El capo y la gitana

Día con día

Héctor Aguilar Camín

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  • 2009-10-16•Al Frente

En el libro que Ricardo Ravelo dedicó al temible narco tamaulipeco Osiel Cárdenas Guillén (Grijalbo, 2009), hay al menos una historia que subrayar.

Es la siguiente:

Siendo ya un capo fuerte, aunque mal conocido para el gobierno, Osiel Cárdenas topó con una gitana en una playa de Jalisco. Poniéndole la mano enfrente le preguntó si veía cárcel o muerte en ellas. La gitana respondió que no, sólo a alguien cercano hablando traicioneramente de sus cosas.

Osiel vivía huyendo de quienes querían matarlo. Dormía en casas y en hoteles distintos cada vez, con mujeres distintas, que entretenían su insomnio fornicario.

Cercano, sólo tenía a un cómplice de viejos tiempos llamado Paquito, su valet y su confidente, el testigo de sus noches, el que le compraba la ropa y se la ponía sobre la cama cuando salía del baño.

Paquito era el que llevaba a Osiel de una casa a otra y de un punto a otro del país para que no supieran dónde estaba ni sus amigos ni sus enemigos. Había inventado el sistema de usar 30 teléfonos celulares, uno cada día, para evitar que rastrearan la señal.

Siendo único cercano de Osiel, sólo él podía traicionarlo, como decía la gitana, pues era el único testigo de sus cosas, razón por la cual Osiel empezó a dudar de Paquito. A poco de dudar, pensó matarlo.

Un día dijo en voz alta lo que pensaba. Quienes lo oyeron fueron a decírselo a Paquito. Con la confianza que había entre los dos, Paquito preguntó a Osiel si era verdad que quería matarlo, a lo que Osiel respondió: “Sólo que me hayas hecho algo”.

Paquito entendió que Osiel iba a matarlo y decidió entregarse a las autoridades. Le concedieron la inmunidad que pedía como testigo protegido a cambio de contar todo lo que sabía de Osiel, por ejemplo, que los teléfonos que debían intervenir para encontrarlo no eran los suyos, sino los de su mujer y sus hijas con las que Osiel hablaba todos los días al menos una vez, pues era hombre de familia.

Fue así como la policía oyó a la hija de Osiel invitar a una amiguita a sus 15 años y pudo tender el cerco sobre la fiesta y capturar a Osiel, luego de tres balaceras: una en la casa donde lo capturaron, otra camino al aeropuerto donde trataron de liberarlo, otra en el aeropuerto de donde lo remitieron preso.

Paquito vive bajo una identidad falsa en ciudad desconocida. Osiel, en una cárcel estadunidense de ubicación desconocida.

Pensará de tarde en tarde que la gitana le dijo la verdad.

acamin@milenio.com