¿Vale la deuda pública?

Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada

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  • 2009-10-18•Acentos

Ante las dificultades y estragos de la economía, con frecuencia se dividen en dos las propuestas: quienes piensan conservador y proponen un repliegue organizado de gastos y proyectos. Otros, liberales quizá, proponen ver la crisis como oportunidad para invertir en infraestructura y en proyectos estratégicos, pues el repliegue de unos abrirá oportunidades poco usuales en ciertos nichos de la economía.

El repliegue económico permite ahorro, exige evaluación para eliminar gastos superfluos, austeridad, hacer más con menos y adecuar el tamaño de las expectativas al tamaño de las realidades. Aprovechar las oportunidades permite hacer inversiones sin necesidad de enfrentar altos costos de oportunidad y, por tanto, incrementar la productividad. Las dos recetas o posturas hoy están en aplicación en nuestro medio económico.

Lo que ninguna de las recetas recomienda es adquirir deuda. Al menos no para vivir. Si no hay suficiente para vivir hay que trabajar más. Quizá en condiciones más estrechas y en trabajos menos renumerados. El tema es incrementar los ingresos a como dé lugar para llegar a la hipotética línea de sobrevivencia. Para la economía pública eso quiere decir incrementar las oportunidades de empleo para obtener ingresos vía impuestos, estimular las inversiones para obtener luego ingresos vía impuestos sobre ganancias y, en todo caso, invertir dinero público en obras prioritarias en mano de obra y sustentables, precisamente por la expectativa de obtener más ingresos. Pero, ¿endeudarse para invertir? No tiene lógica.

La deuda pública, casi toda fundada en dólares, acaba de subir su monto por causa de la devaluación sufrida durante los doce meses pasados. Hoy la deuda del gobierno, en números conservadores, es 35 por ciento más alta que hace un año. Y con mayores intereses. ¿Qué lógica financiera avala o sostiene el endeudarse más para hacer obra pública? El gobierno, ejecutivo y legislativo, están obligados a explicarla.

Por si fuera poco la ilógica económica, el gobierno está aparentemente decidido a invertir en obra pública suntuosa y de la menor productividad. El ejemplo emblemático es el ya famoso “puente atirantado”, al cual una muchedumbre ciudadana nos oponemos, sobretodo por inútil y depredador del ambiente. ¿Por qué no hacer obra pública necesaria? En todo caso que se completen avenidas tales como 8 de Julio, hasta el Periférico, o Adolfo Horn. Llevar Federalismo hasta Tlajomulco. Construir otra avenida de acceso al aeropuerto. Otro a Tonalá, desde la carretera de cuota a Zapotlanejo. Otras 30 semejantes. Con o sin tirantes: No se vale endeudarse. No al “atirantado”.