Bonito León, Guanajuato
Cancionero
Félix Cortés Camarillo
No sorprende que la guanajuatización de México comience por los pueblos del Bajío y su tradición cristera. Se comprende que en Monterrey, tierra mocha y persignada, tenga muchas simpatías, pero que en las tierras rumberas y jarochas, que nacieron con la luna de plata, me resulta cuesta arriba.
El estandarte de la organización Provida, patrocinadora de tangas y lentes Ray Ban, ha sido enarbolado por el Congreso estatal veracruzano para hacernos el favor de no penalizar a las mujeres que opten por el aborto una vez, que si lo hacen por segunda ocasión irán al bote. Comprendiendo, sin conceder, que eso sea posible en las tierras de Carlos Abascal, me resulta inadmisible en las cachondas tierras de los golfos.
Pero en el norte se hacen otros cueros de las mismas correas, y la moralina se convierte en peligroso instrumento político de censura. Ayer, un rimbombante Consejo Estatal para la Promoción de Valores y Cultura de la Legalidad en Nuevo León propuso y le fue aceptada la elaboración de un código de éticas para el control de las transmisiones de los medios de comunicación.
El motivo es siempre el mismo: imponer una censura a los contenidos de los programas informativos. El pretexto ahora es la profusión de noticias e imágenes que divulgan hechos ingratos, trágicos, sangrientos y desagradables. La lógica es pertinaz en su empeño de proteger a las mentes presumiblemente débiles de nuestros jóvenes y niños.
No es un fenómeno nuevo: por años hemos encontrado cruzados de la moral y la buena información, a quienes no importa la realidad desagradable que existe sino aniquilar a quien la hace pública. Ocultar lo malo sería para ellos el remedio para que lo malo desaparezca, en la mentalidad medieval solamente comparable a la legislatura veracruzana que niega a las mujeres el dominio sobre su propio cuerpo.
Si los medios y la sociedad no se revelan ante estos intentos de censura decimonónica, la sociedad se va a merecer la mordaza que, una vez más, nos quieren imponer.
P.S. Efectivamente, en el Cancionero de ayer, donde decía tres años quise decir tres días. Sorry.


