entrevista: Miguel Molina Periodista
“La historia que uno cuenta, debe ser siempre la mejor”
2009-11-08•Xalapa
Cada lunes, Joaquín tenía que llevar algo a la escuela –un juguete por ejemplo– y explicar su funcionamiento. Por alguna de esas razones frecuentes en los niños, esa vez llevó a su papá, y al presentarlo a sus amigos dijo: mi papá es periodista, trabaja de ver lo que pasa y luego cuenta lo que vio.
Miguel Molina nos lo cuenta así para que en la voz de su hijo Joaquín, sea más fácil que entendamos lo que él entiende debe ser un periodista.
También nos cuenta que en una entrevista le preguntaron: oiga ¿y a usted por qué le gusta el radio? “bueno, les respondí: es que es el único trabajo donde me pagan por hablar y contar cosas.
“Quizá lo que me gustó más, es que en la BBC aprendí a dar ese paso atrás y antes de empezar a escribir, o editar lo que fuera, decir: bueno, tengo todo esto, ahora ¿cuál es la historia que voy a contar?”.
La historia sucedió este jueves en la ciudad de Misantla, de donde es oriundo el periodista Miguel Molina Chacón y en la que se encuentra de visita dando conferencias sobre el calentamiento global, talleres de periodismo y entrevistas a reporteros, entre otras cosas más agradables, por supuesto.
La tarde en el Kelite estaba tequilera, fresca y animosa, pero Miguel tenía que continuar con el protocolo de visitante distinguido, por eso la entrevista que de inicio pretendía ser un poco de semblanza, terminó siendo una desordenada preguntería sobre: ¿Cómo se ve desde Europa el periodismo mexicano? ¿Crees en el periodismo comprometido?, etcétera.
La lucha fue sin cuartel; mientras yo me empeñaba en descomponer con mis preguntas no sólo la entrevista sino la tarde, Miguel las recomponía de inmediato con una sola palabra, con la fuerza de sus metáforas y sus anécdotas reporteriles.
Como aquella cuando cubrió la Independencia de Belice en 1981: “qué bonito ver nacer un país y que te den ron en el proceso; ¡uuh!, ¿qué más quieres?
Recordó también cuando fue a cubrir una Miss Veracruz al Puerto, “y Sergio González y yo nos quedamos con el Papo Levet echando un trago en Los Portales y se nos olvidó ir a la coronación de la reina, y luego yo que estaba escribiendo la crónica tuve que improvisar la vaina.
“¡Ah!, porque conté todo lo que nos pasó y al final dije: y ya al último nos enteramos que fulana de tal había quedado como reina (jajaja).
O, ¿qué te diré?; una entrevista que le hice a Renato Leduc; se me acabó la cinta, pedimos ‘las otras’ y seguimos platicando, ¡vaya, ya adiós a la cinta!”.
Miguel Molina interrumpe su crónica para decir: ¡salud!, luego aclara para que quede bien grabado: “que conste que es por el estornudo de Vicente (el chico), y no porque estoy bebiendo”.
Un trío de música romántica se acerca a la mesa ofreciendo a media voz y en sol mayor el bolero de Los Panchos: “Sin ti”. Chente Romero (el viejo) les ordena: “ahí síganle con esa misma”, y en ese ambiente exclusivísimo de Misantla la entrevista adquiere ahora otro tono.
Miguel agarra la grabadora de la mesa y se la pone frente a la boca como micrófono, luego levanta la voz y dice: mira maestro, el chiste es que cada historia que se escriba sea la más memorable para uno, porque si cuando estás escribiendo no crees que es la mejor, “entonces ya pa’ qué…”.
En seguida, con cadencia y ritmo recita la canción de Bola Nieve: Seré en tu vida lo mejor / de la neblina del ayer / cuando me llegues a olvidar / como es mejor el verso aquel / que no logramos recordar.
Eso, “se aplica también en el periodismo; hay historias que yo escribí de las que ya no me acuerdo bien y digo: ésta fue una de las mejores. Quizá no, pero bueno…”.
Regresa la grabadora a la mesa; levanta su “Torres 10” y ahora sin estornudo decimos todos: ¡salud! La música sigue. Su esposa, periodista también de la BBC, observa y escucha.
El periodista no debe ser parte de la historia, porque su función es sólo narrarla, sin embargo, cuenta Miguel que a finales de los ochentas mientras trabajaba en La Opinión de Los Ángeles, California, el director lo castigó porque había estado escribiendo sobre México y a él no le gustaba que alguien más lo hiciera.
Por eso, lo mandó a cubrir la fuente de la Corte federal de Los Ángeles, “debió haber pensado: a éste le van a salir canas. A la semana detuvieron a Zuno Arce; yo escribí esa historia y cubrí el juicio de los involucrados en el caso de la tortura y asesinato de Enrique Camarena en México a manos del Cártel de Guadalajara.
Ahí, dice, cometí un error porque me volví parte de la historia; esto sucedió porque un día oí que uno de los alguaciles le preguntaba a alguien del jurado si faltaba mucho para llegar a un veredicto porque habían recibido amenazas de muerte contra Zuno Arce.
Entonces, continúa, fui a ver a los abogados de Zuno Arce y les dije: oigan, no me han dicho eso, cabrones, y para no hacer la historia muy larga le dijeron al juez; éste preguntó quién había dicho eso, pero no podían dar mi nombre porque no estaban autorizados; el juez les dio dos horas para conseguir la autorización.
“Me fui corriendo a ver al apoderado legal de La Opinión; regresé con la autorización y el juez, luego de escuchar mi testimonio, anuló el juicio contra Zuno Arce y lo tuvieron que volver a juzgar después.
“No sé si fue un error o no, pero yo iba por la noticia, oí eso, fui a ver a los abogados y se desató todo lo demás, entonces me volví parte de la historia y eso es algo que uno como periodista no debe hacer”.
El tiempo se nos termina y el tequila apenas empieza a asentarse bien en el cuerpo, por eso cuesta un poco cerrar la conversación cuando quien fuera periodista de la BBC de Londres durante 12 años dice convencido que para él, el periodismo es como hacer zapatos: hay que agarrar la lezna, la aguja, el hilo, y ponerse a cortar el cuero.
“Porque ¡ah!, de teoría yo me como 10 libros, pero a ver, ve a hacer la nota; ahí es donde se ve el periodista”.
Miguel Molina dejó de hablar y el reto cayó con todo su peso sobre mí: ¿cómo hacerle sus zapatos al mejor zapatero? ¡Vaya problema!






