Súper Mauricio y los bueyes

Acentos

Diego Petersen Farah

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  • 2009-11-07•Al Frente

Hace una década, un director de la policía de Guadalajara (famoso por los usos que le daba al tolete) se dedicó a presumir, medio por medio, que había creado un grupo de inteligencia (que de inteligentes no suelen tener nada, son sólo espías y soplones pagados) y que gracias a ello habían detectado más de 400 puntos de venta de droga en el municipio de Guadalajara, mismos que tenía identificados con domicilio y foto. “¿Y?”, le preguntamos. Y nada, lo único que dijo fue: “Ya se los pasé a la PGR para que ellos actúen”. Dos años después, en un foro distinto, el mismo jefe policiaco presentó el mismo power point (que entonces era muy elegante) con su historia de los 400 puntos. “Son los mismos de hace dos años”. “Sí —dijo—, la PGR no ha hecho nada”. Eso es hacerse buey, con inteligencia.

En una cosa tiene razón el alcalde de San Pedro Garza García, Nuevo León, Mauricio Fernández: la inmensa mayoría de los alcaldes de este país se desentienden cómodamente de los asuntos de narcotráfico porque “es un delito federal”. Es una forma cómoda de hacerse bueyes ante un problema que, en la mayoría de los casos simplemente los rebasa. Hay pues que agradecerle al “locuaz” alcalde norteño que ponga el dedo en la yaga, pero hay que tener cuidado con el tipo de estrategias que se emprenden. Los empresarios regiomontanos presumían, a finales de los años setenta y ochenta, que habían acabado con la guerrilla sin la intervención del Estado. Los corrillos decían que la cúpula empresarial había contratado a un destacado miembro de la Dirección Federal de Seguridad con la misión de pescar a todos los guerrilleros regiomontanos y desaparecerlos. La historia no oficial dice que efectivamente los agarraron, los subieron a Chipinque y los mataron. Muerto el perro, se acabó la rabia. Los empresarios de otras ciudades veían con envidia esa forma de “acabar con el problema”. Pero, ¿dónde terminaron todos esos elementos entrenados por los empresarios o por el Estado para combatir ilegalmente a la guerrilla? La mayoría de ellos en el narcotráfico.

Los ayuntamientos tienen que entrarle al combate al narcotráfico en serio. Es absurdo que se amparen en que se trata de un tema de fuero federal para hacerse de la vista gorda. Pero, como hemos comentado en otras ocasiones, no es un asunto sencillo. No es lo mismo municipios como Guadalajara, Monterrey, Garza García o Naucalpan, con presupuestos que se miden en miles de millones de pesos, que el resto de los municipios, que en su mayoría tienen presupuestos por debajo de los cien millones al año.

Lo primero que tenemos que cambiar es el enfoque. Hay que sacarnos de la cabeza que el delito de narcotráfico es uno e indivisible. La operación del narcotráfico implica la violación de muchas leyes: desde comercio informal hasta portación ilegal de armas, pasando por pandillerismo. El error más común que comenten gobernadores y presidentes municipales (que se hacen bueyes por igual para seguir la argumentación de súper Mauricio) es considerar que los enfrentamientos entre narcotraficantes no son asunto de la autoridad y que qué bueno que se maten entre ellos, como si un narco muerto fuera un narco menos. No perseguir los ajustes de cuentas entre narcos equivale a darles patente de corso para matar. Eso es lo que ha pasado a lo largo de los últimos 30 años.

Hay que dejar de hacernos bueyes, todos, con el tema ya no sólo del narco sino con el de todas la mafias: narcotráfico, extorsión, secuestro, robo de autos, tráfico de armas son expresiones delictivas distintas de una misma forma de organización criminal. Pero de ahí a que la solución sea crear sistema de inteligencia y combate paralelos, es decir guardias blancas, es otra cosa; la peor forma de combatir la ilegalidad es con ilegalidad. Quedó demostrado en los setenta en México y está demostrado en todos los países donde se han tolerado las guardias blancas, como Colombia, Guatemala o El Salvador. Cuando el Estado pierde el monopolio legítimo de la violencia no cede sólo la fuerza, cede la esencia del Estado mismo.

Lo único que le faltó decir a súper Mauricio, para aspirar a ser como su tocayo Garcés, fue que “siempre hay muertos en la guerra”, aunque el galán se refería, por supuesto, a las güeras copetudas que iban a caer como mosca fliteadas con sólo mirar su camisa de satin rouge.

Encore: El artículo de la semana pasada provocó muchas reacciones, desde los que lo consideraron exagerado, hasta los de mayor nivel intelectual y capacidad de síntesis que simplemente me mentaron la madre. El tema no es ideológico ni moral. La pregunta es: de qué tamaño será el efecto del tenisgate en la campaña de Andrés Manuel. Simplemente reitero mi planteamiento: esas imágenes en manos de un publicista perverso (de esos que abundan en las campañas electorales) son demoledoras. Por lo demás que cada quien viva como quiera, con quien quiera y con los tenis que le acomoden. Salud.

diego.petersen@milenio.com