La UNAM festeja a David Huerta

Amigos y lectores encaran los 60 años de vida del poeta, con un día entero de reflexión y de poesía en la Facultad de Filosofía y Letras.
  • 2009-10-22•Cultura

“A lo largo de la vida siempre he tratado de proceder de acuerdo con lo que pienso”, dice el poeta.
“A lo largo de la vida siempre he tratado de proceder de acuerdo con lo que pienso”, dice el poeta. Foto: Martín Salas

David Huerta confiesa haber estudiado pedazos de tres carreras en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM: filosofía, letras inglesas y letras españolas, por vueltas de la vida y responsabilidades de adulto, no logró terminar ni una de ellas.

Sin embargo, para festejar su arribo a la sexta década de existencia, la facultad y la Casa del Poeta organizaron un día de actividades de reflexión sobre la obra del escritor, pero también como un testimonio de la amistad que le profesan muchos de sus colegas en el ámbito literario.

“El homenaje tiene un enorme sentido para mí: no tengo la menor queja de la facultad, pero la institución sí tendría varias de mí, sobre todo si fueran a buscar mi expediente, porque verían que fui muy mal estudiante.

“Pero el hecho de que se reconozca un trabajo que, aun cuando no tiene el amparo o el cobijo de un título universitario, ha sido hecho con cierta seriedad, con constancia, con fidelidad a la poesía y a la literatura, me resulta enormemente satisfactorio.”

Autor de títulos como La luz de silencio, Cuadernos de noviembre, Incurable, El azul en la flama o La calle blanca, David Huerta arribó a los 60 años prácticamente en silencio, sin los reconocimientos institucionales, pero sí con los de amigos y lectores que reconocen una vida vivida a la luz del pensamiento y de las emociones.

“A lo largo de la vida siempre he tratado de proceder de acuerdo con lo que pienso, no he hecho concesiones, y si de algo estoy contento es de haber tratado de vivir, con todos los medios a mí alcance, de acuerdo con lo pienso.”

Sesenta años aquí es el título del homenaje a David Huerta, a desarrollarse en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras, desde las 10 de la mañana hasta las 20:00 horas de hoy, con la presencia de Federico Campbell, Christopher Domínguez Michael, Ernesto Lumbreras, Josu Landa, Luis Cortés Bargalló, María Rivera, Coral Bracho, Alicia García Bergua y Eduardo Hurtado, por mencionar sólo a algunos.

La influencia de los padres

Hay quienes tienen en sus padres famosos una barrera para su propio desarrollo: David Huerta lo tuvo como impulso; hijo del Cocodrilo Efraín Huerta, asume con claridad la responsabilidad que le ha significado llevar ese apellido a cuestas, si bien no lo piensa como una carga. “Significa una gran responsabilidad, pero que uno asume con entusiasmo, sin pesar. Hace varios años, además, hice las paces con la poesía de mi papá: es uno de mis maestros, el primero, y en un momento dado descubrí que no podía emularlo.

“Había un deseo de competencia, que no quiero examinar a la luz del psicoanálisis, pero al descubrir que era mi maestro y no podía igualarlo, me quedé muy tranquilo.”

Pese a ello, David también destaca la presencia de su madre, Mireya Bravo, de quien hoy se cumplen 38 años de su muerte: “Es cierto que mi padre fue el famoso, pero mi madre fue muy importante. A a ella le debo muchísimo”.

Seguro de que la vocación artística consiste en una permanente insatisfacción, David Huerta no tiene empacho en reconocer que aún no ha logrado escribir el poema, aquel que tiene en su cabeza como ideal y no ve reflejado en lo ya escrito.

“A pesar de ello, cuando consigo que un muchacho abra los ojos o preste atención con el oído a lo que le ofrezco en clase, es un momento poético para mí, una especie de revelación o de epifanía.”

Conjura desde septiembre *

Fuego verde, niebla en el aire…
[…]
En una hora, en media hora, para que
se vaya como una niebla,
que se vaya como una mariposa…
Rezo tzotzil para curar la epilepsia
Que la mano se abra hacia el espejo del sueño
Que el ojo se cierre hacia el manojo de los nervios
Que la espalda se suavice en el reposo cristalino
Que la boca se distienda bajo la electricidad de la noche
Que el cuello se afloje en la flor del reposo
Que la nariz se eleve en el perfume blanco del día
Que la pierna se alargue detrás del magnetismo del viaje
Que el pubis se encienda en el terciopelo del abrazo
Que la cadera se curve en el esplendor de la brisa
Que la oreja se despierte bajo el tintineo del contacto
Que el pelo se derrame desde el muro del cráneo
Que el pecho se ilumine desde las astillas del grito
Que el hombro se duerma ante la huella del neblí
Que el pie se extravíe entre las magias del tiempo
Que la garganta se oscurezca con la sílaba del espacio.

* Fragmento de La calle blanca (Ediciones Era, 2006)


Homenaje a David Huerta. Sesenta años aquí,
se inaugura hoy, a las 10:00 horas,
en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM

México • Jesús Alejo