¿Qué sabemos de la experiencia de las mujeres en la guerra?

El caso de la guerra representa un escenario ejemplar de la política del cuidado. El conjunto de actos que implica “cuidar a los otros”, si es visto desde la perspectiva de género, visibiliza todas las potencialidades de la feminidad.
  • 2009-11-09•Todas

Marisa Belausteguigoitia.
Marisa Belausteguigoitia. Foto: Javier García

Estudiar y analizar un evento desde la perspectiva de género es un enorme reto. Significa no sólo lo que hemos repetido y difundido al cansancio resignificar las diferencias que nos reducen como personas y como sujetos autónomos e inscribir la posibilidad de la equidad, sino visibilizar las formas del análisis que comprueban las desventajas e inequidades del ser mujer. Las mujeres sólo pueden rehusar a cuidar a nutrir y a parir a costos muy altos; estas tres actividades están inscritas indeleblemente en la cultura, a fuerza de machacar que son biológicas. Ir en contra o contrapuntear este mandato biológico y entenderlo como una política del “cuidado hacia los otros” a cargo de las mujeres, es fuente de muchos disgustos, grandes sanciones y castigos reiterados.

El caso de la guerra representa un escenario ejemplar de la política del cuidado. El conjunto de actos que implica “cuidar a los otros”, si es visto desde la perspectiva de género, visibiliza todas las potencialidades de la feminidad, no sólo las “blandas”, las del cuidado, y hace patente no sólo el carácter construido del “cuidado pretextando inclinación y hasta fundamentos biológicos, sino todas las formas en que las capacidades físicas e intelectuales de las mujeres pueden ser restringiditas.

El libro de Lucía Rayas, Armadas. Un análisis de género desde el cuerpo de las mujeres combatientes, nos permite visibilizar las formas en que las mujeres se han armado de dos formas distintas: con la palabra y con la razón, con el fin de demostrar que valen para cualquier actividad, aun en las peligrosas y violentas y con fusiles y armas de guerra, como integrantes del combate en el Ejército y en la guerrilla.

El libro cumple con creces su objetivo: analizar desde el cuerpo, y desde el cuerpo de las mujeres, la guerra. Tenemos repleto el imaginario de lo que es el cuerpo de los hombres antes, durante y después de la guerra, desde Marilyn Monroe en Vietnam, el soldado sin piernas de regreso de Irak recibido por la mujer que lo
esperó durante años y ahora lo cuida y cuidará por los siglos de los siglos, hasta las películas de los veteranos que son abandonados con sus cuerpos rotos, sus sillas de ruedas y su decepción por la patria. Tenemos muchos relatos del horror, de la frustración, de la injusticia y de lo contrario de la gloria, de la justicia, del éxtasis de los hombres en combate.

No sucede así con las mujeres. ¿Qué sabemos de la experiencia de las mujeres en la guerra? Las feministas y las historiadoras y los estudiosos del género hemos tenido que escarbar y hacer un trabajo arqueológico para saber qué pasó en su diversidad y profundidad con las Adelitas, por ejemplo. Hay un película maravillosa, La Negra Angustias, que señala con mucho tino los rangos de poder y no poder de una mujer en combate en la Revolución: acaba enamorándose de un catrín (maestro). Allí se centra la trama y allí se descoloca a la revolucionaria y se recoloca a la mujer. Cuando un hombre se enamora en la guerra se vuelve doble, triple guerrero: de
la tierra, de la patria y del amor. Una mujer que se enamora en la guerra se la devuelve a la tartamudez y la indefensión.

Armadas. Bellísimo título, muy acertado. El libro de Lucía Rayas muestra cómo las mujeres se han armado con múltiples tipos de herramientas, desde las bélicas hasta las de la palabra, la resistencia, la acción, el silencio, la fuga y el disciplinamiento. Armadas de palabra, armadas de razones, armadas de coraje por la forma en que son tratadas en los campos militares. Recordemos la frase “Mujeres y niños primero”… en realidad siempre vamos al último en la cuenta en lo que empoderar y primero cuando se trata de la protección a desvalidas. En Armadas vemos cómo se trata, se concibe, se define y redefine a las mujeres, cómo su conceptualización oscila (poco) de la categoría de mujer como un ente biológico, a la de sujeto en pleno uso de conciencia y en posesión de su cuerpo y de su lengua.

Armadas analiza dos escenarios bélicos: la guerra de guerrillas en Salvador y la guerra en Irak. Mujeres centroamericanas y norteamericanas se unen en la lucha por la patria (muy distintas patrias la de Salvador y la que defiende la invasión de Irak, la patria del petróleo).

Mujeres en combate: Lucía Rayas contribuye a procurar un imaginario visual, oral, textual sobre las mujeres en la guerra. Nos muestra cómo se arman de razones y de experiencia. Nos enseña cómo la guerra para ellas es doble, triple, en contra del enemigo común y luego contra los hombres que las quieren someter, violar, amar, cuidar, proteger, castigar.

Hay razones caballerescas y razones discriminatorias, ambas nos minimizan, las que nos quieren salvar y cargar en medio del bombardeo (aunque confieso que me emociono cada vez que el soldado salva a la combatiente… me emociono distinto si es al revés, cuando la combatiente salva al soldado). El libro de Lucía Rayas muestra cómo nos armamos y cómo nos desarman, cómo nos deshacen al pedirnos que regresemos la función para la que supuestamente nacimos: la nutrición y el cuidado. Mujeres desarmadas, desmembradas, rehechas por el enemigo y por sus compañeros y mujeres armadas, empoderadas y rehechas, también, por sus autoridades y sus ejércitos.

El libro hace lo que un buen texto posibilita: plantear preguntas:

¿Cómo se entiende la lucha armada desde la perspectiva de género? ¿Cómo se transforma o subraya la guerra, los actos de guerra cuando se abre el visillo de las mujeres, cuando podemos verlas en acción?

La hipótesis comprobada, pero complejizada de Rayas, es que existe una desestabilización de paradigmas de lo femenino y lo masculino en la integración de las mujeres al Ejército y a todo lo que esto implica, uso del cuerpo: disciplinamiento, fuerza, arrojo, valentía y sometimiento, pero también sacrificio y nutrición.

Armadas nos dota de forma muy estructurada de las dimensiones femeninas del compromiso guerrillero, lo que pasa con el deseo sexual en combate, en el encierro, en la invisibilidad. ¿Cuándo, cómo y por qué son madres las guerrilleras? Cuando los jefes lo permiten, en resumidas cuentas, cuando quieren, cuando es estratégico, cuando se enamoran, cuando ella no es comandante.

El libro muestra cómo al final del día las mujeres son guerreras igual, armadas igual, luchadoras y estrategas igual, pero en un instante se convierten en cuerpo, carne de mujer. Cuando ese momento blando, oloroso, incitante o desquiciante llega, llevan todas las de perder: cuidarán hijos de otras, darán sus hijas a otras, parirán los hijos de otros, abortarán por razones de otros.

Eso es lo que libro muestra de forma transparente, lo que significa la dimensión de la posibilidad y de la imposibilidad femenina en territorio bélico, la dimensión de la dominación patriarcal en el campo de batalla. Por otro lado también muestra las formas de resistencia de las mujeres, es decir, las estrategias de reconfiguración y ruptura que subraya el femenino guerrillero. ¿Cómo modifican las mujeres estos escenarios? ¿Qué ofrece el Ejército a las mujeres? ¿Cómo las transforma? ¿Qué nuevos gestos bélicos y guerreros se develan y se concretan con las mujeres en el Ejército?

Al final su conclusión es que las relaciones de género, de poder, cambian, se transforman con la integración de las mujeres al entrenamiento militar y al combate armado. Por eso somos tan insistentes y queremos estar en todos lados, porque nuestra presencia galvaniza, tensa, y al final obliga a la transformación. Eso esperamos que pase también en la política, que hagamos una diferencia.

El libro subraya la insistencia en el control del cuerpo de las mujeres con una claridad prístina (pensemos lo que pasa en los 17 estados que han controlado el cuerpo de las mujeres al aprobar reformas a la constitución que establecen que la vida humana, como bien, se inicia en el momento de la concepción, lo que penaliza cualquier interrupción del embarazo, en algunos casos hasta cuando peligra la vida de la madre… ¡Hasta dónde podemos llegar!).

La paradoja emerge cuando establecemos que las características que definen a un buen soldado son las mismas que definen a lo femenino: entrega, sacrificio, disposición a darlo todo a cambio de: la misión revolucionaria, la patria, los soldados y la familia, la cultura y el bien de la nación. El modelo masculino de rudeza, agresividad y dominación era adoptado no sin muchos conflictos (120). Las mujeres en la guerrilla salvadoreña reprimían sus sentimientos y emociones y muchas veces la maternidad se vivía de forma simbólica… se vivía un doble discurso: por un lado se mantuvieron los valores conservadores respecto de la mujer, su cuerpo y sus funciones, y por otro se ponía de relieve el papel temporal de la mujer-pueblo combatiente, cuyos atributos se miden por el genérico masculino. Esto les permitía ciertos rangos de libertad sexual, muy castigada al regresar al marco de la mujer tradicional.

La segunda parte del libro aborda la participación de mujeres en el Ejército estadunidense. La guerrillera y la soldada forman el libro. Son muy distintas las motivaciones. La mujer que ingresa a las fuerzas armadas estadunidenses no se diferencia de los hombres o mujeres mexicanas que entran al Ejército, en su mayoría lo hacen por razones de educación y oportunidades, por su clase social. Se centra en dos personajes escogidos muy estratégicamente, Jessica Lynch y Lyndie England. Las dos representan montajes de muy distinta índole. El primero, del “rescate” innecesario de una patria femenina que se encontraba en un hospital; el Ejército estadunidense convirtió una misión de abastecimiento de agua en el rescate de la mujer atrapada por la barbarie. Rayas utiliza la figura de la Mujer-Nación para exponer la conmoción y el desborde de la ciudadanía estadounidense “of the girl next door,” y para describir la forma en que los americanos se vuelcan emotivamente con el relato de la heroína que da su vida por la patria. Una mujer negra y una mujer hopi también gravemente heridas no hubieran podido ocupar el lugar de la “girl next door” que ocupó Lynch.

Este caso me hizo recordar el caso de Ramona, comandante del ejército zapatista el año 1996 que vino a México. La diferencia de mujer-nación, de una indígena zapatistas.

Los relatos de liberación de mujeres son parte del análisis de Rayas, incluye el de la liberación de las mujeres en Afganistán (talibanes)

Dentro de esta propuesta de los feminismos de la diferencia y la igualdad, contamos con la representación como “juegos de verdad” que analiza Lucía Rayas. En el texto da líneas argumentativas interesantes, relata cómo las mujeres, dada su naturaleza conciliadora, son mandadas a misiones de paz por la ONU con expectativas que sean más exitosas, pues calman, no incitan a la violencia y tienen más temple.

En realidad el libro ofrece casos para fundamentar todas las líneas argumentativas. Menciono uno, de carácter contrario a la naturaleza nutriente y protectora: en Guantánamo una sargenta embarraba en la cara de los prisioneros musulmanes sangre menstrual falsa, para humillarlos, aprovechando tabúes religiosos.

Myra Peterson, señala Rayas, contribuye muy atinadamente al debate: “El punto central es que a ningún individuo, hombre o mujer, debería permitírsele que ocupara puesto alguno que él o ella no pudiera desempeñar satisfactoriamente en situación de guerra por cualquier razón. El género es difícilmente el mejor criterio” (Armadas, p. 187).

El libro plantea y responde cuestiones centrales: ¿Qué es el Ejército? Un medio de distribución de oportunidades educativas, ciertos privilegios o necesidades como la ciudadanía.¿Qué ganan las mujeres en el Ejército? ¿Qué gana el Ejército con las mujeres?¿Qué implica pertenecer, siendo mujer, al Ejército más poderoso del mundo? ¿Se han podido subvertir los ordenamientos de género? ¿Se ha intervenido en el ordenamiento simbólico? ¿Son las mujeres más dueñas de sus cuerpos?

En Estados Unidos las mujeres parecen haber transformado su situación, aunque no necesariamente su condición. Leyes en torno al matrimonio y el divorcio, leyes en cuanto a salud y derechos reproductivos, participación militar, plena participación en deportes.

Rayas no cierra las reflexiones, nos abre preguntas y ofrece escenarios donde las mujeres son carne de canón, cuerpo de batalla y mujeres armadas en cuerpo, en palabra y en fusil. Un texto que merece mucho una lectura detenida.

*Directora del Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG)

Marisa Belausteguigoitia*