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El muro que no cayó

Marca personal

Miguel Ángel Vargas V.

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  • 2009-11-07•Negocios

El 9 de noviembre de 1989 en Berlín caía un muro y con su caída se abría una enorme puerta hacia el futuro. Ese futuro traería para los alemanes del este anhelados intangibles como la libertad y cosas tan palpables como el progreso económico. Del error del burócrata Schabowski que aceleró la caída del muro, el lunes se cumplirán 20 años, y los avances en la unificación alemana son innegables.

Por aquel entonces la esperanza de vida en la República Democrática Alemana (RDA) era de 76.3 años en el caso de las mujeres y de 69.2 en el de los hombres; hoy en día, en los territorios de la antigua RDA, las mujeres viven en promedio 81.2 años y los hombres 74.7. En 1989, el PIB per cápita de la Alemania Oriental era apenas el 30 por ciento del de sus vecinos occidentales, hoy la cifra ronda el 70 por ciento. Si en aquella época el producto per cápita en el este –ajustado por poder adquisitivo– era de apenas 10 mil 400 dólares, hoy en toda Alemania es de más de 35 mil 400 dólares.

Hablando de México, sería injusto decir que en estos 20 años nada ha mejorado. El PIB per cápita casi se ha multiplicado por cinco, pasando de dos mil 080 dólares nominales en 1989 a prácticamente 10 mil dólares en la actualidad. Aún así, hay muchos temas en los que queda la sensación de que nada ha cambiado, de que hemos estado perdiendo el tiempo y, con él, oportunidades que difícilmente volverán a presentarse.

Baste releer un periódico nacional del día en que cayó el muro. Ahí encontraremos noticias como que, a pesar de la indignación social, el Gobierno Federal anunciaba incrementos, no en los impuestos, pero sí en las tarifas públicas; que el PRD se manifestaba “interesado por participar en un diálogo con el Gobierno de la República”, pero el gobierno no lo tomaba en serio; que el entonces presidente Salinas de Gortari, reconocía que sí se habían implementando políticas para crecer, pero no al ritmo que era requerido, y que hacía falta comprometerse con “el combate decidido a la pobreza extrema y a las desigualdades”.

Hoy la pobreza extrema y la desigualdad siguen siendo la gran tarea pendiente. Hoy, el partido que debería encabezar esta lucha, a pesar de los avances en la competencia democrática, a la hora de las decisiones, por una o por otra razón sigue sin saber hacerse escuchar, sin poder derribar el muro que lo aísla. Esperemos que no pasen otras dos décadas para que la izquierda mexicana aprenda a ser efectiva.

miguel.vargasv@milenio.com