Veinte años de Debate Feminista

El éxito de las teorías básicas del feminismo es innegable, y el México de los años setenta no se reconocería en el actual.
  • 2009-11-09•Todas

Foto: Claudia Guadarrama

Si uno se pregunta sinceramente, con la seriedad del monólogo interior, qué sentido tiene hacer una revista como Debate Feminista, puede contestarse con celeridad: ninguno, no tiene ningún sentido, es arar en el mar (o como proponía Efraín Huerta “Orar en el mar”). La derecha tiene más influencia social que nunca, por momentos parece que ni la Reforma liberal del siglo XIX ni la Revolución mexicana, ni siquiera la modernidad, han transcurrido en México. En 16 estados de la República han eliminado cualquier causal del aborto permitida por la ley y han declarado que la vida empieza en el momento de la fecundación, por lo cual el aborto pasa a ser penalmente un crimen (en Sinaloa, por ejemplo, condenan a 50 años de cárcel a la mujer que aborte). Esta campaña victoriosa en contra del Estado laico y de los derechos humanos la ha encabezado el PRI y, en menor medida en cuanto a votos, el PAN. Beatriz Paredes, dirigente del PRI, alega para sorpresa de los argumentos convincentes, que el PRI no interviene en los juicios de sus militantes, con lo cual lo convierte en club social de ocasión. Y los grupos y partidos políticos que no atienden a esa demanda medieval no hacen declaraciones para que no los confundan con las parteras clandestinas. El siglo XIII en acción.

La derecha confesional lleva años con el control, digamos que espiritual, de la élite del poder en su conjunto, los educa (es un decir) desde el jardín de niños hasta la universidad privada y en sus cursos de maestría en recursos morales indica a sus alumnos las rutas del pensamiento bien recibido en los cielos; tiene la confianza religiosa y monetaria de las esposas y los hijos de políticos y magnates (la misma especie en diferentes oficinas), y cuando hace falta, los acoge en retiros espirituales donde se reflexiona sobre las responsabilidades para con los semejantes, y se amplían las responsabilidades y se reduce al mínimo el número de los semejantes, ya también los socios. La televisión se ausenta de estos debates porque las horas de la familia son 24 al día. La derecha, se quiera o no, es una sola (no hay tal cosa como una “derecha moderna”), y hasta hace poco la izquierda honraba su tradición: si quedaba un solo izquierdista, éste se las arreglaba para cortarse en 32 partes. Se diga lo que se diga, la tiranía de lo políticamente correcto en México no está en manos de la izquierda sino de la derecha, que para ello cuenta con todos los recursos, la obsesión de eliminar la heterodoxia y la disciplina del odio. La postmilitancia todo lo invade, y muchos jóvenes se abstienen de creer por temor a decepcionarse. (Éste sí es el gran autoengaño: creer que se huye del desengaño absteniéndose de las causas. Es más arduo el desengaño del que, sin comprometerse en nada, llega a la conclusión de que en su caso todo ha sido inútil.) ¡Ah, la postmilitancia! Qué hartazgo luchar por los derechos de un sector o de todos, eso ya no se usa, es como salir del clóset para treparse a la repartición de volantes.

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De nuevo, ¿vale la pena hacer Debate Feminista? Desde la perspectiva de lo rentable, categóricamente no. Véanse por ejemplo a las mujeres de clase media universitarias, y si generalizo es en beneficio de mi hipótesis y porque la realidad me permite generalizar. Si llegan a enterarse de Debate Feminista, estas compañeras, tan deudoras del feminismo en lo esencial, suelen optar por el desdén: “Ya pasó de moda. Lo de hoy es distinto”. Y nunca explican en que consiste “lo de hoy”.

Entonces para qué insistir y mantener una oficina, enviar faxes (para personas de la tercera edad que no tienen Blackberrys), sumergirse en el e-mail, traducir textos importantes, solicitar colaboraciones, dar cuenta de los feminismos, atender la temática gay, corregir pruebas y, lo más increíble, confiar en la existencia de lectoras y lectores, algo francamente iluso; los sobrevivientes o quieren escribir, o son sectoriales y leen para aprovisionar sus ponencias que sólo escudriñarán los autores de futuras ponencias. (Si alguien todavía se acuerda de la metáfora, esto es parecido a la barca de Caronte, donde el que acepta los remos tendrá que bogar hasta que alguien voluntariamente lo reemplace. Lo dicho: toda ponencia es una barca de Caronte.)

¿Para qué hacer Debate Feminista? Una respuesta descriptiva, dirigida a la heroica Marta Lamas, señalaría la insensatez de un grupo de prófugas del consumo, de idealistas (en el sentido negativo de la palabra, el único que permanece). Se hace Debate Feminista porque, pensándolo bien, el esfuerzo es valioso. Anoto algunas razones:

1.- El éxito de las teorías básicas del feminismo es innegable, y el México de los años setenta no se reconocería en el actual. Propongo muestras: la elevadísima proporción de mujeres en la enseñanza superior; la participación cada vez más activa, ya no como decoración, de las mujeres en la política; la desaparición del lenguaje femenino, todo modosito y sofocante por su no decir, por un habla unisex; los triunfos en la lucha contra los violadores; la imposibilidad de oscurecer por entero la tragedia del aborto; el discurso ya prácticamente orgánico de las nuevas generaciones femeninas, totalmente reacias al sometimiento porque sí; la igualación creciente de los roles en las familias (falta, pero se acabó como modelo la Sufrida Mujer Mexicana, que al mismo tiempo trapeaba, guisaba, le daba de comer a sus diez hijos, disuadía a los acreedores, le rezaba a la Morenita del Tepeyac, iba por agua a una fuente a diez kilómetros de la vivienda, y creía en la honradez de los priistas); la sexualización del habla de las jóvenes, que no desemboca en la orgía sino en la normalización del trato (aquí también falta mucho, pero el mayor problema es la desinformación); el avance legal en rémoras feudales como la bastardía, el concubinato y el adulterio; la presencia normal de escritoras, pintoras, teatristas, cineastas, ya no excepciones; la irrupción femenina en el periodismo, que en unos cuantos años modificó el paisaje de las redacciones.

No magnifico los avances, pero digo lo obvio: son todo menos minimizables. El país de hoy es distinto al de hace 40 años y en buena medida por la revolución cultural del feminismo. Si el poder sigue siendo en lo fundamental asunto masculino, los poderes poco a poco se reparten entre los géneros, y al respecto basta ver el fenómeno de las lideresas de colonias populares (pondero el asunto desde la perspectiva cultural, no política). La perspectiva de género es un término ineludible.

2.- En materia de política y de batallas culturales, los proyectos a corto plazo son siempre los más costosos. La falta de ambición legítima y de perspectiva de conjunto se paga con frustraciones, abandonos de la causa, sentimientos de minusvalía, triunfo garantizado para los adversarios. Debate Feminista, y éste es uno de sus mayores méritos, es un proyecto a mediano y largo plazo. No pretende fomentar la militancia, algo fuera del ámbito específico de la revista, sino auspiciar la cultura feminista, de derechos humanos, de ampliación de los relatos de vida, de la lucha y los riesgos de las empeñadas en construir la tolerancia y la diversidad, las atmósferas civilizatorias sin las cuales no hay transición posible a la democracia. En este sentido, Debate Feminista entiende la política como educación en la doble civilidad, de lo
público y de lo privado.

3.- El gran problema de Debate Feminista y de revistas afines no radica tanto en los materiales, como en el ámbito del lectorado que convoca. Faltan los seres pacientes, disciplinados, austeros, que decidan beneficiarse con los materiales teóricos, los debates, las investigaciones antropológicas, los estudios sociológicos, los apuntes satíricos de Jesusa y Liliana, las indagaciones sobre género, en resumen, lo esencial de la revista, lo más pertinente y sistemático publicado sobre el tema en México, que desde hace dos décadas adelantan lo que es hoy indetenible tendencia editorial.

4.- Debate Feminista cumple, y esto es una de sus grandes justificaciones, con la tarea indispensable: fortalecer, encauzar, informar a las generaciones de relevo. El feminismo, como cualquiera de los grupos y tendencias de la diversidad, requiere del recambio de liderazgo, y para ello de la preparación conveniente. Sin lo que antes se llamaba “formación de cuadros”, y que hoy, supongo, sería formación de guías de capturistas, no hay movimiento que perdure o logre renovarse, como le consta patéticamente a los partidos políticos, museos encapsulados por lo común. Debate se dirige a los lectores y, sobre todo, a las lectoras que polemizarán en las publicaciones, en el espacio de la política y de la sociedad, en las universidades.

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Éstas fueron, éstas son, éstas serán las Mañanitas… Felicidades Debate Feminista, felicidades Marta Lamas. La revista es indispensable, calificativo sólo útil en ocasiones muy especiales.

Carlos Monsiváis