Más de lo mismo
Rosario Robles
Ciertos momentos de la vida política nacional son para asumir posturas que resulten ejemplares del proyecto que se representa. Este es uno de ellos. Por eso, no hay lugar a tintas medias o a pretextos. Si se quieren cambios, si se desea un nuevo rumbo para un país que parece naufragar, si la expectativa es retomar las riendas con una propuesta alternativa que tiene como objetivo sustancial el bienestar de la mayoría de la gente, es hora de reflejarlo en decisiones que, por las circunstancias actuales, se convierten en paradigmas de lo que cada fuerza política verdaderamente propone. En ese sentido, en la reciente aprobación del paquete fiscal, el PRI y el PAN demostraron que lo único que plantean es más de lo mismo: la defensa de los intereses de unos cuantos (y de ciertos poderes fácticos) mientras se condena a millones de mexicanos. En el caso del blanquiazul, la postura es entendible aunque representa una incongruencia con relación a sus promesas de campaña. Pero para el tricolor es muy difícil explicar las razones de su voto. A estas alturas ya no les sirve el débil argumento de envolverse en la bandera. Su situación por lo demás es radicalmente distinta a la de la pasada legislatura. Hoy son la primera minoría y tan sólo con sus aliados verdes pudieron concretar una opción diferente. Contaban además con la posibilidad histórica de construir una alianza con la izquierda poniendo en el centro lo que México necesita. Porque es absolutamente falso que en estas condiciones el paquete fiscal permitirá reanimar la economía. Que se sacrificaron para evitar un colapso económico, pues las medidas tomadas hunden todavía más a pequeñas y medianas empresas, así como a las clases medias ya de por sí muy golpeadas. Porque la mejor manera de contribuir a la reactivación económica es fomentando la inversión y el empleo y eso es imposible si no se proyecta un esquema impositivo equitativo y redistributivo. Es más grave aún cuando se escuchan las opiniones de que el paquete aprobado es insuficiente e insatisfactorio. Que es necesario (ahora sí) discutir una reforma fiscal a fondo, cuando con el poder de su voto tuvieron la enorme oportunidad de demostrar que verdaderamente han cambiado, que sus intereses están alineados no con los de arriba, sino con los de abajo, o tan sólo (no hay que pedir tanto) son congruentes con las promesas de una campaña electoral que terminó apenas hace unos meses. De qué sirve que el senador Beltrones señale a posteriori que se pueden disminuir los impuestos si todos pagan, cuando el hombre todopoderoso del Senado, capaz de influir en todas las decisiones, de negociar todos los acuerdos, se limitó a la abstención para permitir que la propuesta de 16% para el IVA fuera aprobada. O que la presidenta del PRI (también diputada) diga que fueron medidas dolorosas en un momento de coyuntura y que se requiere una revisión a fondo de la política fiscal cuando su partido votó a favor de la exención para empresas cuyas inversiones no correrán riesgo alguno (como es el caso de la telefonía celular), demostrando con ello que siguen siendo rehén de intereses que no son los de la sociedad.
Lo mismo sucede con la elección del ombudsperson. Frente a la enorme oportunidad de demostrar que la apuesta es por el país, por los derechos humanos, por un enfoque diferente, democrático, ciudadano, integral, se optó por el continuismo, por la mediocridad de una institución tan importante, por la visión patriarcal y el interés personal o partidario, justo en el momento en que la nación requiere de un defensor del pueblo capaz de enarbolar principios, causas, y reivindicar la laicidad (hoy tan cuestionada) del Estado. Sólo habría que agregar que se equivocan los priistas si piensan que, a pesar de estas decisiones, tienen el camino pavimentado (basta ver las declaraciones de que su voto en lo fiscal fue para no recibir un país en ruinas en 2012). Habría que recordarle la famosa fábula de la lechera y su moraleja: “¡Oh loca fantasía que fabricas palacios en el viento!, modera tu alegría, no sea que saltando de contento… quiebre su cantarillo la esperanza… No anheles impaciente el bien futuro, mira que ni el presente está seguro”.
Ser… o neceser
Cómo no te voy a querer… me refiero, por supuesto, a los Pumas por su reciente triunfo.


