Carmen Isabel Lugo Hubp, abogada e historiadora
Se ha minimizado el papel de la mujer en nuestra historia
2009-11-09•Todas
Al igual que le ocurrió a las mujeres durante la Revolución francesa y la Revolución rusa, las mexicanas fueron “postergadas e invisibilizadas” en los capítulos históricos de la guerra de Independencia y la Revolución mexicana, denuncia la abogada e historiadora Carmen Isabel Lugo Hubp.
La autora, junto con Gracia Molina Enríquez, del libro Mujeres en la historia & Historias de mujeres. Una revisión de la historia de México a través de la participación de las mujeres, platica con TODAS sobre la importancia de rescatar del olvido y la exclusión a las mexicanas que jugaron un papel fundamental en la lucha social y revolucionaria de nuestro país, como fueron los casos de Leona Vicario o Gertrudis Bocanegra.
Y no sólo habla de mujeres políticas, Carmen también dedica en su libro un capítulo a la contribución de las cantantes de música ranchera a la cultura popular mexicana, así como de pintoras y actrices que no encajaban en el star system, como ella le llama al mundo de la farándula.
HERENCIA REVOLUCIONARIA
Lugo Hubp es bisnieta de Manuel de Lugo, un hacendado que en 1880 mandó a comprar a París y Barcelona una biblioteca jurídica para sus hijos. En esos libros estudió su tío abuelo, José Trinidad de Lugo, quien fundó el Partido Liberal Mexicano (PLM), uno de los precursores ideológicos de la Revolución mexicana. Defensor de mujeres e indígenas, Trinidad fue asesinado muy joven durante la gesta revolucionaria.
También en esa biblioteca se formó su abuelo, el abogado José Inocente Lugo. Ambos hermanos, Inocente y Trinidad, estudiaron en la Universidad San Nicolás de Hidalgo. Tuvieron como maestros nada menos que a discípulos de los liberales Ponciano Arriaga y Melchor Ocampo.
La Universidad San Nicolás 5explica Carmen Isabel Lugo5 fue un reducto de liberales que dieron la batalla ideológica al dictador Porfirio Díaz y defendieron los principios de la Constitución de 1857.
“Mi abuelo y su hermano se radicalizan; olvidan los compromisos familiares de defender el patrimonio y se lanzan a la Revolución. Fueron presos políticos. Mi abuelo José Inocente Lugo, como representante de los alumnos de la Escuela de Jurisprudencia de San Nicolás de Hidalgo, encabezó varios mítines en los que el Ejército intervino y hubo represión”, relata la también fundadora de la revista Fem.
CERCANA AL ANARQUISMO
Carmen estudió Relaciones Internacionales, aunque nunca ejerció. Después, convencida por su padre, cursó Derecho en la UNAM y recurrió también a los viejos libros jurídicos de su abuelo. “No terminé (la carrera de Derecho) porque siempre me involucré en cuestiones políticas y porque muchas veces prefería irme a (la Facultad de) Filosofía a escuchar a Rosario Castellanos, a Justino Fernández, a Tito Monterroso… Me apasionaban las Letras y la Filosofía”, confiesa.
Fue en esa época, recuerda la fundadora de la Academia Mexicana de Derechos Humanos, cuando conoció a viejos anarquistas españoles asentados en México, como Ricardo Mestre y Hermoso López. “Fue una relación entrañable, rica, que me adentró en la bibliografía y el espíritu del anarquismo (…); eso me enriqueció durante muchos años”, afirma Lugo Hubp con satisfacción.
Además resalta que en aquellos momentos hizo una biografía del anarquista francés Louis Michel, “héroe” de su abuelo: “Mi abuelo nace en 1871, fecha de la Comuna de París, del nacimiento de Rosa Luxemburgo y de muchos próceres y revolucionarios”.
SECUESTRADA Y GOLPEADA
Pionera del movimiento defensor de los derechos humanos en México, Carmen Lugo narra que a principios de los años setenta fue secuestrada y golpeada por la policía política del presidente Luis Echeverría. Fue acusada de pertenecer a la guerrillera Liga Comunista 23 de Septiembre.
“En 1974, el 26 de diciembre, me secuestra un grupo de la Brigada Blanca en la gasolinera de la calle de La Amargura y Revolución a las 10 de la mañana, era un sábado; pensé que era una equivocación”, se remonta Carmen a ese momento doloroso de su vida.
La feminista confiaba en que todo era un error y que por ser hija de un magistrado pronto quedaría en libertad… pero no fue así: llegaron a un edificio y ahí exigió a los agentes que le enseñaran la orden de aprehensión; en respuesta la llevaron a un sótano, comenzó a gritar y fue golpeada con macanas en rodillas y codos, al igual que otros jóvenes y algunas mujeres que también habían sido secuestrados.
“Nos acusaron de ser de la Liga 23 de Septiembre. Fue una pesadilla; se trató de una redada a gente de izquierda; fue una experiencia muy desagradable. Nos dijeron que éramos unos revoltosos y que queríamos tirar al gobierno de Guatemala”.
Al final, Carmen escuchó el clásico “usted disculpe” y quedó en libertad porque todo se había tratado de una confusión: “Salí de ahí con las piernas temblorosas, pero también con una terrible culpa porque ahí se quedaron una niña indígena y una señora de la colonia Narvarte y yo sabía que si regresaba por ellas a lo mejor me llevaban al Campo Militar”.
Tiempo después, cuenta Lugo Hubp, tuvo oportunidad de conocer a Gloria Brasdefer, quien fue la responsable de la oficina del Año Internacional de la Mujer y trabajaba en la PGR. La historiadora aprovechó para contarle de su secuestro y de que seguía siendo vigilada por sujetos a bordo de vehículos sin placas. “Le dije ‘ojalá pudieras hacer algo’, y nunca más volvieron a aparecer los coches sin placas”, celebra Carmen.
LA REVISTA FEM Y ALAÍDE FOPPA
Lugo Hubp habla sobre la estrecha relación que tuvo con intelectuales guatemaltecos asilados en México, como Tito Monterroso, Luis Cardoza y Aragón y Alaíde Foppa. Por iniciativa de la feminista guatemalteca, Carmen comenzó a vender los fines de semana libros sobre derechos de las mujeres en la Casa del Lago, en una mesita que bautizaron como la Librería Simone de Beauvoir. En ese lugar también comenzaron a asesorar a muchas compañeras sobre violencia de género, problemas laborales y otros asuntos legales, por lo que al poco tiempo el espacio fue conocido como “el bufete jurídico de las feministas”.
“Alaíde después organizó un grupo que se llamó Tribuna y Acción para la Mujer, fue iniciativa de ella como también lo fue (su programa en Radio Universidad) Foro de la Mujer. Y entonces empezó la revista Fem como un proyecto entre Margarita García Flores y ella; ellas fueron las impulsoras”, rememora.
Con tristeza, Lugo también recuerda la desaparición de Foppa: “Cuando desaparece Alaíde fue una pérdida no solamente humana entrañable, sino también (se perdió) una dirección, la sabiduría que ella tenía, el conocimiento de varias lenguas y su autoridad moral”.
HISTORIA DE MUJERES
Carmen cuenta que la inquietud por escribir el libro Mujeres en la historia & Historia de mujeres surgió de la necesidad de develar lo que la historiografía oficial omitía respecto a las mujeres. “Se repetían las fichas, los clichés, y nosotras (Carmen y Gracia Molina Enríquez) teníamos un acervo personal, familiar, que quisimos socializar y nos juntamos. Este libro lo platicamos cerca de 20 años”, subraya.
El proyecto fue pospuesto mucho tiempo debido a las múltiples actividades de Gracia, quien como una de las líderes del movimiento chicano en Estados Unidos, viajaba mucho y tenía diversos compromisos políticos y académicos.
Fue hasta el 22 de octubre de 2001 (un día después del asesinato de la activista de derechos humanos Digna Ochoa, recuerda Lugo Hubp) cuando por fin arrancó la redacción de la obra en un rancho del Bajío mexicano.
“Ahí empezamos a trabajar y a discutir; planeábamos un texto en seis meses que Gracia tenía que presentar en Washington (…). El texto fue creciendo y nos llevó por donde quiso; salió primero de 850 páginas pero tuvimos que reducirlo (…); se fue alargando y la corrección llevó mucho tiempo (pero) ahí está”.
Carmen Lugo aclara que el libro fue completamente financiado con recursos propios y préstamos familiares y de amigos: “Fue difícil porque Gracia no quiso aceptar ni una hoja de papel de ninguna fundación para tener la libertad de decir lo que quisimos escribir”.
HEROÍNAS DE SEGUNDA
Con la investigación “comprobamos que durante el siglo XIX se minimizó la participación de la Corregidora (Josefa Ortiz de Domínguez), Leona Vicario y de otras mujeres como Mariana del Toro de Lazarín, Gertrudis Bocanegra, a quienes se les consideró heroínas de segunda clase. Eso se refleja también en la nomenclatura; las calles que llevan el nombre de estas mujeres siempre son menos importantes, mal situadas, menos iluminadas que las de los próceres”, lamenta Carmen.
Prosigue: “Leona Vicario tuvo una importancia político-militar, logística, insoslayable. Mi abuelo siempre la consideró su heroína particular; sentía por ella verdadera devoción”.
Y es que, relata Carmen, su tatarabuelo, un hacendado minero de nombre Martín de Lugo, era un niño cuando presenció en la Hacienda de Tegohuete, en la sierra de Guerrero, la llegada de José María Morelos y Pavón, quien iba a un congreso en Chilpancingo. A pesar de que llegaba derrotado por las fuerzas realistas, el insurgente fue recibido como un héroe, con fuegos artificiales, comida, música y caballos nuevos. Entre otros rebeldes como Nicolás Bravo y Juan Álvarez, Morelos iba acompañado por Leona Vicario y Andrés Quintana Roo, quienes un año antes habían pasado su luna de miel en Tegohuete.
“Cuando mi abuelo fue gobernador de Guerrero en los periodos de Madero y Cárdenas siempre construyó alguna escuela a la que le puso el nombre de Leona Vicario y procuró poner el nombre de la heroína a alguna calle, alguna plaza. También cuando fue gobernador de Baja California en 1921 construyó algunas escuelas a las que les puso el nombre de la prócer de la Independencia”, enfatiza la escritora.
RESCATAR LA MEMORIA
Lugo Hupb explica que en el libro también se incluye a mujeres que aportaron a la cultura popular mexicana: “No incluimos ni a la Doña (María Félix) ni a muchas del star system. Siempre preferí a (la pintora) María Izquierdo sobre Frida Khalo, a (la actriz) Andrea Palma sobre la Doña, a Estela Inda, a las mujeres que realmente hicieron algo por el pueblo de México”.
Subraya que hay un capítulo dedicado a las cantantes de ranchero. Platica que trabajó directamente con la cantante María de Lourdes en un proyecto para rescatar a la música mexicana. “Fue fascinante, trabajábamos a veces en su casa y en su archivo. También trabajé con Guadalupe Mejía La Yaqui y tengo para ellas el mejor recuerdo. Es muy pobre lo que escribimos sobre ellas, por cuestión de espacio tuvimos que recortar, pero ojalá se refleje aquí que para mí ellas están a la altura de las mejores”.
Entre otras mujeres que aparecen en las páginas del libro figuran la bióloga Elia Bravo; la doctora Amelia Sámano Bichot, quien hizo valiosos aportes en la lucha contra el cáncer; y la luchadora social María la O, defensora de las tierras y playas de las comunidades de Acapulco ante la voracidad de empresarios turísticos que se las han arrebatado.
POLÍTICOS SANGUIJUELA
Carmen resume que con el libro las autoras hacen oír su voz como nietas de revolucionarios que participaron en la redacción de los artículos 27 y 123 de la Constitución de 1917.
“(Escribimos el libro) para demandar esas reivindicaciones por las cuales nuestros abuelos estuvieron presos, perdieron su patrimonio y sufrieron el ostracismo durante muchas décadas, porque los ‘políticos’, que para mí no son políticos sino sanguijuelas del erario, hicieron a un lado a los intelectuales del Partido Liberal de 1901, del Partido Anti-reeleccionista de 1906 –fundado por los abuelos de Gracia– se dedicaron a realizar obra pública para hacer grandes negocios y se olvidaron del cumplimiento de las
leyes”, explica.
Lugo Hupb remata: “Porfirio Díaz regresó al proletariado mexicano a la esclavitud, ése era el régimen en las haciendas henequeneras en Valle Nacional y en las fábricas textiles y tabacaleras en donde las mujeres dejaban su vida por un salario que (en realidad) era un mendrugo, una limosna”.






