Siempre tuvimos claro que no queríamos hacer una película sobre marginados, es decir que no fueran familias completamente destruidas o desintegradas, más bien quisimos reflejar la cotidianeidad para que cualquier familia pudiera sentir alguna comunicación con el hecho de lo que significa extrañar.

¿Qué rasgos estaban buscando en las familias para decidir filmarlas?

El problema es empezar. Una vez que comienzas los personajes se arman solos. Algo que me importa mucho es que haya un personaje sabio, alguien que ya fue y vino, que sea como un poste del cual agarrarse; también quería una pareja que hablara del amor. Después, poco a poco vas definiendo la línea argumental de cada familia. Nunca llegamos con una idea muy clara sobre la migración en México porque no era una investigación en ese sentido, sino que íbamos por gente que nos dejara platicar desde lo más íntimo, para ello nos teníamos que hacer sus amigos y ganarnos su confianza, de ahí que a cada familia le hicimos seis o siete visitas.

¿Cómo consiguieron quitar el tono dramático a las historias?

El tema es dramático de por sí, así que abundar es como llover sobre mojado. Podríamos haber hecho una película sobre la compasión y la lástima, la migración es de por si un tema duro, así que preferimos hacerla sobre el valor y la fuerza de la gente. En ese sentido, la película es anticlimática y trata de buscar otras cosas dentro de lo que ya sabes que va a ocurrir. Lo interesante es ver que hay detrás la vida de cada uno, en qué nos comunicamos y en qué nos identificamos. Eso es el cine, es el lugar al que te metes para ver un espectáculo donde hay una curva de emociones y lo más importante es identificarnos con eso, y no sólo en México sino en todo el mundo. La migración es un problema mundial.

La película tiene un tono similar que En el hoyo, se sostiene en personajes más que en la historia en sí, y combina episodios difíciles con situaciones de humor…

En ambas películas he querido encontrar personajes atractivos y que jalen al espectador, pero no sólo por su dramatismo, sino que también sean divertidos y simpáticos. En Los que se quedan me costó un poco más de trabajo porque es un tema fuerte, pero sí los hay, pues este país es de muchos contrastes. Por ejemplo, todos hemos tenido la experiencia de encontrarnos con un taxista que es todo un personaje, descubrir esos rasgos es muy rico, el tema sólo es el pretexto. En En el hoyo el tema es la ciudad y en Los que se quedan es el país, porque estos son quienes lo conforman. México no es los ejecutivos que se anuncian en Life & Style, es la gran población de clase media baja, como los personajes que aparecen en Los que se quedan, que de alguna manera tampoco son totalmente pobres.

¿Hay una presencia de la forma en la que su padre abordaba la literatura, en su manera de trabajar el cine?

Me gusta mucho su tipo de personajes. Me gusta imaginarlo trabajando, pero tampoco sé cómo era en el plan de la metodología. No lo vi trabajar en la literatura o la fotografía, yo lo vi llegar con la quincena y dársela mi mamá. Me gusta imaginarme su aspecto creativo, porque una vez después de muerto me tocó revisar todo su archivo fotográfico y transcribir sus materiales. La literatura y la creación cinematográfica se pueden tocar en algún punto, pero las mañas para poder llegar al resultado son diferentes. No sé si haya influencia, eso depende del público.

Carlos Jordán • gonzalezjordan@gmail.com