¡Queremos Halloween!
En tres patadas
Diego Petersen Farah
Durante muchos años grupos conservadores de derecha e izquierda (porque también hay conservadores de izquierda, aunque parezca una contradicción) pelearon como gatos boca arriba contra la celebración de Halloween. Ante el arribo de las promociones halloweenescas a las tiendas departamentales dieron una gran batalla a través de las escuelas. No faltó maestro que prohibiera la celebración de la noche de brujas prediciendo la muerte de las tradiciones nacionales. Tampoco faltó el cura que arengara sobre el origen pagano, perverso y diabólico de esta celebración y que la que había que seguir era la del Día de Muertos, que esa sí, decían era muy nuestra, aunque durante muchos años la misma iglesia la negara y renegara de ella por considerarla ajena, pagana y contraria a los cánones católicos.
Hoy resulta que Halloween está metido hasta los huesos (pleonasmo) en la cultura popular. Halloween no es otra cosa que el comienzo de las celebraciones de las fiestas de muertos. En esta guerra entre la mercadotecnia de la noche de brujas y la insistencia del Día de Muertos lo que se logró fue que ambas se quedaran y se mezclaran de manera que en la cultura popular hoy forman parte de una misma cosa. Ayer en los panteones, estaban los elementos de la cultura indígena y su creencia de comunicación con los espíritus, manifestada en los altares con comida, bebida, papel picado y cempasúchiles; estaban los elementos de la cultura católica, vírgenes de Guadalupe, Juan Pablo II (que más allá de lo que opine Roma, en México ya se le venera como a un santo), angelitos y santitos, y estaban todos los elementos de la cultura Halloween con sus calacas, sus calabazas naranja, y las hojas secas. Todos ellos, claro, adosados con elementos de la cultura pop transmitida fundamentalmente por la televisión. Así la Guadalupe (la tradicional y la “distroller”) compartía el escenario con Blanca Nieves y la Sirenita, y el tradicional pan de muerto fue sustituido en algunas tumbas por la moderna dieta de aves (Pingüinos, Gansitos y Chocotorros).
Todas las tradiciones son sincréticas; una reinterpretación adecuada al tiempo y la cultura del lugar. Nuestras tradiciones indígenas y las católicas son el resultado de una larga negociación entre ambas. Hoy a estos dos afluentes se le sumaron los de la tele y la mercadotecnia. No hay duda, Halloween llegó para quedarse, y eso no significa que la gente crea más de lo que ya creía en brujas, espíritus y zombis ni que crea menos en la Guadalupana que seguirá siendo la patrona. Lo que queda claro es que aunque para los conservadores todo sincretismo pasado fue mejor, ni los de afuera imponen su cultura ni los “defensores” de la cultura pueden aislarla. Nuestras tradiciones no mueren, se reinventan para sobrevivir.


