La puerta estrecha
Einstein
En teatro, la complejidad de un personaje, su creación, su estudio y su conocimiento puede ser tan intensa o misteriosa como la teoría del Big Bang.
La ciencia, ese “mecanismo filosófico eficaz para descubrir la verdad oculta tras la apariencia”, ha encontrado en el teatro una vía para su divulgación. Un caso sobresaliente en la dramaturgia contemporánea es el de Carl Djerassi, químico, novelista y dramaturgo austriaco que participó en el invento de la píldora anticonceptiva en México. Djerassi ha llevado al teatro momentos importantes de la ciencia (su obra Oxígeno, por ejemplo, que escribió con Roal Hoffman y fue publicada en español por el FCE, muestra la polémica sobre el descubrimiento de este elemento químico) y es creador del género literario “Science in ficcion”, en el que hace uso de la ficción, de su estructura, para divulgar ideas científicas.
Sin embargo, la ciencia no se aborda en teatro sólo para divulgarse, también recrea la vida de sus actores; vivir la ciencia a través de sus genios es otra faceta interesante que la dramaturgia nos ha reservado.
¿Qué pasa cuando uno de los grandes científicos, quizá el más importante para la física moderna, nos interesa como personaje teatral? La cosa debe ser compleja. Sobre todo cuando deseamos que nuestro protagonista esté presente en la historia a manera de recuerdo, de evocación.
“Einstein es un personaje magistralmente ejemplar: violento a veces, conservador otras, extraordinario intermitentemente, cobarde en ocasiones, llamativo siempre, sin duda antibelicista, seductor, dubitativo, humano. No es un héroe plano como Aquiles o Héctor. Tiene el rostro poliédrico de un hombre de hoy; un ser de carne y hueso, de luces y sombras, desdibujado, múltiple”, dice Andrés Roemer en el prólogo a El otro Einstein, pieza que retrata al científico a través de sus mujeres: Mileva Maric (primera esposa), Elsa Einstein (segunda) y su secretaria Helen Dukas. Un encuentro que no importa por qué se da (aunque tiene su motivo) pero están reunidas las mujeres para hablar de él.
En un principio, las mujeres anteponen su orgullo y discuten —esto es por desgracia casi un lugar común— el “por qué me quitaste a mi marido” sin develar aparentemente algún dato o tono del personaje que en realidad nos importa.
Después de esta serie de diálogos que están divididos por temas-actos (“Las hijas”, “El amante”, etcétera), llegamos casi al final —en el trayecto Roemer nos puede perder como lectores—, al verdadero asunto de la historia, a lo que estamos esperando desde el primer acto: las personajas comienzan a revelarse como lo que son, para lo que funcionan en esta pieza, como las observadoras y críticas de diferentes etapas en la vida de Einstein. Y es aquí donde comienzan a ser honestas y fuertes, y a descubrirnos a un Einstein que mira la ciencia como un algo natural, como el dormir, y a las relaciones humanas como el “coco” de su ciencia…
Strindberg escribió una maravillosa pieza cómica (aunque casi siempre se monta melodramáticamente) que me recordó esta confrontación entre mujeres que Roemer pretende: La más fuerte, una obra brevísima que, al margen de un personaje científico o no, aborda la confrontación por un hombre.
Con actuaciones de Verónica Merchant, Claudia Lobo y Dora Cordero, El otro Einstein, autoría de Andrés Roemer, se presenta en la Sala Chopin (Álvaro Obregón 302, colonia Roma) y fue publicada bajo el sello Miguel Ángel Porrúa con ilustraciones de José Luis Cuevas.
La puerta estrecha se ha cerrado.


