Pacto de ciudad
En tres patadas
Diego Petersen Farah
Es normal que los tapatíos tengamos visiones distintas sobre la ciudad y el futuro que deseamos. Finalmente Guadalajara es una ciudad plural, que se vive de muchas maneras y desde muchas visiones. Lo que no es normal es que no podamos ponernos de acuerdo en las cuestiones básicas que la ciudad necesita, sobre todo las que tiene que ver con criterios técnicos: de dónde y cómo se debe traer el agua; qué tipo de transporte público y por dónde; cómo cuidamos nuestras reservas; cómo ordenamos la ciudad; cuál es su vocación económica, etcétera.
Hasta los años ochenta existían estos acuerdos básicos. Quizás muchos de ellos basados en la falta de democracia y en la imposibilidad de participar en decisiones que se veían muy lejanas. El gobierno era algo etéreo, temido y al que sólo se accedía por la vía del amigo de un amigo que conoce al primo del secretario. Lo que es cierto es que los puestos técnicos estaban ocupados por técnicos y que en las decisiones técnicas los políticos lo que decidían eran los tiempos, y no pocos se hicieron bueyes con decisiones cuyo tiempo simplemente no llegó. La construcción de Federalismo, por ejemplo, fue una decisión con muy poco apoyo social y que causó muchas molestias, pero nadie puso en duda la necesidad de un transporte colectivo. Con el tiempo las decisiones técnicas se fueron politizando, básicamente por dos motivos: porque oponerse resulta muy rentable políticamente (ahí la UdeG se pinta sola) y porque en los puestos de decisión técnica los comenzaron a ocupar políticos (los casos más patéticos son Rodolfo Ocampo en el Siapa y Verdín en Vialidad, pero hay muchos).
A la mayoría de los ciudadanos nos importa un bledo qué partido esté en el poder, votamos una vez por unos y otra por otros. Pero así como el país necesita un gran acuerdo económico para no estarnos reinventando cada sexenio, la ciudad necesita un gran pacto político sobre a dónde queremos ir. Los matices y los énfasis los debe aportar cada administración, pero la visión la debemos aportar entre todos. Tenemos que hacer un ejercicio de planeación serio e incluyente y dejar en manos de los técnicos las decisiones técnicas y en manos de los políticos las decisiones políticas. Se requiere un pacto de ciudad, pues cada vez es más complejo y hay más personas involucradas en la toma de decisiones. Antes eran el alcalde y el gobernador, ahora son seis alcaldes, el gobernador y tres fracciones parlamentarias. Necesitamos nuevos acuerdos y nuevas formas para una ciudad distinta y mucho más compleja, o seguiremos debatiendo sin avanzar, como en una banda de moebius.


