20 de noviembre: 100 años después

Acentos

Jesús Gómez Fregoso

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  • 2009-11-20•Acentos

Ya en 1937, el inteligente y penetrante Luis Cabrera, en su libro ** Veinte años después, manifestaba su desencanto de la Revolución, y aunque favorable en varios puntos a Cárdenas, presidente en turno, censuraba los “procedimientos porfirianos “de don Lázaro (páginas 210 a 213, de la edición original de Botas). Y recuerdo a don Luis Cabrera, al que tuve la fortuna de conocer, por no hablar de José Vasconcelos y otros jóvenes de 1910 que para esas fechas, 1937 estaban decepcionados, y eso que, según no pocos, Cárdenas fue el que mejor practicó los ideales revolucionarios…

A casi cien años después del 20 de noviembre de 1910, se complican los recuerdos y comentarios sobre la Revolución que derrocó a Porfirio Díaz, quien a su vez trató de derrocar a Benito Juárez con el Plan de la Noria en el que declara: “La reelección indefinida, forzosa y violenta del Ejecutivo Federal, (es decir de Benito Juárez) ha puesto en peligro las instituciones federales”. Luego Díaz continúa censurando el sistema político de su paisano: Don Benito, según Díaz, dominaba al Poder Legislativo y al Judicial; controlaba las elecciones, ponía y quitaba gobernadores, malgastaba a su antojo las finanzas públicas, empleaba al ejército contra el pueblo. De lo más irónico del Plan de la Noria es el final: Que ningún ciudadano se perpetúe en el ejercicio del poder y ésta será la última revolución”…! De modo que la fórmula “no reelección” no es invención maderista, sino porfirista. Cualquiera que examine el sistema político de Porfirio Díaz verá que el oaxaqueño hizo lo mismo y perfeccionó el de su paisano don Benito:

Suprimió en la práctica la división de poderes, porque el ejecutivo dominaba al legislativo y al judicial; controló los procesos electorales, quitaba y ponía gobernadores como un árbitro desde el centro, empleó al ejército contra el pueblo. Díaz además controló represivamente a la prensa y se constituyó en el centro de la vida de México: el señor presidente era el hombre infalible, el más inteligente, el mejor vestido, el más patriota del país. Así pues, todo lo que le reclamó a Don Benito, lo practicó y lo superó. Por otra parte, “veinte años después” de 1917, y hasta 1968, el sistema político priista fue una copia al carbón del porfirista, y así como Don Porfirio superó a Don Benito, el PNR-PRM-PRI superó a Porfirio Díaz. Me refiero aquí al sistema político de los gobiernos “emanados de la Revolución” y que tuvieron su culmen presidencialista con Ruiz Cortines y López Mateos, cuando el ritual del informe presidencial era algo más que sacrosanto en el viaje triunfal con miles de acarreados de la CTM, la CROC, la CNOP y demás centrales incondicionales del gobierno que aplaudían al señor presidente y luego recibían su torta y su refresco. No fue sino hasta después de 1968 cuando comenzó a abrirse la libertad de expresión: el dominio sobre los medios de comunicación. Poco antes, para no parecer tan autoritario, el priismo concedió algunas curules a la oposición, que apenas le hacían cosquillas a la aplanadora priista. En lo de poner y quitar gobernadores, Salinas de Gortari, solamente en su sexenio, superó a Porfirio Díaz. El control sobre las elecciones se mantuvo hasta la elección de Zedillo, cuando se cayó el sistema y despojaron a Cuauhtémoc Cárdenas. De suerte que el “sufragio efectivo” de la Revolución de 1910 sólo se cumplió a partir de la elección de Vicente Fox.

No sé qué dirían ahora los que acompañaron a Porfirio Díaz en sus rebeliones armadas contra el Benemérito y contra Lerdo de Tejada, en su afán de cambiar el sistema político juarista. Sería también apasionante que Panchito Madero, como buen espiritista, se nos apareciera ahora y nos diera su opinión sobre los gobiernos emanados de la Revolución y sobre el México actual, aunque, eso sí, ahora en el 2009 están en vigor el sufragio efectivo y la no reelección, aspiración la verdad muy pobre con la que se inició el movimiento armado de 1910.

En la estrechez de esta columna sólo he incursionado en aspectos del sistema político, sin haber tocado evidentemente el mundo socioeconómico de nuestro pobre México “tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.