Escolios
García Ponce: el placer que define
Acabo de compartir, con amigos memoriosos, un homenaje a Juan García Ponce en la Casa del Lago, un personaje y un espacio emblemáticos de la modernización cultural de mediados del siglo pasado. Con la generación de García Ponce, en realidad una serie de temperamentos muy distintos que concurren en un clima cultural, puede hablarse de una desavenencia histórica, ideológica y estética que intenta romper con discursos tan arraigados como el nacionalismo o el conservadurismo de las costumbres. De esta época perviven obras y empresas culturales imperecederas, pero también una cargada mitología, asociada principalmente al culto, al arte y al inconformismo moral. Ciertamente, en esos años, paralelamente al vasto proceso de modernización cultural, se presentan una revolución de las costumbres y una etapa idílica de la imaginación y la práctica sexual, en las que el placer adquiere un valor casi revolucionario. Si bien esta inquietud por la liberación y el erotismo está presente en toda su generación, García Ponce es quien la aborda más obsesivamente.
La escritura de García Ponce toma como motivo prácticamente único el deseo y, a partir de ahí, deriva en otros temas limítrofes. Apegado a un persistente realismo, el autor parte de la exploración de las relaciones de pareja en un tono casi rosa que evoluciona en complejidad hasta llegar a plantear temas como el desorden de los sentidos, la liberación erótica
como liberación personal, los frágiles lindes entre la moral y el deseo y las formas más heterodoxas de concebir el placer y la comunión. Con estos temas siempre entreverados, García Ponce construye una narrativa circular que tiene la virtud de deparar sorpresas aun en las situaciones más reiteradas. Se trata, pese a su prolijidad, de novelas que revelan mucho más de lo que cuentan, pues, acaso, García Ponce no sólo intenta narrar, sino dar claves para interpretar libremente, a partir de la irrupción en una de las zonas más íntimas y oscuras del individuo.
Aunque su monumental obra novelística ensombrece otras facetas, García Ponce es uno de los autores literariamente más conscientes de su generación y puede rastrearse un vínculo muy claro entre sus intereses como ensayista y su literatura. Su obra ensayística se bifurca en su exploración de autores entonces poco conocidos en México, como Musil, Bataille y Klossowski, fundamentales para entender su propia obra, y su ejercicio como crítico de artes plásticas, donde hace un encomio del arte moderno y una apuesta por su propia generación pictórica en México. Su misma leyenda vital, lo hace una de las imágenes más acabadas del joven artista de esa época: ostentosamente elitista y culto, cosmopolita por vocación y provocación; trasnochador y bohemio pero, a la vez, dueño de un espíritu de trabajo y autoexigencia digno del más férreo capataz capitalista; desencantado y mundano y, sin embargo, entregado a la más delirante de las religiones, el arte.


