El papel de las notas
Bach vía Cioran/ I
2009-11-07•Música
1 “Sin Bach, Dios quedaría disminuido. Sin Bach, Dios sería un tipo de tercer orden. Bach es la única cosa que te da la impresión de que el universo no es un fracaso. Todo en él es profundo, real, sin teatro. Después de Bach, Liszt resulta insoportable. Si existe un absoluto, es Bach. No se puede tener ese sentimiento con una obra literaria; hay textos, pero no son formidables. El sonido lo es todo. Bach le da un sentido a la religión. Bach compromete la idea de la nada en el otro mundo. Cuando escuchamos su llamada, no todo es ilusión pero Bach es el único que lo hace”, afirma Cioran.
2 En efecto, todo condenado a muerte habría de tener la oportunidad de escuchar Bach antes de pasar al cadalso. Aquel asesino escucharía en la música de Bach —superior a Dios— el consuelo a que cualquier hombre tiene derecho. Esto provocaría un estremecimiento que salvaría su alma. Pues la pureza escurre de la música de Bach. No acusa definición alguna, simplemente se la escucha y el cuerpo se limpia. Se consagra. Quien habla de almas abyectas y trata con ellas, debería acercarse a la música de Bach para que pueda establecer una comparación con la nobleza del espíritu primigenio, con lo que de veras habríase de entender por melancolía redentora.
3 Liszt es insoportable antes o después de Bach. Excepto por su sonata para piano en si bemol (y máxime tocada por Cortot; que esta combinación constituye uno de los límites de la música), por sus poemas sinfónicos (en especial Mazeppa), y acaso por sus dos sinfonías. ¿Cómo podía un genio como Liszt dar una ofrenda musical al mundo si estaba perdidamente enamorado de sí mismo? Al lado de menores resulta más menor. Siempre y cuando no se piense en él como pianista porque fue un fenómeno, el más grande pianista de que la historia de la música tenga conocimiento (aun más que Chopin). Todo en torno a Liszt era brillo y agobio. El músico de rostro más hermoso que ha habido. Las mujeres se tiraban a su paso para que caminara sobre ellas.
4“Sólo mi madre me comprendía, y es muy curioso porque al principio yo la despreciaba, pero un día me dijo: ‘Para mí, lo único que existe es Bach’. A partir de ese momento, comprendí que yo me parecía a ella y, efectivamente, he heredado de ella bastantes defectos, pero también algunas cualidades”, afirma Cioran.
5Donde Bach llega las almas adversas se reconcilian entre sí. ¿Qué habría acontecido si en lugar de pronunciar “Bach” la madre de Cioran —a quien la humanidad le debe más de lo que podría estimarse a simple vista, que es la vida—, qué habría sucedido si en lugar de pronunciar el nombre de Bach hubiera dicho el de Chaikovski, el de Mendelssohn, el de Chopin? Cada quien estime la respuesta, pero cuando menos Cioran se habría convertido en un matricida.
6 “El Arte de la fuga, las Variaciones Goldberg: en música, como en filosofía, y en todo, me gusta lo que hace daño por su insistencia, por su recurrencia, por ese interminable retorno que alcanza las zonas más profundas del ser y provoca una delectación casi insoportable”, afirma Cioran.
7 Es el primer mérito de Bach, la interminabilidad. Cuando se le escucha, da la sensación de que aquello no terminará nunca. El gozo que esto representa para el espíritu es intraducible. Bach sigue y sigue y sigue. Y no necesariamente las obras de la preferencia de Cioran, sino todo Bach. Por ejemplo, el concierto para dos violines. Pese a durar escasos dieciséis minutos, se prolonga en la cabeza por un par de horas, tres horas. Es infinito. Y la infinitud colma el espíritu.






