Guía visual
De García Márquez a Mateo

Los muertos suelen dejarnos su sombra esquiva como único legado. Puede ser terrible, pero si miramos atentamente casi siempre descubrimos el amor y la rabia, los raptos vitales y los pesimismos de ese individuo irrepetible que fue nuestro muerto. A Atonatiuh Bracho (Ciudad de México, 1974) se le juntaron las sombras amadas: su padre y sus abuelos hace ocho años… una prima hermana hará casi un lustro. Sombras tan elocuentes que lo empujaron a emprender el proyecto De los diarios Polaroid, conjunto de tres libros de artista donde este fotógrafo mexicano se propone registrar —con cámara polaroid, pluma y varios estilógrafos—, el día a día de cada viaje concebido para realizar el dibujo de la memoria familiar. La belleza de esta inmersión de la mirada en el tiempo pretérito —para no olvidar— es que Bracho incorpora a un mundo desvaído la exuberancia de la vida contenida en el niño de cuatro años que es su hijo Mateo. A lo largo de 42 fotografías enmarcadas en un formato intimista, además de los diarios, podemos ver fotos tomadas desde el avión, imágenes del cuerpo femenino concentrado en su propio dolor.
Así, las primeras letras escritas por Mateo —“papá” la palabra fundadora—, y sus primeros dibujos se hallan en estas memorias, cobijados por la sombra de los antepasados. De manera discreta, como hizo en su libreta fabricada por la legendaria casa italiana Moleskine (la preferida de Van Gogh para hacer sus apuntes mientras andaba por la campiña francesa), Bracho encuentra el lugar para mostrar un autorretrato, su sombra de fotógrafo al acecho, la cámara y su tripié, además de un par de paisajes: la confirmación de que un día el artista será, a su vez, una sombra esquiva mas asible para el pequeño Mateo, heredero natural de esta memoria compartida por su padre con todo el amor, porque, como bien cita Bracho a Dostoievski: “Sólo la belleza salvará al mundo”.
Según el fotógrafo, entrevistado por esta cronista, el objetivo fue realizar tres libros-memoria-artesanales donde quedaran las instantáneas de la vida diaria, imágenes “que miran hacia adentro, a lo simple, a lo obvio”. Refiere Bracho: “Quiero que mi hijo me recuerde y se recuerde, que me piense, que me imagine detrás de estas escenas plasmadas en imágenes y palabras”. La idea es “dejar un poco de vida cuando no haya más vida”. Por eso sus fotografías, dibujos, textos y bocetos (muchos intervenidos con estilógrafo) conforman ya una memoria tan reveladora como ambigua, donde se representan momentos, emociones y lugares específicos. También hay en De los diarios Polaroid una búsqueda de los orígenes, una documentación de pueblos y ciudades y seres humanos habitando al autor hasta la médula, un registro donde se unen los ancestros de su hijo, tres familias unidas por ese azar tan asombroso para Borges.
El formato Polaroid, en blanco y negro pero también en color, fue elegido por su relación evidente con “lo instantáneo y lo espontáneo” de la vida. Los libros de apuntes, de entre 70 y cien páginas y miden 8 x 10 pulgadas. La elección del formato se debe, en menor parte, “a su próxima e inevitable extinción”. Quiso el fotógrafo que sus imágenes fueran irrepetibles y prescindieran del PhotoShop o de cualquier intervención digital. La exposición encontró su sitio en el nuevo espacio Acceso B, en la Casa del Poeta. Fotógrafo de gran oficio, Bracho ha trabajado en Reforma, Milenio Semanal y Revista Cambio. En esta última hizo equipo con Gabriel García Márquez, entonces el director, y lo acompañó como retratista durante sus charlas con el subcomandante Marcos y el pintor Francisco Toledo, entre otros. Este año obtuvo la beca del FONCA con la serie aquí comentada.
En su persecución de la memoria íntima, Bracho trazó una primera ruta de viaje que fue de Mineral de Pozos, Guanajuato, a la capital de ese estado, de San Luis Potosí y Matehuala a Real de Catorce. Su intención fue representar tanto su vida personal en relación con la familia Ascencio, como festividades, ruinas y peculiaridades de los lugares visitados. La intuición poética y algunas certezas estéticas sobre la nostalgia lo condujeron en esta amorosa reconstrucción paterna.
Atonatiuh Bracho.
De los diarios Polaroid.
Hasta el 5 de noviembre.
Acceso B Galería Casa del Poeta,
Álvaro Obregón 73, col. Roma.


