Carlos Aguirre, diseñador de Debate Feminista

“En México las imágenes sirven como objeto de decoración”

Quizás de una manera ignorante, pensaba que una portada de Debate Feminista la tendría que hacer una mujer. Ella insistió en que la hiciera yo.
  • 2009-11-09•Todas

¿ Cómo empezaste a hacer las portadas de Debate Feminista?
Realmente fue por Marta Lamas que las empecé a hacer. Quizás de una manera ignorante, pensaba que una portada de Debate Feminista la tendría que hacer una mujer. Ella insistió en que la hiciera yo.

¿Por qué?
Me imagino que no conocía a ninguna mujer que pudiera hacer una portada que le gustara tanto como las mías. Pero la primera portada no me gusta, porque no estaba yo conectado, ni relacionado con lo que era Debate Feminista. El diseño lo hizo Azul Morris, alguien más habría hecho la tipografía y yo lo único que hice fue una imagen. El acuerdo inicial fue que yo hiciera una imagen que tuviera relación con la escritura, y así fueron las siguientes cinco o seis portadas. Muchas portadas tuvieron que ver con imágenes de escritura. Otra cosa que me resultaba divertida era que Marta no quería que fueran “mujeriles”, que tuvieran alguna relación con mujeres. Quería la portada lo suficientemente abierta para que cualquier persona pudiera relacionarse con ella.

¿A qué te refieres con “abierta” y “mujeril”?
A que no tuviera imágenes de mujeres famosas, o lugares comunes de lo que pudieran ser las portadas de revistas feministas.

¿Cuáles son esas portadas típicas de las revistas feministas?
Tú ve... Fotos de gente importante, de mujeres. Muchos de los libros que tratan temas feministas tienen alguna referencia a alguna mujer. Aquí la idea es que la cosa fuera más abstracta. Hubo algo divertido: los primeros ocho debates los hice cumpliendo con esas características y lineamientos que habíamos acordado Marta y yo. Pero cuando me di cuenta de la libertad con que muchas personas participaban en la revista y que yo seguía haciendo portadas con las característica que habíamos acordado Marta y yo, entonces me dije: no se vale. Era una etapa en que no cobraba y me dije voy a hacer lo que quiera. Así empecé de alguna manera más provocadora a seleccionar los signos que iba a utilizar en la portada, según el tema. Me acuerdo de una cosa muy divertida de cómo utilizar las cosas. En el noveno número se hablaba sobre censura. Yo había conseguido un maniquí, bastante ambiguo sexualmente, pero tenía la boca pintada y eso lo hacía parecer mujer y por lo tanto, cuando Marta la vio... A Marta le sucede una cosa divertida: cada vez que hago una imagen me dan ganas de mostrársela, pero Marta lo primero que hace es que no quiere verla.

¿Por qué?
No sé si le valga... No, más bien creo que le cuesta trabajo relacionarse con las imágenes. Las imágenes que hago abarcan portada y contraportada, lomo. No sé, nunca he podido descifrar qué le sucede. La cosa es que en esa ocasión se la mostré y saltó y dijo “quítale la boca”. Esto prácticamente era imposible, porque ni modo de volver a tomar la foto. La foto ya estaba, ya se iba digitalizar.

¿O sea que la boca no debería aparecer?
El símbolo de la boca pintada no debía aparecer porque eso mostraba un maniquí femenino en una revista feminista. Lo divertido fue que en un número dedicado a la censura lo que hice fue poner el título de censura, censurando la boca. De todos modos la boca ya seccionada la puse en la contraportada. Eso lo digo para ejemplificar lo que me ha pasado con Marta en varias portadas. Varias veces he intervenido la imagen, he provocado, he hecho cosas a partir de cambios. Otra anécdota es que en alguna ocasión la revista se retrasó hasta mayo, es decir, dos meses. Siempre me dicen que es para anteayer, pero siempre se reatrasan. Por amable, le puse mayo al mes en que iba a salir y Marta me habla por teléfono y me dice que había un error imperdonable en la portada de la revista, y yo que la tenía en la mano —porque ya había salido— no entendía qué estaba mal, hasta que me dijo que debí poner marzo y no mayo, que siempre ha revista había salido en marzo y septiembre, que se había elegido marzo por el Día Internacional de la Mujer y que ahora había que correrlo a abril y octubre.

Digamos que mi relación con las feministas había sido bastante fuerte, pero nunca a ese nivel, como para saber que en marzo era el Día de la Mujer. Otra de las cosas que ha pasado es que nos hemos mentado la madre innumerables veces, le he renunciado varias veces, ha habido...

¿Por qué has renunciado?
Porque a veces me harta por cuestiones de ese tipo. Porque sentía que no le daba importancia a mi trabajo. Pero tengo que reconocer que hace varios números Marta ha cambiado, yo ya no le he renunciado, ni Marta me ha echado bronca. Hemos empezado a trabajar juntos.

Tu relación con la revista es exclusivamente con Marta Lamas. ¿Tienes retroalimentación del consejo editorial, del lector, del público?

Ahora hay comentarios. La revista ha publicado 21 números y ha ido adquiriendo una identidad. Mi trabajo ya no funciona como una portada única. La misma gente compara una portada y otra. Se entiende que hay un proyecto. De alguna manera se percata de las diferencias y me lo comentan. Al principio no se daba eso. Mi ego tampoco está tan dependiente de esa parte del diseño de la revista. Ya no he entrado en ese tipo de conflicto, pero en un principio se dieron así las cosas. Hubo un momento divertido, cuando estaba por salir el número 5. Ana Luisa y yo nos habíamos ido a París un año a vivir. Marta me dijo que el consejo editorial había decidido que ahora sí la portada la iba a diseñar una mujer. De repente me habla Marta en el S.O.S. No habían conseguido a ninguna mujer, y me pedía, por favor, que hiciera la portada desde allá. Fíjate las tonterías y las cosas que de repente eran los choques. Me dio mucha risa y le dije que le seguía haciendo las portadas siempre y cuando me comprara los objetos que iba a meter en las portadas. Y sí la hice y quedó muy padre. Luego me habló y me dijo que quería que por favor le diera esos objetos a Azul Morris. Le respondí que sobre mi cadáver, que esos objetos eran mi único pago que tenía por hacer esas portadas.

¿No te habían pagado nada?
No. Pero últimamente me pagan y yo también les cobro.

¿Les cobras como a cualquier editorial que te pide una portada?
Sí, excepto cuando Marta me dice que en ese momento no hay lana. No hay problema. Pero cuando ha habido lana Marta me paga, lo cual me parece correcto. En un principio hubo momentos en que algunos de los objetos me los quedé. Sobre todo los dos que hice mientras estaba en París. Ella los pagó, yo me quedé con ellos a modo de pago. Siempre ha habido este tipo de intercambio. En diez años ha habido muchas anécdotas. Ha habido portadas en las cuales he tratado de encontrar alternativas. Hay portadas en que ella me ha sugerido alguna imagen o me ha dado algún objeto y yo he tratado de contextualizarlo dentro de lo que pudiera ser, no la ilustración obvia del contenido de la revista (jamás sé de qué va a tratar la revista, más o menos me dicen los temas), sino una interpretación libre y simbólica de los temas. Eso lo hago en casi todas las portadas. Casi nunca indico cuál es el asesino en la portada. Generalmente hago algo que a la gente le funcione como un elemento atractivo. Lo que me interesa en una portada es que jale el ojo.

METÁFORA O SIMBOLOGÍA CULTURAL

Te vales de objetos metafóricos, pero no sé si reflexionas deliberadamente sobre “objetos metafóricos” o “simbología cultural” o si te sale así no más.

Es una mezcla de varias cosas, inclusive de una selección previa de objetos provocadores. Pero la forma como resuelvo la mayoría de las portadas –no sólo las de debate sino en general– es por lo que llamo un proceso de atracción/atención. Si en una librería te atrae una portada, el siguiente paso va a ser que tomes ese libro, esa revista y veas de qué se trata. Primero te atrae, después le pones atención; si eso sucede, ya cumplí. El siguiente paso sería que la persona realmente entendiera de qué se trata la revista, si le interesa y si vale la pena comprarla. Ése es otro proceso. Yo utilizo imágenes fuertes, provocadoras; en el lomo del número 21 aparecen puros condones. En ese sentido, creo que mi relación con Debate Feminista no es como un trabajo estrictamente profesional, pues además hay una afinidad en la ideología de ambas partes. Me interesa lo liberal que es la revista. Me interesan los temas que toca, aunque confieso que he leído pocos artículos. Pero siento que vamos por un camino que creo que puede ser útil a este país.

¿Crees que es una revista crítica de la política y la vida cotidiana?
De la vida cotidiana y en contra de los planteamientos conservadores que abundan en este país. Por eso muchas veces me doy el gusto de poner cosas que sé que me van a joder, porque creo que lo divertido es eso.

En cuanto a las portadas, ¿por qué en la mayoría usas colores neutros? ¿Forma parte del concepto a la hora de hacer el diseño?
Creo que soy el único artista, en este caso diseñador mexicano, que no sigue los colores tejocoteros de Tamayo, y te voy a explicar por qué: hice una maestría sobre colores. Estudié mucho sobre color hasta que concluí que los colores son mucho más complejos que su utilización de un catálogo de Convex. Empecé a desarrollar mi concepto de color mezclando; uso todos los colores, lo que pasa es que no trato de que parezca un catálogo de colores.

En efecto, la mayoría de las portadas tienen colores bastante neutros, lo cual tiene un objetivo: darle relevancia al objeto que cumple su función de signo. Si utilizara un fondo rojo tendría que tener una razón de por qué lo uso. Pero la mayoría de los temas son tan serios, tan densos, que no podría usar los colores de virs para anunciar una portada con esas características. En realidad, no lo hago por un miedo al color o una necesidad de hacer sombras. Lo que trato es de diferenciar un lomo del siguiente. A veces he hecho dos revistas oscuras seguidas y me digo ¡qué bruto!, debería haber metido una clara intermedia. Últimamente lo que he estado haciendo es alternar una clara y otra oscura y de repente digo: a esta revista le puede funcionar un color más cromático.

¿Qué portadas te han gustado más?
Me gusta mucho la décima. El tema fue “cuerpo y política“. Utilicé una prótesis porque me pareció la manera más divertida de representar la política de nuestro país respecto del cuerpo. Nunca hablan del cuerpo, hablan de algo que quisieran que fuera el cuerpo.

¿Crees que la precisión quita imaginación e impide que te vayas por caminos no previstos?
No, no evita que te vayas por otros caminos. Pero las cosas se vuelven obvias. Cuando me metí a hacer portadas en México me empecé a dar cuenta de que la gente, en general, si el título ponía “La palmera verde”, lo ilustraban con una palmera verde; eso es redundancia. Si el título es la palmera verde, a lo mejor tiene que ver con una relación amorosa, o con alcohol o con lo que sea, que complemente la imagen. Si dicen equis tema no es necesario ilustrar ese tema específico. Eso puede funcionar, por ejemplo, para ilustraciones interiores. Muchas revistas especializadas en literatura, por ejemplo, cuando reseñan algún libro hacen ilustraciones bastantes precisas, te ponen a los personajes, te describen visualmente qué hicieron esos personajes. Pero en las portadas eso no lo puedes hacer porque sería obvio, tendrías un resumen del contenido en la portada, con lo que se perdería tu posibilidad de interpretar libremente lo que el autor quiere decir.

FUNCIÓN DE LA IMAGEN

Pensando concretamente en Debate Feminista, ¿cuál debería ser la función de la imagen? ¿Piensas que debe tener una función específica dentro de la revista?
Creo que una parte de la gente que está relacionada con la escritura, ya sea investigadoras(es) o escritoras(es) pierden algo al tratar de establecer nada más en imágenes escritas los conceptos. Creo que pierden la posibilidad de combinarlas con imágenes visuales. Yo prefiero las imágenes visuales, pero ése es mi trabajo. Me dicen más que algo estructurado de una manera literaria o un escrito periodístico. Hay diferentes maneras de lectura, y la lectura de las imágenes visuales puede ser un complemento realmente muy importante para la revista y dejaría de ser una revista tan ladrillo.

¿Podríamos decir que con esto estamos abriendo al comité editorial de debate a una búsqueda y a un conocimiento que hasta ahora la revista no ha demostrado? Y que de hecho tenemos una riqueza en este país, mujeres y hombres haciendo apuestas muy interesantes por la creatividad. ¿Podrías platicarnos sobre lo que has ido encontrando?
El problema de México es que no tiene la tradición visual que tiene una cultura como la inglesa.

En México las imágenes sirven como objeto de decoración y punto. Ve las revistas en general: Letras Libres, Nexos, cualquiera de ellas, y realmente es muy pobre la propuesta visual que tienen. Creo que esta falta es muy difícil de subsanar a través de una sola propuesta. Creo que es prácticamente imposible poder hacer que la gente aprenda a ver. Eso se aprende desde la niñez; no estaría mal iniciar ese proceso y complementarlo. Habría que presentarles imágenes que no respondan a las tradicionales, tipo Triple Jornada y otras. Por eso insisto en que sería interesante incluir a estas artistas para ver cómo interactúan. En el primer momento se trata de conocerlas, quizás más adelante surjan propuestas más ricas para la revista.

Me llama la atención que la mayoría, si no es que casi todas las revistas en este país, tienen una cerrazón a imágenes diferentes, novedosas, atrevidas...
Por ser amables...

…por ser amable, y que realmente les cuesta mucho trabajo experimentar, aventurarse, probar otras cosas.
Lo he visto y es algo que me llama la atención y que he discutido con alguna gente de otras revistas. Letras Libres me rechazó dos portadas porque eran “fuertes”, y yo no lo puedo entender si los títulos que estoy leyendo de artículos que van a publicar son temas fuertes; lo mismo hablan de Chiapas, que de cuestiones políticas, culturales...

…de la violencia...
De la violencia. Uno de los temas que tuve que ilustrar fue sobre la caída del Muro de Berlín y me rechazaron la portada, y pusieron algo bastante anodino. No entiendo la lógica, por qué los textos pueden ser fuertes y las imágenes no. Eso habla del poder de la imagen. Por ejemplo, es lo que pasa con Sanborns, que se ha vuelto la cadena de librerías más importante en México, actualmente varios de los editores tienen miedo de molestar a las autoridades culturales de Sanborns.

¿Hay una censura explícita?
Sí, hay una censura. Al último libro de Vázquez Montalbán, sobre Marcos, y que tiene aquella foto de Marcos donde pone el signo del pito en la mano, le tuvieron que diseñar una fajilla. En España circula libremente. Pero en México tiene que tener una fajilla que tape el dedito de Marcos para que se venda en Sanborns. En Alfaguara me hicieron modificar una imagen para un libro de Carmen Boullosa porque aunque era bellísima, había una jícara de agua con un pubis. El pubis apenas se percibía, era un triángulo negro, y me lo hicieron cambiar para no molestar a la gente de Sanborns. Tuve que meter otro bicho porque el problema era que en Sanborns no lo iban a mostrar nunca. En ese proceso de derechización que viene creciendo en México, antes existía la autocensura, ahora ya existe una censura. Si de por sí la gente le tiene miedo a las imágenes, pues no sabemos a dónde vamos a llegar, terminaremos haciendo libros más aburridos que los del Fondo de Cultura Económica.

Lucero González