Inicio

online

Corriente secreta

La historia del miedo

El miedo es el primer sentimiento que registra la Biblia.
  • Enviar Nota
  • Imprimir
  • 2009-11-07•Antesala

El miedo es el primer sentimiento que registra la Biblia: cuando Adán come del árbol del conocimiento tiene miedo, y se oculta de Dios. Desde que Moisés instruye a su pueblo a temerle a Dios, miedo es una de las palabras más repetidas del Génesis al Apocalipsis. Bajo la coordinación de Pilar Gonzalbo, el Seminario de Historia de la Vida Cotidiana acaba de lanzar dos libros que analizan la historia del miedo entre los mexicanos: Los miedos en la historia y Una historia de los usos del miedo (Colmex, 2009). La primera conclusión es que el miedo es el gran motor de la historia. Los dioses controlaron el mundo a través del miedo. La Iglesia controló el mundo a través del miedo. Los reyes controlaron el mundo a través del miedo. Vino entonces la Revolución Francesa, que hizo que los hombres controlaran el mundo a través del miedo. La cuota de miedo que aportó tal revolución fue tan generosa, que incluso a alguno de sus capítulos se le conoce aún como “el Terror”.

El Estado ha sido el encargado de gestionar el miedo desde entonces. Su misión: enseñar a los pueblos a temer ciertas cosas. Impartir leyes, reglamentos, disciplinas, que den a las sociedades una cierta coherencia, un cierto orden. Como idea política, el miedo es la base de la vida pública. Los libros coordinados por Gonzalbo demuestran que el infierno y los terremotos, las guerras, las inundaciones y las pestes son formas de nombrar una misma cosa. El miedo de perder el bienestar personal o colectivo.

En otro libro de reciente aparición, Corey Robin (El miedo, historia de una idea política, FCE, 2009) ha señalado que la sensación de ansiedad que acompaña a los momentos de crisis ha proveído a lo largo del tiempo la construcción de aparatos despóticos o dictatoriales que controlen cada detalle de la vida cotidiana y devuelvan a los pueblos el bienestar y la certidumbre, entre otros valores específicos. Donde falla el gobierno, decía Montesquieu, se añora la disciplina. Por eso, infundir miedo, construir panoramas de terror,

ha permitido a los grupos políticos convertirse en los grandes beneficiarios del sentimiento más antiguo del hombre.

En el siglo XIX, el miedo hizo que Santa Anna volviera una y otra vez al poder. A lo largo de 21 años, el Vencedor de Tampico gobernó el país que él mismo despedazaba. El miedo que había dejado un siglo de revoluciones, permitió que Porfirio Díaz se perpetuara en la presidencia durante tres largas décadas. El horror de la revolución, permitió que el PRI controlara el flujo de la historia a lo largo del siglo XX.

Hoy, elección tras elección, el país llama a gritos al partido que lo despedazó. Con 54 millones de pobres y cuatro millones de desempleados, en medio de la crisis más grave en muchos años, el PRI suele ser visto, nuevamente, como un aparato capaz de alejar el miedo y detener la incertidumbre. “El PRI robaba, pero salpicaba”. “Con el PRI, al menos había trabajo”. ¿Hemos olvidado los años de crisis, desempleo, inflación, corrupción, inseguridad e incertidumbre que dejaron los gobiernos de Echeverría, López Portillo, De la Madrid, Salinas y Zedillo? O es sólo que el miedo está de vuelta entre nosotros y —al igual que siempre— nos hace añorar el yugo, el látigo, el cilicio. La disciplina.

Héctor de Mauleón • demauleon@hotmail.com