Bach vía Cioran / II

El papel de las notas

De pronto, da la sensación de que Bach no era hombre de ideas.
  • 2009-11-21•Música

1. “Tras las Variaciones Goldberg –música súper esencial, para emplear la jerga mística, apunta Cioran– cerramos los ojos abandonándonos al eco que han suscitado en nosotros. Ya nada existe, salvo una plenitud sin contenido– que es la única manera de rozar lo Supremo.” Cualquier contenido te esclaviza. El contenido vuelve vulgar al arte. Bach te lleva a lo Supremo precisamente por el alejamiento de esta ecuación. La decadencia del arte principia en el romanticismo, cuando se le trata de encontrar un contenido a todo, especialmente a la música –de las artes la más alejada del mensaje vulgar; aunque hay música que ni de eso se salva. [Por cierto, debería prohibirse que en los celulares la gente traiga las Variaciones Goldberg. No creo que ningún usuario traiga esa música como homenaje al genio alemán.]

2. “Bach es un decadente en sentido celestial. Sólo así se explica la solemne descomposición que no puedes evitar siempre que te encuentras con el mundo que él creó.” Esa descomposición sólo se explica a partir de que en el camino hacia lo sublime vas dejando destrucción por donde pasas. El camino hacia la belleza no sólo es inexorable.

3. “Lo ideal sería poder repetirse como… Bach”, insiste Cioran. Bach es la repetición hasta las últimas consecuencias. Más allá de la duración de este planeta, Bach se seguirá repitiendo. De pronto, da la sensación de que Bach no era hombre de ideas, o, al revés, que en su cabeza habitaba una sola idea, la cual creció hasta dimensiones monstruosas. Pero es la misma. En todas sus obras. Dio con una sola idea capaz de soportar sobre su peso toneladas de subideas, que es su música. Ningún compositor podría pedir más. Tal vez por eso Bach es el compositor que más está en deuda de Dios, hasta invertir los términos de la ecuación y lograr que Dios coma de su mano.

4. [Escuchando El arte de la fuga] “He aquí la refutación de todos mis anatemas.” Íntimamente ligada con esta otra: “Si hay alguien que debe todo a Bach, ése es Dios”. No es difícil imaginar la pinza que para Cioran representó Bach. Qué modo tan despiadado de Dios –que habría de ser la representación de la piedad– de hacer que su más lúcido y vehemente crítico –el iconoclasta por antonomasia– diera su brazo a torcer, y se convirtiera en su más lúcido y vehemente férvido.

5. “Cuando escuchamos a Bach, vemos germinar a Dios. Su obra es generadora de divinidad. Tras un oratorio, una cantata, una Pasión, Él tiene que existir. De lo contrario, toda la obra del Cantor [Bach] sería una ilusión desgarradora. Pensar que tantos teólogos y filósofos han perdido días y noches buscando pruebas de la existencia de Dios, olvidando la única.” Digo que en el fondo Cioran era un apóstol. Habría hecho un magnífico papel –cuando menos mejor que Judas– entre los favoritos del Maestro. Porque de un lado, hace polvo el peso específico de Dios, su densidad divina (“Qué grande sería Jesús, si hubiera sido más misántropo”), ¿y del otro?, cuando se le aproxima al Todopoderoso bajo el prisma de Bach... ¿Quién no acaba creyendo luego de leer la frase que antecede este apartado sexto? Yo el primero.

6. “Sólo Bach puede reconciliarme con la muerte. En él siempre está presente la nota fúnebre, incluso en la alegría. Nota fúnebre y seráfica. Morir por encima de la vida y de la muerte, triunfo más allá del ser.” Más allá de cometidos, ésa es la misión de Bach. Que a través de su música, se entre en el sendero de la muerte con aplomo –que es decir con alegría. En esa repetición melódica lo que hay de fondo es el camino hacia la muerte.

Eusebio Ruvalcaba • eusebius1951@cablevision.net.mx