La Nobel Herta Müller, escritora contra el olvido

De nuevo se impuso la sorpresa: la rumano-alemana Herta Müller resultó la ganadora del galardón, en reconocimiento a una obra que es “concentración de la poesía y la franqueza” y que “describe el paisaje de los desposeídos”, según la Academia Sueca.
  • 2009-10-09•Cultura

Seguirá siendo la misma, porque no va "a ejercer de premio Nobel las 24 horas del día".
Seguirá siendo la misma, porque no va "a ejercer de premio Nobel las 24 horas del día". Foto: Michael Sohn-AP

En los últimos años, la Academia Sueca, encargada de elegir al ganador del Premio Nobel de Literatura, se ha caracterizado por dar sorpresas: algunos de los nombres que encabezan las quinielas se convierten, con el paso de las ediciones, en los eternos candidatos, como Philip Roth, Amos Oz, Joyce Carol Oates, que en 2009 estaban al frente de las listas.

“Estoy sorprendida y todavía no me lo puedo creer. De momento no puedo decir más”, dijo Müller en una primera reacción difundida por su editorial alemana Hanser.Ya antes, al recibir la noticia a través del secretario permanente de la Academia Sueca, Peter Englund, la escritora había dicho que se había quedado muda, pero prometió a su interlocutor que recuperaría el habla para el 10 de diciembre.

El director de la editorial Hanser —el editor, ensayista y poeta Michael Krüger— dijo, por su parte, que con Herta Müller había sido premiada una autora que “veinte años después del fin de la guerra fría insiste en mantener el recuerdo del lado inhumano del comunismo”.

“Su gran trabajo de duelo literario es un ejemplo impresionante de una literatura europea comprometida que, con agudeza analítica y precisión poética, hace presente nuestra historia”, señaló la academia

Descendiente de suabos emigrados a Rumania, Herta Müller es considerada uno de los valores más sólidos de la literatura rumana en lengua alemana; estudió Filología Germánica y Románica en la Universidad de Timisoara, pero se vio obligada a salir de su país por su relevante papel en la defensa de los derechos de la minoría alemana.

Entró en conflicto con el gobierno del dictador Nicolai Ceaucescu, por lo que perdió su primer trabajo, como traductora en una fábrica de máquinas, por negarse a colaborar con la Securitate, el servicio secreto de la Rumania comunista.

Su primer libro, Niederungen (En tierras bajas, Siruela), tardó cuatro años en la editorial antes de que finalmente pudiese publicarse, en 1982, con recortes impuestos por la censura rumana.

Desde 1987 vive en Berlín.

La escritora y Alemania

La plana mayor de la política alemana destaca hoy el valor simbólico de la concesión del Premio Nobel de Literatura 2009 a la poetisa rumano-alemana Herta Müller en el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín.

“Es una señal maravillosa que justo ahora, 20 años después de la caída del muro”, se haya distinguido con el premio Nobel una literatura de “excelente calidad” enriquecida “con una experiencia de vida que habla de dictadura, opresión, miedo pero también de un valor increíble”, dijo la canciller, Angela Merkel.

Por su parte el presidente, Horst Köhler, destacó el papel de Müller como voz que “en sus escritos siempre se ha dirigido contra el olvido y ha defendido así el valor de la libertad”.

Köhler celebró que la concesión del galardón coincida con el año en el que “recordamos el final de las dictaduras en Europa”. Asimismo el vicecanciller y ministro de Exteriores saliente, Frank-Walter Steinmeier, destacó que Müller es un miembro de la minoría alemana asentada en Rumania, lo que refleja “los estrechos vínculos que existen entre ambas naciones”.

Y es además un símbolo de la “convivencia pacífica y la unidad de los pueblos de Europa”, añadió el ministro. Al igual que Köhler, también Steinmeier destacó su labor como escritora que en sus textos se ha dirigido contra la opresión, el terror y la dictadura.

Palabra bajo la dictadura

La escritora aseguró ayer que todo lo que ha escrito ha surgido de los 30 años que vivió bajo la dictadura de Nicolai Ceaucescu. “No sé si el premio tiene que ver con que se cumplan 20 años del fin del régimen comunista. Pero todo lo que he escrito tiene que ver con que tuve que vivir 30 años bajo una dictadura”, dijo Müller en conferencia de prensa al ser interrogada sobre el posible matiz político de la concesión del Nobel.

La escritora es una mujer pequeña que habla con un tono de voz algo fúnebre, como si acabara de ocurrir algo sumamente triste. Y su literatura sin duda tiene que ver con asuntos trágicos que, aunque sucedieron hace mucho tiempo, todavía la acompañan.

“Para la gente que ha vivido en las dictaduras las cosas no terminan cuando cambian los tiempos”, explicó Müller. Asimismo, recordó cómo dos años después de haber logrado dejar Rumania para trasladarse a Berlín, la dictadura de Ceaucescu fue derrocada y que eso la había alegrado mucho pero que no por eso el tema había quedado saldado. “Hay gente que murió como víctima de la dictadura, tuve amigos que murieron y la caída de la dictadura no los revivió”, dijo la escritora. Según ella, ese es el tema de todos sus libros y cree que “toda la literatura tiene que ver con las cosas que han hecho daño a las personas”.

Herta Müller apuntó que en 1987 —cuando llegó a Alemania— por primera vez en mucho tiempo tuvo la sensación de que podía respirar. Pero tuvo que esperar hasta 1989, cuando cayó el régimen rumano, para dejar de sentirse amenazada. Müller no teme que el Nobel le impida seguir escribiendo ni tampoco cree que vaya a influir sobre lo que escribe, porque no va “a escribir un libro sobre el Nobel”. Después de cada libro, y eso pasa ahora después de que ha salido al mercado su novela Atemschaukel, Müller reconoció tener durante un tiempo la sensación de que será el último y que ya no tiene nada más que decir.

La escritora sostuvo que el galardón no la hace ni mejor ni peor que antes y que seguirá siendo la misma persona, porque no va “a ejercer de Nobel las 24 horas del días” y que “seguramente” no pensará “en él cuando esté friendo huevos o pelando patatas”.

Por otro lado, la conferencia de prensa tuvo un final algo oficial con una breve intervención del ministro de Cultura alemán, Bernd Neumann, que le entregó un ramo de flores y señaló que ahora el nombre de Herta Müller se había sumado con justicia al de otros como Thomas Mann o Günter Grass.

Herta Müller lo escuchó, se encogió de hombros y le respondió con un melancólico “gracias”. La Nobel no parece una persona hecha para las ocasiones oficiales ni que con el premio parezca dispuesta a empezar a ejercer de estrella. “Me alegro del premio, pero lo que quiero es seguir escribiendo en la soledad”, concluyó.

Obras en español

El hombre es un gran faisán en el mundo (Siruela). Turbador retrato de la desintegración de una comunidad germánica asentada en una Rumania rural, atrapada en una atmósfera opresiva de insólita dureza. Müller esboza la historia de un pueblo y sus habitantes, reflejando su desesperanza cotidiana, sus conflictos, supersticiones y sueños en un relato transformado en poesía gracias a la viveza de sus imágenes, al ritmo y la modulación de su prosa.

En tierras bajas (Siruela). Quince relatos —localizados en su mayoría en un mundo rural inclemente, cerrado y opresivo— que recorren, tras la mirada viviseccionadora de una niña, escenas cotidianas en la vida de una pequeña comunidad de ascendencia suaba. El núcleo familiar, la muerte, los juegos infantiles, el sexo, la iglesia y la escuela, el baile, los animales y el huerto se van plasmando con una engañosa ingenuidad que convierte la realidad en brutal pesadilla.

México. Agencias