La puerta estrecha
Música de teatro
2009-11-14•Teatro
Un día, un reportero le preguntó a Samuel Beckett: “¿Por qué escribe así…?” Seguramente se refería a ese lenguaje puntilloso y melancólico que utiliza en sus obras, al absurdo de sus historias, a su realismo. Se refería también a cómo era posible que el personaje de La última cinta de Krapp le provocara tanta tristeza en la butaca. Beckett contestó: “¡Que por qué escribo así! ¡Así es la vida…!”, y se fue. El periodista deseaba que Beckett le revelara el secreto de su escritura, algo que quizá ni el propio dramaturgo conocía.
En ese tiempo, había un joven cuyo padre era propietario de una tienda ecléctica de música. Cuando veía que un disco no se vendía, se lo llevaba a casa y lo escuchaba tratando de explicarse por qué nadie se lo había llevado. Por ello su hijo estuvo involucrado con todo tipo de música desde temprana edad. Y decidió ser compositor e intérprete.
Fue en su juventud cuando eligió hacer piezas para teatro; descubrió la obra de Samuel Beckett y se sintió influido por ella. El teatro se transformó en su motor creativo cuando él tenía 30 años. No sólo fueron las obras de Beckett, Jean Genet o de Bertolt Brecht, sino esta dicotomía del arte: realismo y ensoñación. De hecho, se cuenta que asistió junto a la actriz francesa Madeleine Renaud a la primera función que dio de Los días felices, de Beckett, para emprender su nuevo proyecto de música teatral.
Algunas de sus piezas más famosas en esta material son The screens (Genet), Music for The Lost Ones y Music for play (Beckett), y en los 90 comenzó a musicalizar Woyzeck, esta triste y desgarradora pieza del expresionismo alemán que Buchner dejó inconclusa.
“Para mí la música está por encima de todo fenómeno social. Se trata de una comunicación real, se trata de comunicarse con otros individuos pero también con personas cercanas a uno. Creo que es un lugar donde muestras las emociones y son comunicadas. Como en la poesía, la música tiene ideas, la música es como hacer teatro… Pueden ser asuntos sociales, asuntos políticos… Veo la música como un lenguaje, a lo mejor porque soy músico. Veo la música como el lenguaje que los músicos tienen, que los seres humanos tenemos para comunicarnos entre nosotros. Como podrás darte cuenta, todos escuchamos la música de la misma manera, pero no la entendemos igual. Para los seres humanos, la música es un lenguaje intuitivo para entender, para cruzar fronteras, que va más allá de las generaciones, y que cruza milenios…”, me dijo en entrevista el hombre cuyo padre era dueño de una tienda de discos: Philip Glass, en su más reciente visita a México.
La puerta estrecha se ha cerrado.






