Calderón, Carstens, Cordero: sería mejor callarse la boca
La historia en breve
Ciro Gómez Leyva
¿Con qué datos, series, porcentajes; con qué cara salen a bravuconear los secretarios de Hacienda y Desarrollo Social, Agustín Carstens y Ernesto Cordero? Lo expresado por el premio Nobel 2001 de Economía, Joseph Stiglitz, es puro sentido común: el gobierno mexicano hizo uno de los peores manejos en la crisis económica mundial. ¿Quién puede objetar esa afirmación?
Dijo Cordero en respuesta que Stiglitz debe “leer un poquito más”, ya que “no conoce a detalle las políticas contracíclicas” aplicadas por el gobierno de Calderón, ni la realidad de las finanzas públicas mexicanas.
El Nobel es un iletrado. Perfecto. ¿Y? ¿Cómo explican Calderón, Carstens, Cordero, que la caída de la economía mexicana en 2009 será de 7 por ciento, mientras que la Unión Europea, Estados Unidos, Brasil, Chile y un largo etcétera caerán, poco más, poco menos de 1 por ciento? ¿Basta con que repitan, como lo hizo Carstens ayer, que se actuó de manera responsable y que la causa del desplome está en la “desaceleración global”?
Esto no es filosofía ni literatura, es economía. Y en economía manda el estado de resultados. El de México 2009, con o sin políticas contracíclicas exitosas, marca un catastrófico menos 7. Bien harían, pues, nuestros funcionarios (y legisladores y gobernadores) si cierran la boca y escuchan la otra parte del mensaje de Stiglitz: México necesita una alternativa económica y los nuevos impuestos tendrán efectos negativos.
Polemizar con un negativo de 7 por ciento encima es una necedad. Si Calderón, Carstens, Cordero insisten en convencer con esos números terminarán como esos personajes referidos por otro Nobel, el de Medicina 1906, Santiago Ramón y Cajal: “Parlanchines empeñados en demostrar que tienen talento”.


