Escaparate
El honor que no puede curar la impotencia
El enemigo es grande y nos vemos ridículos con nuestras armas.
Fotos: Carlos Rangel
Cómo escasean los héroes de un tiempo para acá. Se acaban: uno por uno nos los están matando. El enemigo es grande y nos vemos ridículos con nuestras armas. Y si no son ellos, es el heroísmo el que nos queda a deber.
Tiempos difíciles, sí. De tentaciones. Pero jamás flaquearemos.
No está mal sentir el desánimo en estos momentos; el problema es que nos domine.
Es el dolor el que nos orilla y nos tienta a decir no más, a soltarlo todo... pero no lo hacemos.
Todas las pérdidas duelen; todas deben ser motivo para seguir con más ahínco.





