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La sexualidad en tiempos de crisis
2009-11-07•El Sexódromo
El pasado martes dirigí mis pasos hasta Tehuacán, Puebla, para brindar la conferencia “La sexualidad en tiempos de crisis”. Elidiana Sáenz, colega quien me hizo una invitación similar hace ya varios años, quiso repetir experiencia conmigo ahora en el Centro Universitario Tehuacán, por lo que arribé a esta ciudad dispuesta a comer mole de caderas y a platicar con los estudiantes universitarios sobre este tema que nos afecta más en estos días de crisis socioeconómica pero que, de una u otra manera, está siempre presente en la vida de muchos.
La ponencia estaba dividida en cuatro temas: la depresión erótica debido a la crisis, la situación económica de la industria del entretenimiento para adultos, la crisis de pareja, y el desequilibrio emocional y sexual en momentos de conflictos políticos, catástrofes naturales o guerras.
Sobre los tres últimos temas he hablado recientemente en este espacio, por lo que ahora quisiera enfocarme en el primero. Sin duda, el estrés derivado de la crisis socioeconómica anula el erotismo, disminuye el deseo, lo inhibe a tal punto que la frecuencia de los encuentros sexuales decae, en promedio, 50 por ciento, según estiman los especialistas.
Sus mediciones muestran que las relaciones sexuales promedio entre adultos suceden de una a dos por semana. Sin embargo, las preocupaciones debido a un reciente despido, a la carestía, la disminución del salario, el desasosiego que provoca un futuro incierto reduce la actividad sexual de cero a un encuentro cada siete días.
Lo que sienten y experimentan estas personas es un binomio de depresión-ansiedad derivado de la sensación de orfandad, indefensión, baja autoestima o miedo a perderlo todo, lo cual desencadena disfunciones sexuales en hasta 20 por ciento de la población afectada, según afirman los sexólogos. Entre éstas, la principal es la disfunción eréctil: los hombres no se concentran, están angustiados, distraídos y, por ello, no pueden mantener la firmeza de la erección. En ambos sexos se presenta una baja de la libido, que hace que eviten el coito y hasta los abrazos, besos y apapachos. En el caso de las mujeres se ve reflejado en la lubricación, la cual, a diferencia de los precios que suben, baja de tal manera que les resulta difícil ser penetradas.
Como señalan médicos argentinos que han estudiado este fenómeno, la presencia reiterada de factores estresantes aumenta en el cuerpo la producción de las hormonas cortisol y prolactina, depresoras de la función sexual. Y cuando esto se da en combinación con la reducción de las hormonas sexuales, como la testosterona y la DHEA, aparece lo que clínicamente se conoce como deseo sexual hipoactivo (falta de deseo).
En lo que va de 2009, se ha incrementado 30 por ciento la asistencia a centros privados de sexología (70 por ciento son hombres y 30 mujeres). Los pacientes encuentran una salida al ser atendidos por especialistas, aunque algunos podrían ser recetados con antidepresivos que aumentarían la ausencia de deseo, entre otras cosas.
Por ello resalta la importancia de conservar la vida sexual activa y saludable, pues estimula la armonía y procura bienestar físico y mental. Las relaciones sexuales promueven la producción de endorfinas, químicos naturales que reducen dolor y preocupaciones, además de que promueven el descanso nocturno y aportan sensación de plenitud.
Es necesario entonces planificar encuentros: concertar citas con la pareja en horarios diferentes a los normales, tratando de darse un tiempo propio, sin hijos. Expresar el sentir, ya sea la preocupación por la economía o por lo que pasa con la vida erótica, es necesario. Compartir estos sentimientos puede acercar más a los dos, hacer que comprendan que sus miedos son compartidos pero que juntos pueden salir adelante.
No hay que olvidar jamás que el acto sexual, los apapachos, las sesiones de besos, los fajes son placenteros, son divertidos. Hay que emplear la imaginación para encontrar nuevos estímulos que los saquen de la rutina. Es recomendable integrar frutas, velas, aceites de masaje, cosas que se tengan en casa (para no gastar en ellas) y que convertirán cada encuentro en algo diferente. No hay que olvidar que muchas veces es preferible calidad y no cantidad, por lo que aunque sea una vez a la semana o cada 15 días, lo importante es olvidarse de los problemas, entregarse al momento, concentrarse en la pasión.
Pero, ojo, en algunos casos se incrementa la frecuencia de la actividad sexual, pues para ciertas personas el disfrute erótico es una especie de ansiolítico natural. Por ello no hay que perder de vista que en tiempos de crisis también es posible relacionarse con alguien que en días menos difíciles no podría compartir su vida con nosotros. La calentura debido a la ansiedad es mala consejera o, cuando menos, hace que se reaccione con ímpetu, sin pensarlo. En este caso, la primera recomendación es no olvidar llevar preservativos todo el tiempo, y la segunda, revisar fríamente y entender el motivo que nos lleva a ello, para dimensionarlo correctamente.
Ni modo, amigos, sin dinero no baila el deseo, por lo que hay que trabajar en él para que, aunque nos sorprenda la crisis económica, no se acabe la pasión.
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El Buzón de Verótika
Mi marido, quien hace poco me convenció de ver películas soft porno y a veces me enseña las revistas para caballeros que compra, me dijo que este tipo de material existe desde hace siglos, que no es algo nuevo. ¿Es verdad? Aunque he visto imágenes eróticas de la antigua Grecia, siempre prensé que la pornografía, como tal, era algo de siglos recientes.
Minerva
Estimada Minerva:
En la época clásica de Grecia y Roma apareció la pornografía, que en realidad era una lista de nombres de prostitutas colocados en la entrada de los burdeles, que anunciaba precios y promovía las habilidades amatorias de las meretrices. Muchos hombres no compraban sus servicios, pero acercarse para leer esta información los excitaba.
Como bien dices, es fácil encontrar en platos, jarrones, paredes, escenas de parejas copulando, pero su función era decorativa y pretendía jugar con el tema, excitar, pero sin que fuera una obra que se contemplara con tal motivo.
Algunos de los dibujos que ilustraron los libros medievales mostraban los tormentos eróticos de que eran objeto los monjes y santos por parte de los enviados del mal, que adoptaban la forma de tentadoras mujeres, cuyo objetivo final era inducir a los monjes al pecado carnal.
Con el descubrimiento de la imprenta, la posibilidad de alcanzar un mayor número de interesados en imágenes sensuales se transformó en una realidad. Comenzaron a circular ediciones profusamente ilustradas de El Decamerón, de Boccaccio, o las sátiras del Aretino, de contenido literario, pero con imágenes de sexo explícito. Desde ese entonces la pornografía se instaló como un banquete visual que permanecería hasta nuestros días en el mundo occidental.






