Copenhague: ambientalistas critican “ambigüedad” de Brasil

Daños Colaterales

Irene Selser

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  • 2009-11-20•Fronteras

Nos referíamos ayer en este espacio al “viraje histórico” que supone el cambio de postura de Brasil, con la decisión del presidente Lula da Silva de adoptar como meta nacional la reducción de gases contaminantes de aquí a 2020, un mes antes de la esperada cumbre ambiental de la ONU en Copenhague (7-18 de diciembre); frente a la cual, por otro lado, Pekín y EU reafirmaron ayer su insensibilidad ante el desastre climático en puerta al desdeñar Obama y Hu Jintao cualquier compromiso con cifras.

Para Eduardo Viola, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Brasilia, el cambio de Lula responde a una suma de factores, entre ellos la precandidatura por el Partido Verde de la popular Marina Silva, su ex ministra del Ambiente, ante los comicios de 2010. De pronto, dice Viola, la ministra encargada del gabinete de Lula, Dilma Rousseff, su “delfín” para las próximas urnas, “conocida por impulsar proyectos de infraestructura y energéticos en desmedro del ambiente, adoptó un discurso ecologista” (“Brasil altera coaliciones internacionales”, Mario Osava, IPS).

Como sea, el cambio se considera un triunfo del ministerio de Ambiente sobre la cancillería brasileña, aferrada a viejos conceptos.

Pero con todo y que las metas son vistas como una señal “positiva” al mundo, según Rubens Born, coordinador de Vitae Civilis, asociación activa en las negociaciones climáticas, para ser efectivos, esos compromisos deben formalizarse en una ley que las haga obligatorias para cualquier gobierno. La actual administración, dice Born, tiene actitudes “ambiguas”, porque mientras avanza en la cuestión climática acepta retrocesos en la reforma a la ley forestal, ante presiones de los terratenientes que quieren ampliar la deforestación.

Según las nuevas metas, Brasil dejará de emitir en 2020 entre 975 y 1,052 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2), de un total proyectado para ese año de 2.703 mdt, si no se hace un esfuerzo adicional.

Dos tercios de esa reducción corresponderían a la deforestación evitada de 80% en la Amazonia y 40% en el Cerrado, la sabana que ocupa gran parte del centro del país. Pero en el agro, energía y siderurgia, las áreas donde se fijaron las metas, no habrá reducción sino aumento de las emisiones anuales de aquí a 2010, en casi 400 mdt de CO2, según la organización Amigos de la Tierra/Amazonia Brasileña.