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La importancia de obedecer

Interludio

Román Revueltas Retes

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  • 2009-10-29•Al Frente

La basura la tira la gente. O sea, que hay que cambiar a la gente. Imaginen ustedes un país de gente muy civilizada: gente que no para el coche a mitad de la calle en los cruceros; gente que toma el turno en la cola; gente que respeta; gente que cumple; gente que obedece. Bueno, pues ese país de gente que se sabe comportar sería un país mucho más habitable que otro, por ejemplo, donde la gente hace lo que le da la gana sin consideración alguna hacia el prójimo.

La semana pasa iba yo andando por la calle y un tipo que caminaba delante se detuvo, recogió una botella de plástico tirada en la acera y se metió en una tienda para echarla al bote de la basura. Esperé a que saliera y lo felicité. Pensé luego que si así deberíamos ser todos los mexicanos. Les digo, pues, que imaginen un territorio poblado de personas ordenadas y cumplidoras: casi el paraíso.

La gente suele seguir las reglas por temor al castigo. Y así, el colosal crecimiento de la delincuencia en México se explica por la escandalosa impunidad de los criminales: si matas o secuestras y no te pasa nada, pues entonces vuelves a matar y sigues secuestrando. Pero, no es un asunto de agitar el espantajo de la pena de muerte: es cosa de aplicar las leyes y nada más. La gran pregunta es por qué existen millones de ciudadanos, aquí, que quieren cometer toda clase de infracciones: tirar basura es una pequeña transgresión; ignorar la luz de un semáforo es un delito menor; asesinar a un niño secuestrado es una monstruosidad perpetrada por una bestia. En todos los casos, sin embargo, está presente el denominador común de la desobediencia.

Los individuos más evolucionados no se abstienen de delinquir por miedo a la cárcel sino por una clara conciencia de lo que está bien y lo que está mal. Su personalidad se ha estructurado a partir de los valores morales. Justamente, ahí está nuestro fracaso como sociedad: México es una jungla avasallada por individuos desobedientes, berrinchudos e irresponsables. Esto no lo cambia Calderón. Lo cambiamos nosotros mismos.

revueltas@mac.com