Revelaciones
2009-10-17•Antesala

Gabriel Orozco participó en la exposición colectiva “Sin rostro aparente”, que en 1983, en el Museo Carrillo Gil, reunió a un grupo de artistas nacidos en los cincuenta. Lo vi y me citó en su estudio para retratarlo. Trabajaba en su examen final: versiones al óleo de El jardín de las delicias. Esta fotografía, que forma parte de una serie inédita, fue tomada en aquella ocasión.
Nunca imaginé que Orozco se convertiría en uno de los artistas más importantes del país. Eso sí, me di cuenta que sabe pintar. Como Picasso, aprendió la técnica y después se ocupó de la deconstrucción.






