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Crónica: juárez y enrique díaz de león

El memorial para Néstor Alan volvió a su sitio

El pequeño monumento recuerda al joven fallecido hace tres años y que los dos júniors acusados siguen libres.
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  • 2009-11-08•Ciudad y Región

La mamá de Néstor Alan instruye a un trabajador. Los padres supervisaron la reinstalación.
La mamá de Néstor Alan instruye a un trabajador. Los padres supervisaron la reinstalación. Foto: Sergio Blanco

Muchas ciudades se han construido sobre ruinas y vestigios. También llegan cambios de manera paulatina, imperceptibles a las miradas cotidianas, de modo que sólo ante fotografías o pinturas los nuevos se percatan de que pueblan un nuevo lugar, para bien o para mal. Con el remozamiento de las banquetas de avenida Vallarta se amenazó con borrar un recuerdo que no debe ser olvidado: el memorial del joven Néstor Alan, un memorial contra la impunidad, el cual fue devuelto ayer al mismo sitio donde lo victimaron.

El 26 de noviembre de 2006, Néstor Alan Rodríguez Licea, un joven de 18 años a punto de graduarse de la preparatoria, regresaba a su casa por la madrugada en su vocho. Hacia las dos de la mañana transitaba por Enrique Díaz de León de norte a sur cuando cruzó Vallarta con su luz en siga, según testigos presenciales, y fue embestido por dos vehículos que circulaban a exceso de velocidad. El joven murió al instante.

A bordo de aquellos dos vehículos, dos júniors en presunto estado de ebriedad, uno de los posibles motivos que podrían haber provocado el choque. Se trataba de Christian Arias de la Torre, hijo de Fernando Arias Pérez, quien fue director de Comunicación Social del entonces gobernador Francisco Ramírez Acuña; y de Francisco Javier Álvarez del Castillo Íñiguez, familiar del ex gobernador Enrique Álvarez del Castillo. El vehículo de Néstor quedó destrozado sobre la banqueta sur de Vallarta.

Cuando las obras llegaron a las banquetas de Vallarta y Enrique Díaz de León, un par de meses atrás, los trabajadores se encontraron con el memorial del joven. Vecinos familiarizados con el monumento y con la historia dieron aviso a los padres de Néstor Alan: Mónica Licea Padilla y Néstor Rodríguez Gómez, que viven a sólo cinco cuadras del lugar.

Los padres se entrevistaron con el director de Servicios Municipales de Guadalajara, quien está a cargo del proyecto. En común acuerdo, se retiró el memorial y se guardó con la promesa de colocarlo después del remozamiento, de manera que se aseguraron de que las nuevas obras no sepultarían también el recuerdo.

El recuerdo tiene demasiadas facetas amargas y, sin embargo, la familia y los amigos de Néstor Alan han pugnado por tres años por que no se les olvide. Apenas cinco minutos después del encontronazo, aquel 26 de noviembre, llegó el padre de Christian Arias y dio comienzo una serie larga de supuestas irregularidades denunciadas varias veces, cometidas tanto por el Ministerio Público como por los peritos del Instituto de Ciencias Forenses: no se tomaron testimonios, no hubo detenciones (los sospechosos fueron enviados a hospitales privados) y no se practicaron exámenes de alcoholemia. Los padres de Néstor no se enteraron sino hasta la tarde del día siguiente, según refirió Francisco Macías Medina, director ejecutivo del Centro de Justicia para la Paz y el Desarrollo AC (Cepad), quien asiste a los padres de Néstor después de que la Comisión Estatal de Derechos Humanos, hasta la fecha, se ha mantenido en silencio.

Alrededor de las 11:00 am de ayer, los trabajadores de Servicios Generales llegaron en una camioneta con la cruz y comenzaron a instalarla con las instrucciones de la madre, de manera que el memorial insepulto, al contrario, también fue remozado con nuevas decoraciones que suplieron a las deterioradas: “Monumento a la impunidad. Fue víctima del abuso de la libertad, del alcohol y de la impunidad. Que mi nombre no quede en el olvido, hagamos conciencia”, reza el pequeño monumento.

En julio pasado, tras la presión del Congreso del Estado, un juez dictó una sentencia por homicidio culposo (no intencional) en contra de los asesinos. Se dictaron cuatro años de cárcel, pero la sentencia fue apelada y los homicidas siguen en libertad.

Mónica dice que vio en las noticias que la semana pasada condenaron a un sujeto a 20 años de cárcel por matar a un policía. Por poco rompe en llanto: “Todos somos iguales, la justicia debe ser por igual”, pero no sabe si afirmar o preguntar.

Sergio Blanco