De culto: Juan Bosch

Fronteras de la belleza

  • 2009-10-17•Antesala

Foto: Especial

Mostrar, testimoniar la vida de los campesinos de República Dominicana —más concretamente, de la región del Cibao— es una de las médulas de la belleza con la que Juan Bosch construye casi toda su obra cuentística. Obra que se inicia con la publicación de Camino real, en 1933 —cuatro años antes del primer exilio de Bosch— y que culmina cuando, ya de vuelta, en 1962, es elegido por el 60 por ciento de los votos como el primer presidente constitucional de su país. En 1909, Bosch nace en la zona rural de La Vega; en 1939, desde Puerto Rico, funda el Partido Revolucionario Dominicano —fundará también el de la Liberación Dominicana, en 1973—; y a causa de un golpe de Estado partirá a un segundo exilio siete meses después de haber asumido el mando del gobierno. “Nadie da un paso en el extranjero sin acercarse o alejarse de su patria”, esta frase de Sartre proyecta lo que ocurre con los relatos del escritor caribeño: Cuentos escritos antes del exilio, Cuentos escritos en el exilio, Más cuentos en el exilio, y Más cuentos todavía son los títulos de sus libros reunidos, publicados por Alfaguara en 2000, un año antes de la muerte del autor. Lo primero que se desprende, claro, parece una obviedad: esté donde esté, Juan Bosch siempre hablará de Dominicana, dar cuenta de su país es el centro mismo de su proyecto sostenido por la prosa certera de sus ensayos políticos y una literatura crítica, preponderantemente realista. Y en esta tónica, también vale una salvedad. Los relatos de Bosch, en general, son incluidos en lo que comúnmente se marca como regionalismo o criollismo, e incluirlos en estas categorías conlleva los reparos del caso: la ausencia de maniqueísmo ante la vitalidad conmovedora de los personajes, los relatos que se vuelven universales ante el hecho de ser, no esencialmente historias de campesinos dominicanos, sino historias de hombres que traicionan y que son leales y que, en suma, hacen lo posible por vivir. Pero, y ésta es la salvedad a la que refería, la prosa de Bosch no es neutra ni tiende a eso —al estilo Rulfo, digamos—, muy por el contrario, se organiza desde giros vernáculos, desde los términos locales, ya que su propia expresividad, su vigor, está en ese artificio que él logra con el español. Al margen de sus dos novelas (La mañosa y El oro y la paz), Bosch se ancla, también, en esa tradición que tiene América Latina de pensar el género-cuento, y que se inicia con la relectura que Quiroga hace de Poe, en el Río de la Plata. De hecho, Bosch publica Apunte sobre el arte de escribir cuentos en 1958, en El Nacional de Caracas, haciendo eco de El decálogo y de Los trucs

Bosch, una figura tan política, sabía que la belleza es una de las médulas de la literatura, mientras escribía, además, sobre esa frontera difusa en la que la belleza es también justicia y es también verdad.

Marina Porcelli • www.laisladesancho.blogspot.com