Reseña

El saber de Steiner

  • 2009-10-31•En librerías

George Steiner. <i>George Steiner en The New Yorker</i>, Editorial Siruela / FCE, México, 2009 402 pp.
George Steiner. George Steiner en The New Yorker, Editorial Siruela / FCE, México, 2009 402 pp.

¿Qué espera un lector de un crítico? La respuesta más obvia sería información de la obra de un autor. Los grandes críticos van más allá: nos hacen reflexionar sobre la realidad a través de una obra literaria. Los que ocupan la escala más alta cuestionan a los grandes artistas y nos ofrecen otra visión del mundo. A esa última categoría pertenece George Steiner.

En los ensayos que publicó durante 30 años en The New Yorker, recién publicados por Siruela y el FCE, Steiner hace la disección de escritores que se han vuelto iconos. Aquí vale la pena recordar la frase de Flaubert: “La estupidez es la falta de reflexión sobre los lugares comunes”. Lo que vuelve valiosas las afirmaciones de Steiner es que su meta no es demoler pedestales, sino comprender. Veamos. De Cioran afirma: “La palabra aquí es fácil. En la totalidad de las jeremiadas de Cioran hay una facilidad de mal agüero. Las páginas en las que me he basado no sólo son fáciles de escribir, halagan al autor con el tenebroso incienso de lo oracular”. De Chomsky: “Es un pensador estimulante, poseído por una apasionada ansia de unidad, de una lógica y una explicación completas. Hay una poderosa vena de monismo en el deseo de Chomsky de llegar a la raíz de las cosas, ya sean políticas o lingüísticas. A mí, el ser humano me parece un animal más raro, más variado de como Chomsky hubiera querido que fuese”.

En este espléndido libro hay también hallazgos geniales. Al hablar de Borges, nos dice: “Como Lewis Carroll, Borges ha convertido unos sueños autistas —cuya naturaleza privada es exótica y personalísima en grado considerable— en imágenes, en llamamientos discretos pero exigentes, que los lectores de todo el mundo están descubriendo con la sensación de reconocerlos plenamente”. De Orwell: “Al optar por el título 1984, George Orwell logró dar un asombroso golpe maestro. Puso su firma y su derecho de propiedad sobre un fragmento de tiempo. Ningún otro escritor lo había hecho jamás”. Sobre Karl Kraus: “Relacionó la descomposición en la lucidez, en los valores de verdad, en el personal vigor del discurso privado y público con la descomposición, más en general, de las sociedades políticas centroeuropeas y occidentales”.

El saber de Steiner pasa por el tamiz de la filosofía, la estética, la antropología, la literatura, la historia y la ciencia. Con el dominio de lo externo, de lo más grande, logra penetrar en lo interno, en lo más pequeño. Hay también una pluma que se acerca al aforismo y a la poesía, capaz de sentencias deslumbrantes: “El misticismo, esa repentina lógica del espíritu humano cuando se halla en estado de arrobamiento”. Nos asombra su lucidez, surgida de un saber sin concesiones: “Sólo cuando la crítica es rigurosa y no se anda con reparos es cuando se hace honor a la literatura”. Debemos leer George Steiner en The New Yorker. Nos obliga a pensar.

José Antonio Lugo • jalugog@prodigy.net.mx