57 hombres y una mujer reúne igual número de textos
Publica Eusebio Ruvalcaba un homenaje a la amistad
Dos cuestiones, dice Eusebio Ruvalcaba (Jalisco, 1951), luego de haber platicado unos minutos —ese mediodía frío de noviembre— acerca de 57 hombres y una mujer (Pharus): “Mi primer libro, publicado hace más de 25 años, lo pagué con dinero de mi cartera; éste también. Y lo subrayo porque si bien este nuevo libro me lo podrían haber publicado comercialmente, lo quise hacer de manera personal como una forma de llevar hasta las últimas consecuencias un homenaje a mis amigos”.
“Como un sostener yo pago esta ronda —abunda el autor de esa lejana reunión de cuentos ¿Nunca te amarraron las manos de chiquito?— y punto. Para mí el dinero es irrelevante en el sentido de que siempre es posible vivir con menos. Cobra algún sentido cuando lo gastas con tus amigos. Eso quise hacer. La otra cuestión es que en 57 hombres… se involucró mi hijo Alonso a partir de la portada, la ilustración interior y la traducción del “Soneto XXX” de Shakespeare. Algo muy importante para mí, reunir a mi hijo con mis amigos”.
57 hombres y una mujer reúne igual número de textos referentes a amistades del autor, si bien dos de ellos “ya no existen”. Lo que permitió a Ruvalcaba sumar para sí dos ejemplares sobrantes, además del suyo, ya que el resto (41), una vez entregado un libro a cada amigo incluido, pertenecen a los editores de Pharus, radicados en Oaxaca. Cuentas que dan cuenta del tiraje de 57 hombres…, cien ejemplares.
La historia reciente del nuevo libro se ubica en las colaboraciones que semanalmente entregaba a El Financiero y en una casi sentencia de otro de sus amigos, Valentín Almaraz, quien al regalarle una pluma Mont Blanc perteneciente a la serie Johann Sebastian Bach le ordenó: “escribe sonetos”. Y el obsequiado lo intentó: “sonetos producto de la amistad, unidos, en su mayoría, por la noche y la celebración”.
“No prefiguré el número. Incluso se quedaron algunos afuera. Pero me pareció que ya había dicho lo que quería acerca de los amigos. Puedo también decir que la mujer incluida realmente se coló. No creo en la amistad entre un hombre y una mujer. La amistad fuerte y perenne, a costa de cualquier contingencia, es siempre entre hombres. Ella (Pita Cortés) se ganó el derecho de estar ahí porque cocina muy rico. En cierto momento pensé, si ella está ahí preparará una supercomida, y dicho y hecho”.
A la hora de hacer cuentas, Ruvalcaba calcula que un 85 por ciento de los convocados algo tienen que ver con el mundo artístico, intelectual y literario. “Con todo y que en el medio existan muchas zancadillas, maledicencias y envidias. Sin embargo advierto también la particularidad del ser humano, la entrega y la complicidad; una cosa de la otra no pueden ir separadas. La amistad y la complicidad son compañeras que generan lo mejor, casi siempre en situaciones especiales, en la noche y en el festejo”.
Junto al soneto de Shakespeare, 57 hombres… recupera como epígrafe una inscripción puesta a la entrada de un templo budista: Y existía la creencia de que ellos/ vivirían con él en la otra vida. En nuevo recuerdo, Ruvalcaba cita la exaltación del amigo como recurso literario en varios periodos creativos.
“Escribirías algo sobre la enemistad”, le pregunto a Ruvalcaba. Y pronto me contesta: “No…, no… La idea es buena, tentadora incluso, pero la verdad es que no tengo 57 enemigos. No se me da hacer enemigos”.
57 hombres… incluye sonetos acerca de Jaime Aljure, Javier García-Galiano, Guillermo Arriaga, Vicente Quirarte, José Buil, Julio Derbez, Marcial Fernández, Eugenio Partida, Ignacio Trejo Fuentes, Víctor Roura, Eduardo Antonio Parra, Eduardo Rivera, José Luis Martínez Salazar y más.


