Respuesta
De Círculo de Poesía a Heriberto Yépez
Heriberto:
Sin duda hay razón en mucho de lo que dices. Sin embargo, son más que necesarias algunas apostillas a tu texto.
1) La danza
Ninguna homofobia, Heriberto. Nuestra revista electrónica ha publicado extraordinarios poemas homoeróticos. Creemos en la maravilla, por ejemplo, de Nuevo amor y su tono intensísimo o en la genialidad y sutileza de un poema como “Epifania”. Esa es la poética a la que nos adscribimos. Ninguna homofobia. En 1996, Mario Bojórquez se hizo cargo de la primera edición de Poesida, de Abigael Bohórquez, cuando ninguna casa editorial aceptaba su publicación por “escandalosa”. El sonorense ha sido un poeta capital en nuestra formación. Ninguna homofobia. José Vicente Anaya, miembro de nuestro consejo editorial, coordinó junto a los poetas Harold Alvarado Tenorio y José Ángel Leyva un dossier de poesía homoerótica en la revista Alforja. Ninguna homofobia. En el ámbito académico, yo mismo dediqué un capítulo de mi tesis de maestría al asunto de la alteridad en el cuento “Tía Nela” de Enrique Serna. Asimismo, tenemos listos para salir en la página un ensayo sobre la sensibilidad homosexual en la poesía contemporánea y otro sobre la narrativa gay en México.
En Círculo de Poesía, en realidad, el género no es un tema privilegiado en la agenda. Importan los poemas, su construcción, sus efectos, pero no la orientación sexual de quien los escribe. Por eso, ante las circunstancias, cuando llegó a la mesa de redacción ese poema consideramos, para su publicación, antes que otra cosa, la tradición literaria. Es decir, entendemos, en primer lugar, que existe un género, ético o no, como la invectiva que ha entregado algunos textos también maravillosos, plenos de artificio y eficacia expresiva. Vivimos una época en que la poesía no se censura ni está sujeta a ningún tipo de moral, a ningún valor o disvalor. La poesía puede ser moral, inmoral, amoral y no necesariamente es una “forma superior de conciencia”. La poesía es muchas cosas. Afirmar lo contrario es un autoritarismo también lamentable. Dentro del texto todo es posible, la libertad es absoluta, no hay amarras formales o temáticas. Desde hace ochenta años, por lo menos, el ya anacrónico pero elemental formalismo ruso dio cuenta de la Autonomía Literaria: la literatura quebranta la referencialidad. ¿Qué más da si Villon era un vulgar ladronzuelo y Rimbaud un traficante vil? ¿Debemos criticar por ello su poesía? ¿No leerla? ¿Debemos mantener en las ediciones de Góngora los poemas de mofa atroz a las corvas de Ruiz de Alarcón a pesar de la burla a la deformidad, del escarnio hacia el diferente? La ética, creemos, no es un asunto de intencionalidad estética. Pero entonces ¿por qué tomar la decisión de darle salida en nuestra página a un poema así?
2) Pro Milone
Dices, Heriberto, que “la publicación presume ser venganza”. No. Es, más bien, (tú no lo sabes seguramente) respuesta a un estado generalizado, continuo, cotidiano de hostigamiento, acoso y provocación que sufren los miembros de Círculo de Poesía desde hace, al menos, tres años. ¿Conociste los infamantes blogs, violentísimos, supresores, “La caca del murciélago”, “Puro alegar” o “Poemas a Alí Calderón”? ¿Alzaste tu voz flamígera, desde el púlpito, entonces? ¿Sabes que la revista Letras Libres (inevitablemente asociada al establishment y el poder cultural) alevosa o inocentemente ha iniciado, en su versión impresa y digital, una campaña de provocación en contra de Círculo? Una cosa es la crítica, tú lo sabes, y otra muy diferente la provocación artera.
Un Bulmaro Higuera, vía e-mail, nos ofreció ese texto. ¿Fue violenta la iniciativa de presentarlo? Sí. ¿Pudimos evitar sacarlo a la luz? Sí. ¿Fue de mal gusto su publicación? Sí, claro. Pero, no te parece de pésimo gusto también que el “tejido invisible” del poder cultural (que niega siempre su existencia) orqueste una campaña aplastante y de tan baja ralea? ¿No te parece que el “tachado” en listas, la clausura de opciones de publicación, difusión y participación incluso en espacios gubernamentales, la cerrazón de distintos caminos institucionales y, en fin, la presión microsocial apuntan, ya no digamos al no reconocimiento (qué mas da) sino a la supresión? ¿Se justifica este arrogante despliegue de poder sólo porque construimos una interpretación otra de la poesía mexicana, contrapuesta a su prestigio, a su capital simbólico? Por eso, Heriberto, por favor, no insultes nuestra inteligencia, no caigamos en el garlito de la homofobia. No es por ahí. Sinceramente, honestamente, no es por ahí.
3) De la pseudo-concreción
Centrar la atención en el asunto de la supuesta homofobia equivale a permanecer en la superficie de las cosas. El tema verdadero, el profundo, tiene que ver con la estructura del campo literario y con las condiciones subjetivas que lo constituyen. Para nadie es un secreto el encono exacerbado que existe en el medio. Lo que platicamos ahora es una de las muchas aristas del fenómeno. Pensamos que este ambiente, irrespirable ya, inició (al menos en las últimas promociones) con la publicación de la muestra de poesía El manantial latente en donde sus compiladores prepararon una lista de más de cuatrocientos poetas que fueron ofendidos con argumentos irresponsables como que no tenían “una conciencia escritural que desembocara en un mínimo decoro poético?” La obra de estos poetas se descalificaba y resumía en “clichés e inconsistencias”. ¿No te parece, Heriberto, que esto evidencia la arrogancia acrítica inherente al poder (peor aún, a un poder no construido sino heredado)? Y te preguntarás, ¿por qué traer a colación una antología publicada hace siete años? Esencialmente porque ese texto originó las condiciones actuales y porque, como pensó Milán Kundera, la lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido.
Pero en realidad, Heriberto, el problema no es de pugna entre grupos sino de la estructura del aparato cultural. En México existe una indeseable urdimbre entre la legitimación literaria (obtención de becas, premios, publicación en editoriales y revistas de prestigio, etc.) y la asignación de recursos económicos. La literatura mexicana mueve dinero. Mucho o poco pero mueve dinero y nadie quiere dejar de percibirlo. El problema es que esa recaudación de legitimidad y dinero sucede en el marco de un sistema de valoración estética fundada no en el texto literario sino en la amistad, el compadrazgo, la clientela. No es cosa nueva, es de siempre: desde Sor Juana y Altamirano, desde Contemporáneos y Octavio Paz. Bastaría observar qué ha sucedido desde el salinato hasta el presente. Entonces ¿qué está pasando? ¿Por qué estas reacciones ante nuestra crítica que ha sido siempre frontal, directa, sin hipocresías? Creemos que la gente que heredó el poder cultural de Octavio Paz, incluso los tercerones, no han sabido crear espacios de participación equitativa y apertura crítica. El poder se les salió de las manos, no tuvieron el talento o la visión para manejarlo. Por ello, cada una de sus acciones está ligada a la defensa de sus intereses de clase (en tanto grupo hegemónico) y orientada no por motivaciones literarias sino políticas, que finalmente son económicas. Todo para mantener sus prebendas, sus canonjías.
¿Hay salidas al estado de crisis? Quizá sí. Pensamos en dos esenciales. La primera salida es el desarrollo de visiones críticas. Círculo de Poesía es una de las revistas electrónicas más dinámicas de México. Hemos buscado (sí, siempre desde la seriedad) presentar a nuestros casi sesenta y cinco mil visitantes documentos valiosos para conocer la tradición literaria y reinterpretarla desde la actualidad. Hemos buscado empecinadamente la construcción de una conjetura en torno a la poesía mexicana (al parecer terriblemente incómoda). Y hoy sábado, Heriberto, como muestra de nuestro trabajo, está apareciendo esa conjetura en una antología: El oro ensortijado. Poesía viva de México, editada por Universidad de Texas en El Paso, la Secretaría de Cultura del Estado de Puebla, Eón y la Escuela de Letras de la Universidad Mayor de San Marcos de Lima. En breve te haremos llegar un par de ejemplares. Por otro lado, se podría creer en la construcción de una nueva institucionalidad, más justa, más abierta, incluyente y regida por criterios estéticos. Habría que repensar (por qué no) la pertinencia del mecenazgo estatal. Es necesario, asimismo, advertir la conveniencia de un nuevo pacto de cordialidad que asegure si no la convivencia, sí el reconocimiento a coexistir. Siempre será posible construir desde los escombros.
Alí Calderón, a nombre de Círculo de Poesía.


