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Se escribe siempre desde un lugar inhóspito: Rivera Garza

La autora de La muerte me da ha sido galardonada por segunda ocasión con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz precisamente por esta novela. Sobre el reconocimiento, comenta en entrevista que “en algunos sentidos es un mismo premio a dos escritoras distintas”.
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  • 2009-11-10•Cultura

Foto: Javier García

Obtener por segunda vez el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, por la novela La muerte me da (Tusquets), despierta en Cristina Rivera-Garza (Matamoros, 1964) alegrías, evocaciones y símiles. De entrada recuerda a esa mujer de 28 años que, luego de haberse perdido durante 18 en la jungla de Ratanakkiri (Cambodia), y al ser regresada al sitio de la civilización, no pretende sino permanecer en la existencia selvática: negándose a todas las formas de la urbanidad.

“Es —comenta en entrevista la columnista de MILENIO— un premio que se otorga en realidad a dos escritoras distintas. Hay una búsqueda que se conserva y ciertas cosas básicas, como la selva personal, el lugar al que siempre se regresa y la idea de que uno siempre está escribiendo para esos seres no civilizados ni domados que viven en las afueras. Eso lo sigo conservando: como la única manera en que vale la pena escribir”.

¿Una primera impresión acerca del reconocimiento?

Me hace pensar que ha llegado la hora de las selváticas. Como se dice comúnmente: las mujeres bien comportadas no hacen historia. Al recordar a esta mujer selvática, que se niega a ser arrancada de la vida que experimentó (extraviada) durante años, pienso de inmediato que ésa podría ser una buena manera para delinear lo que es el escribir. No se escribe desde lugares civilizados, legibles, cómodos, sino desde la selva o desierto, cada quien escoja su paisaje, pero siempre un lugar inhóspito donde no estás protegido, a la intemperie, donde tienes que aprender a vivir.

El trabajo creativo se hace siempre a contracorriente y, en el caso de la mujer (parece), doblemente…

Así debe ser. Pero nos toca a todos por igual. Dentro de la civilización la cosa sigue estando muy difícil. Las teorías feministas son hoy tan necesarias como lo han sido desde que existen. Me parece que hay cosas que definitivamente tendríamos que añadir como parte de un proceso más equilibrado, pero siempre es bueno recobrar aquello de a trabajo igual salario igual. Algo básico.

Y a cada quien según sus necesidades y a cada quien según sus posibilidades…

¡Qué leninistas estamos!

¿De qué manera se concilian contenidos y formas narrativas?

Son parte de lo mismo. Cada materia, cuando pasa a la página, busca al lado del autor maneras de destrozar formas establecidas. Así es como hemos leído, entrenados en determinadas tradiciones; cuando tenemos suerte éstas son plurales o singulares. Cuando escribimos lo hacemos con obsesiones. En el rectángulo de la página se observa la materia, la que encontrará su forma única. Encontrar la forma correspondiente de la obsesión es un momento altamente emotivo y estético.

¿Cómo es que recuperaste en La muerte me da el género policiaco?

Es un género que me encanta. He sido una lectora ávida de géneros menores: de la novela rosa a la policial. Lo que siempre me ha fascinado es cómo avanzo por ese tipo de libros, de Raymond Chandler a Henning Mankell, del análisis crítico y puntual sobre el submundo y los márgenes de las sociedades contemporáneas, otra parte de la literatura. El reto es cómo podemos trasladar estos aspectos a la selva particular, poner un trabajo en diálogo. En este caso fue el de Alejandra Pizarnik.

¿Es la obra una especie de homenaje a esta escritora argentina?

Un homenaje no, más bien un diálogo. La palabra homenaje no me gusta, es rígida y tiende a una jerarquía del poder con las que no estoy de acuerdo. Reapropiarse de lo que es tuyo y que otros han ido dejando en el bosque, como las pequeñitas migajas de Hansel y Gretel, recontextualizadas y puestas en otro tipo de discurso, es algo que, no siendo nuevo, pude descubrir puntos de chispa que pueden resultar interesantes emotiva y estéticamente a los lectores.

¿Recibir doblemente un premio provoca una doble alegría?

En algunos sentidos es un mismo premio a dos escritoras distintas. Un como desdoblamiento. Me da mucho gusto estar con una editorial que ha seguido mis búsquedas y puede publicar libros que venden bien y otros que no, pero que son parte del proceso de apoyar la búsqueda del autor.

¿Cómo observas a tus pares, las mujeres que ahora mismo escriben y publican?

He leído cosas muy interesantes. A Rosa Beltrán (espero sus cuentos reunidos). Me gustaría leer más de Paloma Villegas. Me encanta ver la independencia de criterio de Guadalupe Nettel, Daniela Tarazona o Brenda Lozano. También la poesía de Sara Uribe, Maranta Caballero… Vemos un buen proceso de desarrollo tanto en narrativa como en poseía, lo que me permite afirmar que es el tiempo de las selváticas.

México. Mauricio Flores