Mi último fracaso

Cancionero

Félix Cortés Camarillo

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  • 2009-11-09•Política

No faltarán plumas de mayor mérito para resaltar las virtudes de Bernardo Garza Sada como persona, empresario, filántropo, ciudadano y, sobre todo, personaje renuente a los faroles de la fama pública. Mi enojo porque no tuvimos en televisión imágenes de él en vida y actividad fue aplacado con la simple frase de “es que no se dejaba”.

Conocí a Bernardo —y él me honró desde entonces con el tuteo norteño— en una peculiar circunstancia: era el día en que José López Portillo había tomado posesión como presidente de México, y en una de las casas de Televisa una catorcena de notables personas comimos suculentamente y escuchamos, de labios de Gustavo Díaz Ordaz, la confesión de que el mayor error que había cometido en su vida había sido la designación de quien había de sucederlo. De entre los presentes en aquel convivio que aún están entre nosotros, Miguel Alemán Velasco y Jacobo Zabludovsky escucharon conmigo ese testimonio.

No parece ser, en la liturgia de la sucesión presidencial mexicana, fenómeno aislado; algunos lo han dicho. José López de Miguel de la Madrid, Miguel de Ernesto Zedillo y seguramente éste de haber designado a Vicente Fox. Pero eso es asunto de los analistas políticos.

Yo debo escribir de lo que sí sé. Y de lo que sí sé es televisión.

Bernardo Garza Sada es uno de los mayores transformadores de la televisión mexicana.

Cuando el genio empresarial de don Emilio Azcárraga Vidaurreta —canal dos— convenció a la astucia monetaria de Rómulo O´Farrill jr. —canal 4— surgió Telesistema Mexicano, el monopolio de la imagen y el sonido. En 1968, ante lo que se imaginaba la nueva perspectiva política y de comunicaciones del país, surgieron Canal 13 y Televisión Independiente de México, Canal 8. Canal 13 sucumbió; canal 8, de Bernardo, siguió dando una pelea notable.

Al cabo del tiempo, la Televisa que forjaron Bernardo Garza Sada y Emilio Azcárraga Milmo se nutrió de muchos talentos nacidos en lo que habían sido estudios de cine San Ángel Inn: Neftalí López Páez, Sergio Peña, Raúl Velasco, Guillermo Ochoa y, más notoriamente, Roberto Gómez Bolaños, Chespirito. En la lucha firme de la competencia se habían forjado opciones nuevas: suena mucho a la mentalidad norteña.

Hoy, Bernardo Garza Sada va a ser recordado con un menor énfasis en lo que —me lo contó un día— le produjo mayor disfrute, la televisión, aunque haya sido uno de sus fallos financieros.

felix.cortes@multimedios.com