Parece un poco tarde
Apenas el lunes pasado, Norberto Pasciullo en su último día como preparador físico de Chivas emitió una sentencia que parecía lapidaria: en la fuerza y resistencia sus jugadores estaban reprobados. Era la forma de respaldar la mala racha en la que había entrado el equipo bajo el mando de Raúl Arias.
La convicción con la que salió Chivas al campo del Jalisco quedó de manifiesto a los 16 segundos. Quizá la estrategia de Ricardo La Volpe era aguantar el ritmo vertiginoso de los rojiblancos, pero el libreto cambió cuando su defensa se descuidó y dejó llegar a Omar Bravo ante el portero Mariano Barbosa, quien pensaba que marcarían fuera de lugar, el mochiteco sólo tuvo que bombearle el balón y enviarla a las redes. 0-1 a los 16 segundos que provocó el estallido de la mayoría rojiblanca.
Atlas seguía aturdido por el golpe repentino y a los dos minutos ya tenía el 0-2 en contra con un remate de cabeza de Javier Hernández, ante la marca tibia de Fuentes y Ayala, y la mala salida de Barbosa.
Con los rojinegros sorprendidos, Chivas se empezó a dar el lujo de tocar en corto el balón y de avanzar a base de triangulaciones rápidas entre Medina, Chícharo, Medina y Morales.
Atlas aprovechó un tiro libre directo que cobró Édgar Pacheco por izquierda, y Osorno cerró el trámite con un frentazo para el 1-2 al 12, que hizo suponer en una reacción bravía.
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Atlas logró controlar el vendaval inicial, se acomodó en media cancha y entre Bottinelli y Robles retenían la esférica. Pero Chivas sólo reposaba, y al 25’ un error en el área de parte de Ismael Fuentes al cometer juego peligroso provocó que se marcara tiro libre indirecto. Aarón Galindo ejecutó y colocó el balón en el rincón derecho de Barbosa para el 1-3.
Al 39’, Marco Rodríguez no quiso marcar una mano de Reynoso en su área. Pero el caso es que al 40’, en el contragolpe Morales apeló a la precisión de sus servicios, para que el Chícharo una vez más rematara de derecha para el escandaloso 1-4.
Para la segunda parte no se entendió si La Volpe quiso remontar el marcador o simplemente prentendía darle oportunidad a los jóvenes de jugar un clásico tapatío, y Chivas renunció a la posibilidad de complacer a su afición y se dedicó a disfrutar de 45 minutos más para observar la decadencia de su rival.



