La tía de las muchachas
Capitolio
Gerardo Hernández
A la hora de repartir el presupuesto 2010, los diputados y gobernadores del PRI debieron considerar las sabias palabras “que en perfecto español” —advirtieron las crónicas para no causar mala impresión— pronunció el príncipe de los Países Bajos, Guillermo Alejandro, en su reciente visita al país: “Camarón que se duerme se lo lleva la chingada”. Lo dijo así, supongo, no porque la ola de vulgaridad y mal gusto que recorre al mundo haya alcanzado también a la realeza, sino porque el primogénito de la reina Beatriz sabe que los mexicanos, para reaccionar, no entienden otro lenguaje.
El PRI no ganó el presupuesto en el ajetreo parlamentario, sino en las urnas, el 5 de julio, donde se convirtió de nuevo en la primera fuerza de la Cámara de Diputados. Que el PAN, cuando lo fue, desaprovechara esa oportunidad, como tantas otras, es cosa de sus líderes, el primero de los cuales es el presidente. Fox ayer, hoy Calderón. Que los gobernadores del PRI resultaran ser los más favorecidos en la distribución de recursos, era lógico. ¿O no se recurrió a ellos para que “sus” diputados votaran favorablemente el alza del IVA a 16 por ciento? Nixon decía que si el pueblo supiera cómo se elaboran las salchichas y la manera en que se negocian las leyes, jamás comería las primeras y abominaría siempre de las segundas. Por eso el paquete económico del año entrante —Ley de Ingresos y Presupuesto— a nadie dejó satisfecho, excepto a los beneficiarios. El acre en la boca de millones de mexicanos durará hasta que el Congreso le administre una cura más amarga… el año entrante.
El PRI demostró, por enésima ocasión, que igual pesca en aguas serenas que en los ríos más agitados. En el Congreso aplicó una ley elemental: “favor con favor se paga”. Sin el voto de sus diputados, los aumentos al IVA y al ISR no habrían prosperado. Al final el PAN, como gobierno, pagará los costos y el partido de Paredes cobrará los réditos. En el caso de Coahuila, la fórmula ganar-ganar funcionó de nuevo. El gobernador Humberto Moreira y su fracción en la Cámara baja, coordinada por su hermano Rubén, dijeron “no” a la subida de impuestos. Obtuvieron popularidad. Por otro lado, el estado recibirá más presupuesto por el ingreso adicional que ambas obligaciones genere.
El reto consiste ahora en que los recursos federales asignados a Coahuila se reflejen en más obras de infraestructura y en servicios de mejor calidad, proyecten al estado y le permitan competir de tú a tú con otros de la misma región que también buscan capitales allende las fronteras nacionales, empujados por el déficit de ahorro interno. Moreira anunció en su cuarto informe que la recuperación del estado se basará en la inversión pública, rubro que, en sus palabras, genera ochenta mil empleos directos.
Una de las formas de amainar el enojo social —ocasionado por el alza de impuestos, el gasto público rampante y un Congreso infame— es con programas que se traduzcan en condiciones de vida dignas, incrementen el empleo y abatan los niveles de inseguridad y pobreza cada día más agobiantes. Los partidos deben saber que si sus gobiernos no responden de esa manera, también a ellos se los llevará la tía de las muchachas en las próximas elecciones. El año entrante las habrá en once estados.


