Música al pie de la letra
Israel Morales
Sin música no hay literatura. Tal premisa funciona para Carlos Velásquez, autor del célebre “La Biblia vaquera” y otro al que no se le hace el feo, “Domadora de cabello (Plastilina Mosh remix)”, cuentos en donde se aprecia el download sin límite de tiempo, y si hay sangre en la arena, mejor.
De la edición de lujo que nos ocupa es una especie de digipack hecha para Regia Cartonera con materiales reciclados, algo que no escapa a la concepción del autor de su materia narrativa, maestro de ceremonias, y quien sabe sacar la música que lleva por dentro, un experto como su personaje de “La Biblia Vaquera” en análisis del lado B, el bonus track y el track oculto.
Velázquez, al parecer en el tiempo que tarda en descargar la música, procesa otros usos de la digitalización (como el hallarse como escritor), en tanto que narrador virtual va de un lugar a otro, de la arena al rave, de la cantina al Crossroad, de Gómez Pancracio al Popstock, este último, mapa mental en que suceden algunas de sus historias (casi como para descargarlo por la red, sólo que aquí se cifra en un libro), a unos cuantos minutos del desierto en donde una suertuda como The Cowgirl Bible, adorable personaje de “Domadora”, quiere lograr el estrellato.
De este cuenterío acapara la atención por el manejo de la sorpresa, del afecto por los mitos que se fueron y otros que desfilan a la cuenta de tres y que le venden su alma al diablo no por afinar mejor la guitarra, sino por la rasuradora eléctrica, capaz de seducir a los mortales.
Julián Garza El viejo Paulino y esas viñetas kitsch como Yuri son algunos invitados a la menor desafinación, como en la “Biblia Vaquera”, es recuento subterráneo en que se evoca la naturaleza de un diyei santero fanático religioso y pintor, hecho en las arenas, y quien como fiel luchador, acude además a diversos soundtracks, para saborear mejor el caldo de su vida.
Remix EP está dedicado a la generación sampler (criada entre iPod y YouTube), esa masa que va tan deprisa como los relatos, pero que Velázquez lleva a otros planos de la imaginación, provista de que todo está ahí, nomás con abrir los ojos y prestar oídos.


