Historia de vida:Tres horas de terror
"Las ratas nadaban": vecinos de Ecatepec
El lodo empieza a secar y parece amacizar las piedras y adoquines que arrastró a su paso las aguas que bajaron de la Sierra de Guadalupe ese viernes.
Es la venganza de la naturaleza por construir en barrancas y en sus cercanías. Perdimos todo, se llevó dos habitaciones, de pura suerte nos salvamos, dice un habitante la Mariscala, una de las colonias más afectadas por inesperada lluvia.
En Coacalco las calles se convirtieron en auténticos arroyos de aguas broncas que arrancaron todo tipo de deshechos que se encontraban a su paso.
Tan sólo en la avenida Venustiano Carranza en la colonia Zacuautitla, una de las más golpeadas por la lluvia inesperada se recolectó 113 toneladas de lodo, según un informe oficial.
En esa calle, el agua bronca de la Sierra de Guadalupe, que se prolonga sobre los sobre Coacalco, Tuititlán y Ecatepec, arrastró miles de toneladas de lodo y piedras y lo que encontró a sus paso ese viernes.
El cielo despejado de ese viernes, fe invadido a por grises nubarrones que adelantaban la tragedia. “No sé, creo que eran como las cuatro de la tarde y después todo se oscureció”, dice Elena Hernández Rea, habitante de Tultitlán.
Antes de darnos cuenta, el agua, piedra y lodo golpeaba puertas y ventanas de nuestra vivienda, agrega la mujer.
En algunas zonas de la sierra de Guadalupe, en Ecatepec, las tuberías además de que fueron pagadas por los colonos, también tuvieron que abrir las zanjas para introducirlas por calles y en sus propias casas. Hoy su historia se repite. Parece una venganza de la naturaleza por ocuparla irregularmente.
La lluvia intensa, también puso al descubierto la vulnerabilidad de los asentamientos irregulares que violentamente invadieron el macizo montañoso. Que no aparecieron de la noche a la mañana.
"Las ratas nadaban. Subí a los niños a la azotea y no soporté más, estalle en llanto", narra Porfiria Laimón Arenas, una mujer sexagenaria vecina de la calle La Mariscala de la colonia Santa María Cuautepec.
Las tres horas de lluvia intensa prolongo el terror ¿Por qué, no se baja, por qué no se acaba ya, decía Laimón Arenas.


