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¿Por qué no marchan en sábado o domingo?

La historia en breve

Ciro Gómez Leyva

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  • 2009-11-11•Al Frente

Todas las grandes, verdaderamente grandes marchas de los últimos años en la Ciudad de México han sido en sábado o domingo. Las dos contra la criminalidad, junio de 2004 y agosto de 2008. Las dos contra el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, agosto de 2004 y abril de 2005. Y las cuatro del propio López Obrador contra el supuesto fraude electoral: 8, 16, 23 y 30 de julio de 2006.

Eran movimientos nutridos, seguros de sí mismos. Lo último que necesitaban era molestar a los ciudadanos. El grupo del SME de Martín Esparza, en cambio, desquiciará hoy la vida cotidiana de millones de personas con el insolente argumento de que “su causa” lo justifica.

Al bloquear calles y avenidas, el SME coloca la “lucha sindical” por encima de un joven que perderá una cita de trabajo porque Insurgentes estará cerrado. Al defender la “soberanía eléctrica”, Esparza y sus huestes se sienten superiores a una mujer que no podrá llegar a la sesión de quimioterapia. Afirmar que “nuestra lucha bien vale un sacrificio de los ciudadanos”, es un insulto al prójimo. Autoritarismo vil.

No está por demás recordar que, en el mejor de los casos, el SME (y no todos son esparcistas) es hoy una agrupación de 21 mil personas, que mañana podrían ser 20 mil y el fin de semana 18, 16, 14 mil… Y que en un miércoles se mueven por la superficie del Valle de México siete, nueve millones que no se han mostrado precisamente entusiasmados con los “compas electricistas”.

De ahí la pregunta de por qué no protestan en fin de semana. Quizá porque si, como dice la propaganda en su contra, al SME jamás le interesó dar buen servicio, qué carajos le importará maltratar “unas horas” a esos que, hasta hace un mes, eran sus usuarios.

Forzados usuarios.

gomezleyva@milenio.com