De culto: Elémire Zolla
El misticismo como estado natural
2009-10-24•Antesala
El sabio italiano Elémire Zolla (Turin, 9 de julio de 1926) formó su espíritu en un medio intelectual y artístico, alternando durante sus primeros años estancias en Londres y París. Sus padres, Venanzio Zolla, pintor italiano nacido en Londres, y Blanche Smith, pianista inglesa, hicieron de su infancia un Edén del que fue expulsado a mediados de los treinta con la llegada al poder del fascismo, provocando que Turín se convirtiera en su morada permanente: “Desde ese momento, una nube negra se posó sobre mí y no se ha disipado”, ha recordado en un escrito autobiográfico. Para bien y para mal, Turín se volvió un sitio fundamental en su vida: allí encontró su vocación y la ciudad simbolizó para él la civilización Occidental en todas sus contradicciones.
Zolla ejerció la enseñanza en las Universidades de Roma y Génova, y ha escrito narración y ensayo, amén de traducir a escritores de lengua inglesa; en nuestro idioma, su labor de estudioso es la más divulgada. Su enciclopedismo abarca sociología, antropología, filosofía, alquimia, psicoanálisis y doctrinas esotéricas orientales y occidentales, siendo uno de sus ejes el cuestionamiento de nuestro racionalismo. Nada más natural que uno de sus críticos lo haya calificado como un pensador “oriental”. Su libro La nube del telar. Razón e irracionalidad entre Oriente y Occidente (Paidós, 2002) resulta ilustrativo en este sentido. La conclusión que se deriva de su lectura es que cada sistema es racional en sí mismo, pero no por ello están exentos de vicios.
En Qué es la tradición (Paidós, 2003) Zolla se propuso inicialmente establecer una separación, para él ahora artificiosa, entre el bien y el mal. De forma muy esquemática, explica, el bien lo representa la Tradición, asociada a la cultura del comentario, y el mal, la modernidad, ligada a la cultura de la crítica. Para la cultura del comentario “un texto sagrado ofrece criterios estrictos de moralidad y de orden, ascesis y severidad, prescribe cánones tanto al artista como al comerciante”; la cultura de la crítica ofrece lo contrario.
El corazón de su obra, como la ha llamado, es la antología en cuatro tomos Los místicos de Occidente (Paidós, 2000), que abarca del mundo antiguo hasta el siglo XVIII, cuando “cesa el gran estilo de la mística”; summa de todos sus esfuerzos, en la “Nota introductoria” encontramos la respuesta a la pregunta de cómo se obtiene el estado místico: “Hay mil caminos. Unos pueden ser opuestos a otros. También podría responder que se logra a través de la violación, de manera sistemática, de todas las leyes como el tantra. La definición más precisa, sin embargo, son muy pocos quienes la recuerdan: es la del quietismo, la de Miguel de Molinos”.






