Entrevista: Julián Hernández
“Es molesto que te encasillen como director gay”
2009-10-17•Cine
Algo tienen las pelí-culas de Julián Hernández que siempre dan de qué hablar. En la Berlinale ha proyectado sus tres cintas: Mil nubes sobre el cielo, El cielo dividido y la más reciente, Rabioso sol, rabioso cielo, que este fin de semana se estrena en salas mexicanas. Juntas forman una suerte de trilogía sobre la complejidad de consumar las relaciones afectivas entre los seres humanos, en concreto esta última narra la imposibilidad de dos hombres por establecer un nexo sólido dentro de una espiral temporal que va del México contemporáneo a un pasado remoto. No obstante y pese al reconocimiento en países como Francia o la reciente mención honorífica en el Lisbon Gay and Lesbian Film Festival, el director ha tenido que padecer los conflictos de hacer una película de casi tres horas: por presiones de los exhibidores se ha visto en la necesidad de cortarle al menos una hora.
¿Por qué cortó la película casi a la mitad?
Le quité una hora. La película se estrenará con siete copias, cinco en versión reducida y dos en larga. La idea de hacer una versión más breve surgió de mi distribuidor en Francia, quien me comentó que los cines de arte ya casi no existen y por lo mismo estrenar una película de tres horas era prácticamente un suicidio. Lo malo no fue decirlo, sino que se hiciera público porque de ahí se agarró mi distribuidor en México, cuyas razones son las mismas. Una película de casi tres horas en términos de veinte minutos de comerciales reduce el número de funciones a tres y esto evidentemente no le conviene al exhibidor.
Hace poco Agustín Díaz Yáñez me decía que en México el público no ve películas de tres horas…
Tengo muy claro que mis películas no son comerciales, pero aún así sigo creyendo que los espectadores van al cine para dejarse envolver por una historia. Rabioso sol va por un público que está dispuesto a ir un poco más allá.
Con esta película cierra una especie de trilogía, ¿desde un principio la concibió así?
No me la planteé de esa forma, pero la vida quiso que así fuera. Son películas que tratan sobre seres humanos que intentan establecer relaciones amorosas y afectivas con otros seres humanos, pero que a la vez tienen problemas para realizarlas. Los personajes de mi película luchan por eso.
Su cine alude mucho al cine europeo, sobre todo al alemán…
Sin duda, pero también tengo elementos del “Indio” Fernández. De pronto hay cosas muy mexicanas como el close-up, pero también tengo planos largos o el uso del blanco y negro al estilo del Nuevo cine alemán.
El “Indio” Fernández era un director muy duro, ¿usted lo es?
No… bueno, no sé. Depende de muchas cosas, en el rodaje se establece una relación amorosa entre el director y su equipo de trabajo, en especial con los actores porque de alguna manera te representan. Pienso que cuando escoges a un actor escoges a una especie de amante. En ese sentido soy pasional y posesivo. Como director no quiero que nadie se acerque a mi actor, de pronto puede ser algo raro, también porque sabes que sólo dura ocho semanas.
La versión larga de la película se cuenta en dos tiempos: uno contemporáneo y otro más mitológico; para la corta eliminó uno…
Deliberadamente pensé que la película se tenía que romper en un punto y convertirse en algo diferente. Empieza en blanco y negro, algo urbano y muy realista. Aparece el título y se convierte en algo muy extraño, hay color, más emplazamientos, aunque la historia sigue siendo la misma. Lo que sucede es que la anécdota es tan básica que la gente quiere ver algo más, pero no, es una historia de amor sencillísima. Para la versión reducida quité la segunda parte, a muchas personas les resultaba violenta aunque para mí es un segmento que permite concluir y redondear cosas. La historia comienza en el pasado, luego avanza hacia la parte en blanco y negro, y concluye en color. Lo que sucede es que los personajes que se encuentran en la Ciudad de México actual, se conocieron en el pasado y tienen una segunda oportunidad para saldar viejas deudas. Es una historia que está basada en mitos comunes en todas las culturas como es la lucha de los gemelos astrales por la posesión de los seres humanos.
En la Berlinale a sus películas les suele ir bien, ¿se siente mejor comprendido allá?
No. En Alemania las películas mexicanas les resultan folclóricas, sin embargo es cierto que hay un lenguaje distinto al que se suele tener aquí y que va desde el manejo de la diversidad sexual hasta el manejo del erotismo.
¿Todavía choca eso en México?
Sí, ocurre en la Academia de Ciencias Cinematográficas. Me han dicho que los miembros de la Academia de repente se salen de las funciones, incluso hay quien desconoce el lenguaje cinematográfico. Una actriz ganadora de varios arieles dijo: “Cómo vamos a premiar a esos actores si ninguno habla, el cine es la palabra”. Eso traduce el nivel que tenemos. Pero no es algo que me preocupe, sin embargo sí llega a ser molesto que te encasillen como director gay, como si el hecho de serlo determinara el tipo de película o la forma de mover la cámara. Se les hace fácil distribuir los carteles de mi película en la Zona Rosa y está bien, no niego que mis personajes tienen eso, pero también hay otro lado y es el del cine distinto que se emparienta a lo que hace Reygadas, mientras que a ellos los mandan con Cristina Pacheco a mí me quieren enviar a Wow.






