El puente y la ciudad
Paso de cebra
Alberto Pérez Martínez
Hace unos meses, el gobierno decidió proyectar un puente atirantado para desahogar el tráfico de Lázaro Cárdenas y López Mateos. De reacción inmediata, todos esos nuevos grupos de chavos que reclaman una mejor ciudad alzaron su voz en contra. Ni los pelaron. Las autoridades parecen decididas a seguir adelante con la obra. Con los de Guadalajara 2020, que ya no son tan jóvenes y que representan el 5 por ciento del PIB de la ciudad, pasó lo mismo. Se opusieron, pero tampoco les hicieron caso. El puente va tendido y con tirantes, aunque no los ocupe.
Los argumentos del gobierno tienen lógica automovilística. Se requiere prolongar Lázaro Cárdenas como una vía de desplazamiento rápido y eso demanda puente (aunque diga Diego Petersen que un paso a desnivel —sea por arriba o sea por abajo— es como una línea recta: la manera más corta de llegar de un embotellamiento a otro).
Los argumentos de quienes se oponen al puente también tienen lógica, aunque no automovilística: No quieren que destruyan un parque de usufructo público y más de 500 enormes y preciosos árboles. Pero sobre todo, se oponen a que se siga privilegiando al automóvil y a que se vayan destruyendo los encantos de la ciudad; esos que la hacen atractiva, que la hacen amable, que la hacen habitable. Y eso no es cosa menor… también impacta la competitividad y los dineros.
El problema es que los que alzan la voz, son pocos y, por lo que se ve y se acostumbra… la gran mayoría de apáticos tapatíos, o ya hace rato que perdieron las esperanzas, o les vale madre, o están contentos con las cosas como son. Ante la frustración, minorías ciudadanas y gobierno tienden a descalificarse mutuamente y eso empantana el asunto de fondo.
La cuestión no es que si puente sí, o puente no. El puente es la solución a un problema de autos. Como toda solución, debe ser una respuesta técnicamente adecuada… a la pregunta correcta. Y la pregunta correcta que debemos hacernos como sociedad, y a la que deben corresponder las autoridades es ¿cuál es el modelo de ciudad que queremos construir? Yen eso comete un error el gobierno, porque los ciudadanos han empezado una discusión bastante intensa sobre el modelo de ciudad, que si bien aún no arroja conclusiones, si empieza ya a construir cultura urbanística, por llamarle de algún modo.
Hace algunos años se hizo un ejercicio, en el marco del foro Metrópoli con rumbo (con una metodología de Cities, la consultora que impulsa el desarrollo de grande urbes en el mundo), que delineó los elementos de ciudad a la que los tapatíos aspiramos. Entonces, las tres prioridades básicas identificadas fueron: proyecto-ciudad, medio ambiente, transporte colectivo.
Sin embargo como no fue un ejercicio gubernamental, lo que allí se planteó solo sirvió para lo que el gobierno quiso, del modo que lo quiso y hasta donde quiso. Como el ejercicio tampoco fue muy socializado, puede descalificarse fácilmente por quienes no les acomoda, pero el ejercicio es bueno y coincidente con muchas otras reflexiones que se han hecho para determinar el rumbo de la ciudad.
De hecho, la organización de foros con temática urbana casi parece epidemia en estos tiempos —ojalá y hubiera muchas de esas—, el recientemente concluido de Complot, o el de vialidad de hace unos meses o el que organiza el Colegio de Jalisco para la semana que entra, aún cuando tengan respaldo económico del gobierno, no existe compromiso político del gobierno para seguir los lineamientos que de ellos emanen. Cabe señalar que por su tamaño y formato, todavía son discusiones de nicho (no pueden ser de otro modo) y no están involucrados los ciudadanos comunes y corrientes, ni los de a pie, ni los de auto.
Insisto, cada uno de estos foros está contribuyendo a crear un acervo de atributos que debe tener una ciudad en general para ser humana y lo que debe tener Guadalajara en particular. A la larga, la discusión va a crear una conciencia colectiva que, espero, ensanche las avenidas de participación ciudadana.
Lo lamentable del caso es que el gobierno, en vez de subirse a esa ola y hacer obras con una congruencia mayor, con sentido de la ciudad futura, camina a contrapelo. Sin mucho esfuerzo hará el puente con tirantes o sin ellos, que en algunos años acabará integrado al paisaje urbano y dirán que no pasó nada. Pero habrán perdido una oportunidad de fortalecer su legitimidad y poner un ladrillo en la construcción de una ciudad con mejor tejido ciudadano. Eso es lo que hace más falta.


