Correo del lector
2009-11-07•Lectores
Macrobús
Me intriga saber qué ven algunos de malo en que el Macrobús pase por avenida Alcalde. ¿Que quitaría dos carriles a los autos? Esa avenida está ya ocupada en cuando menos cuatro de sus seis carriles por doscientos camiones que se ganan unos a otros el paso y se rebasan irresponsablemente como jugando gallo-gallina. De Garibaldi a Revolución la avenida es lo más cercano a una estampida en el Serengeti, pero con camiones, autos, smog y ruido, en vez de ñús, gacelas, zebras y polvaredas. Camiones tomando pasaje en segunda fila, autos metiéndose furtivamente entre los intersticios de las largas-dobles caravanas de camiones para dar una vuelta apresurada a la derecha, taxis colapsando un carril porque buscan o dejan pasajeros, peatones toreando armatostes como en la feria de San Fermín. Una postal clásica de tercer mundo y su incapacidad de organizar una simple avenida. ¿Qué haría el Macrobús? Eliminar ese caos. Limpiar visual y auditivamente la avenida. Poner orden. Sólo eso. ¿Por qué se oponen los que se oponen? Misterio.
Punto y aparte. ¿Qué le pasa a Público? El sexenio pasado se oponía a la política de inversión en infraestructura vial para automóviles particulares. Abanderaba la causa del transporte público. Ahora que el gobierno le apuesta al transporte público, es abanderado del coche. Aunque, a decir verdad, ahora Público se opone a todo. ¿Por qué? ¿Estrategia editorial? Cualquiera que sea la respuesta, la lamento. Fue durante mucho tiempo una bocanada de aire fresco en la mañana. Ya no lo es, me voy directo a la caricatura de Jis y termino.
Alberto García Ruvalcaba
Impuestos
Señores Felipe Calderón, Carstens, diputados, gobernador, etcétera. Estoy a la vez feliz y triste. Feliz porque, como lo anunció el Presidente, ya salimos de la crisis. Triste porque el nuevo bienestar a mí todavía no me alcanza. Pero no es culpa de ustedes, es mía: estoy en el negocio equivocado. Estoy en la minoría de negocios en regla, que pagan impuestos, seguro social, licencias, que es visitado por inspectores del Ayuntamiento que piden ver papeles aunque uno esté ocupado con un cliente. Recibo también visitas de inspectores de Salubridad, cuando veo en la calle empresas vendiendo tacos sin lo básico para la higiene. Me es evidente ahora que la nueva bonanza que nos espera, con este inicial crecimiento del 2.5 por ciento que nos anunció nuestro Presidente, no va a ser debida a mi esfuerzo porque yo, al contrario, estoy retrocediendo. Entonces, quiero pedir disculpas por no haber puesto mi granito de arena en el esfuerzo nacional y reubicarme con la mayoría de personas que deben ser los que trajeron este crecimiento. Voy a sacar mis hijos de la escuela, lo que me va a ahorrar mucho dinero, que podré utilizar para comprar cositas en la calle Obregón y venderlas en alguna esquina. Mis hijos, quienes aun con diplomas no están seguros de encontrar en el futuro un buen empleo, se pondrán en las esquinas a limpiar parabrisas, entregar volantes o pedir limosna. A mis empleados los voy a lanzar a la calle y no me van a demandar porque no tendré qué ofrecerles. Si lo hacen, los amenazaré con que si no firman su renuncia los reportaré como indignos de confianza, tal y como hacen muchas empresas. Así empezaré a disfrutar del sueño mexicano que gentilmente nos ofrecen, y me sentiré a gusto por estar participando, como todo ciudadano digno, en el esfuerzo nacional que ustedes con tanto talento encabezan.
José Amar Galindo
“Afectados
pirata”
Tal parece que en la ciudad no tenemos deseos de progresar, pues ahora con la bandera ciudadana y el tema de la movilidad, las manifestaciones se ponen de moda. Pero, oh sorpresa, cuando me doy cuenta de que se trata de “afectados pirata” se ven mal, se oyen mal, y no representan el sentir ciudadano.
Yo defiendo el derecho a vivir en una ciudad mejor y me queda claro que con minibuses no se logrará. Que si Tren Ligero, que si Macrobús, que si un Metro; lo que sea de estas opciones seguramente será mejor que las cientos de muertos cada año bajo las llantas de esos vacunos encabezados por personas que, sin escrúpulos, han logrado vivir lucrando con el transporte, con promesas de mejora que nunca llegan a concretarse. Ya es tiempo que este gobierno, que dicho sea de paso ha cometido muchos errores, se faje los pantalones para hacer aunque sea un cambio que mejore la situación ya de por sí precaria de los que vivimos en la metrópoli.
Me enteré por las noticias de una manifestación en contra de las obras de la línea 2 del Macrobús por carretera a Tesistán, y cuando el reportero entrevistó a “supuestas inconformes” —o mejor dicho “afectadas pirata”— ninguna supo decir a que se oponían. Me parece vergonzoso, que se utilice a personas que ni siquiera sepan explicar la razón de su presencia en una manifestación integrada por supuestos “vecinos afectados”. No se vale que por intereses particulares los ciudadanos tengamos que pagar con años de muertes y pésimo servicio en manos de los transportistas, que ahora se dicen defensores de los derechos ciudadanos.
Adriana Aguilar Robles
Museo
A los promotores del Museo de Arte Moderno que sustituiría al Guggenheim hay que felicitarlos por su tenacidad e iniciativa de promover la cultural y posicionar a Guadalajara en el circuito internacional del arte y la cultura, pero sería mas pertinente preservar y mejorar el parque público Miguel Hidalgo y Costilla. Para la magnífica idea del Museo de Arte Moderno una alternativa sería el parque Morelos, para usarlo como detonador para promover la recuperación de la ciudad central y estimular su densificación aprovechando los predios adquiridos para el fallido Proyecto Alameda. Además, sería aconsejable concursar su diseño entre arquitectos mexicanos y procurar que sea una inversión pública-privada, no solamente pública, ya que hay una enorme escasez de recursos. No basta aportar ideas, hay que aportar recursos, algo que caracteriza a las iniciativas privadas de otras metrópolis, creando una fundación o patronato y procurar donativos exentos de impuestos para su realización, operación y mantenimiento. Otra atractiva opción seria llevarlo al excelente plan maestro del Centro Cultural Universitario: ayudaría a fortalecerlo como el espacio del conocimiento, arte, cultura, y atractivo turístico más importante de la ciudad
J. Jesús García Rojas A.
Metro
Hace veintitantos años, cuando metieron las líneas 1 y 2 del Tren Ligero, recuerdo que el gobierno priísta no recolectó firmas ni pasó a mi casa a preguntar si estaba o no de acuerdo con su implementación. Ahora ellos dicen que quieren tomar en cuenta a la ciudadanía... ¡Esa ni su abuela se las cree! Siempre han sido un partido autoritario, sólo que ahora vienen disfrazados con piel de oveja a “contarnos” que les interesa mucho nuestra opinión, lo que demuestra su urgencia y desesperación por ruñir otro hueso. En aquel entonces ni siquiera “agua va” dijeron, no nos preguntaron a nadie de los que vivíamos en los alrededores; sólo llegaron y a muchos vecinos los asustaron, pues a la mala les compraron sus fincas al precio que les dio la gana. Recuerdo que luego fue un martirio el tiempo que duro la construcción, meses sin poder transitar por la calle Javier Mina, problemas con el agua y el drenaje, además de los daños en las fincas cercanas durante la construcción. Así que: ¡El que quiera Metro que lo ponga por su casa, a ver si lo defiende tanto como dice...!
Raymundo Velasco Campos






