Tradición oaxaqueña
Imitación de los vivos en el Día de Muertos
Mientras la noche del primero al 2 de noviembre los panteones de México rebozan de velas y parientes de difuntos, los habitantes del distrito de Etla en Oaxaca convierten la noche en una parodia verdaderamente divertida no a costa de los muertos, sino de los sobrevivientes, una vez que desde meses antes de la fiesta del Día de Muertos, aquellos que van a participar en la llamada comparsa escogen a quién de los vecinos más destacados, como los policías, el panadero, las autoridades, van a imitar, y sin que nadie lo sepa con anticipación, será hasta las nueve de la noche del día primero cuando la gente descubra en el séquito del muertito y la viuda, los sacerdotes, viejitos, espiritistas y el diablo, su propia imagen representada por máscaras y disfraces que recorrerán junto con la banda de viento, todas las calles del pueblo y las casas donde haya un altar y los reciban para que en sus aposentos representen el dolor de la viuda y canten en sus versos, los chismes sociales y políticos mas relevantes del año.
“Buenas noches señoritas / Cómo están, cómo les va / Una posada les pido / Pa’ poderme refugiar”, cantan las voces al ritmo de la tambora, trompetas y clarinete. Sin esperar mucho, llegan los versos con que el panadero se reunió con la secretaria del presidente municipal, pero no se arreglaron en una oficina, sino en un escondido altar; que las autoridades de la Villa de Etla se robaron hasta las semillas de los campesinos, no para sembrar maíz sino sus propias arcas de dinero, y con el morbo a flor de piel para descubrir quien es quien, la gente se acerca a identificar en las voces su propia historia convertida en pública canción.
La noche se extiende encendida por la luna llena que ve acercarse a ella los cohetes que les anuncian a todos por dónde va la comparsa. Cada iglesia de los municipios de Etla es visitada por únicos grupos de gente disfrazada de todo aquello que la imaginación había puesto sobre la mesa de lo posible. Mariachis de muertos, soldados de muertos, bandas de rock y punks de muertos, así como personajes tétricos del cine como Chuky y su mujer descorazonada. Y hombres vestidos de mujeres, muchos de ellos según contaron los vecinos, “gays de otros barrios que esta noche se salen
del clóset pero no en sus propios barrios por favor, sino en otros donde sus familiares no los véan compartiendo y bailando su vergüenza” como si nada entre los muros bellos y viejos de cantera construidos en el tiempo de los verdaderos primeros muertos y los muros de lámina que fusionan la belleza de antes y el progreso gris de hoy.


